



Vuelvo en cinco minutos. Aquí les dejo con unos acordes alfabéticos directamente desde el pico del Gratal, en Huesca. Dos horas y media de ascensión y otras dos de descenso. Más que asesina hoy me siento carne de albóndiga, oiga.

EN BABIA
Si me pongo a pensar fenezco,
me muero a gajos, como una mandarina china.
Y se me seca la piel formando pliegues alpinos
y sudo en gris, muy lento, sin siquiera
mojar la camiseta.
Si recuerdo esto o lo de más allá
me hastío,
me entra una diarrea enciclopédica que me
encadena al sofá, junto a mi hermana Rosita que lee novelas
de romance chillón y suspira hasta quedarse sin vida.
Si hago memoria me aflojo
y los huesos se me destornillan de súbito,
dejándome despachurrado en el piso a
merced de nadie.
Si recapacito me hundo en un mar
profundo y sin nombre en el que sólo
surcan cáscaras de nueces capitaneadas por
mosquitos tropicales.
Si me pronuncio ensordezco.
Si me ordeno, me resisto.
Si me fastidio, acabo por aguantarme
a escondidas,
cojeando hasta la habitación que comparto con Rosita,
donde ya me aguardan sus suspiros de otro tiempo.
Si me lo propongo
me envenena el sueño.
Si me duermo, existo a medias.
Si lo pienso… Me hago columna jónica.


(Nuestra autora se encuentra de viaje en estos momentos y deja en suspenso por unos días el Diario de una asesina enana hasta su regreso. Sigan atentos a sus pantallas. Gracias)