Angélica Morales

Julio 23, 2008

El sueño del cocodrilo

Archivado en: relatos — angelicamorales @ 12:45 pm

“Cocodrilo”, obra de Ubé.

EL SUEÑO DEL COCODRILO

Le había repetido hasta la saciedad que lo amaba. En el sofá primero, al cobijo de la manta; después, enredados entre las sábanas, en un lecho azul e insensato; más tarde en la bañera, mientras buceaba hasta sus piernas sacando las nalgas a la superficie, como dos glaciares cuaternarios, eso pensó Ariel, de una firmeza enternecedora, sí señor. Entonces le asestó una palmada que la hundió en el agua. Allí el susto le hizo abrir la boca.

Le había repetido hasta la saciedad que lo amaba, incluso después de muerta, cuando tendida en el suelo sus labios dejaron escapar pompas de un jabón traicionero.

Julio 22, 2008

Desde la ventana

Archivado en: poesía — angelicamorales @ 5:40 pm

“Desde la ventana”. Ilustración de Ubé.

El señor Roberto huele a churros de domingo, con un ligero toque de azúcar

y camina regalando fogonazos de lavanda,

que arroja como si tal cosa mientras le arranca pasos al aire,

cortos y toreros.

Tiene la sonrisa cautiva, y los dientes muy blancos,

de mula recién parida.

De noche se perfuma de azahar, hasta que la madrugada le devuelve un aroma

a orín de taberna.

Las ciudades son cloacas que destilan esencias putrefactas, me digo.

Respiro hondo, dejando atrás al señor Roberto, entonces

me doy de bruces con Engracia, la modista,

que trae un toque de avena prendido al cabello.

Sus ojos son del color de la tormenta y tiene los carrillos encendidos,

al punto de ebullición, sobre todo los domingos,

cuando sale del cine de la mano de Antonio.

Entre sus palmas el sudor se convierte en tomillo,

ese que arranca en la era cuando se despiden muy juntos,

labio a labio los dos.

La tarde ha ido menguando y la oscuridad se cierne sobre nuestras cabezas.

Doña Francisca parece sostener una corona de alabastro,

pero al acercarme no es otra cosa que un sombrero,

nuevo y carísimo comprado en Barcelona.

Me saluda coqueta, su rostro es tan pálido,

como el de un cirio y se desprende de él cierto recuerdo a lilas marchitas,

lo mismo que si hubiese estado deshojando recuerdos entre los visillos.

Observo sus zapatitos de tacón en la lejanía,

al doblar la esquina comprendo que su arrogancia está contenida,

como mis ganas de correr hacia Tomás, el farero.

Acaba de meterse en un bar angosto,

de esos donde la desvergüenza se bebe a sorbos.

Estar con él es como atrapar el mar en un puño,

la única tempestad proviene de su cabellera hirsuta,

semejante a la de un neptuno de pacotilla.

Fuma en pipa dejando el aire impregnado de regaliz rancio,

Después, si ha bebido vino, eructa por lo bajini.

Estoy convencida de que sus labios son odres que fermentan desdichas.

Abandono la tasca y enfilo la cuesta.

Desde las ventanas me llega un olor a borraja y jamón,

pero el ruido lo engulle todo, de un bocado,

coches que golpean el silencio con ráfagas bailongas.

En su interior huele a podrido.

Tengo la nariz arrugada al regresar a casa,

en un intento por cerrarme a la vida.

Mi habitación es un campo a través donde crecen margaritas de quita y pon.

Sobre la mesilla descansa una rama de olivo.

Despierta la avidez en mí,

y olfateo más allá de mi ombligo, hasta alcanzar el origen del mundo.

Al día siguiente un olor familiar impregna el barrio.

Me asomo a la ventana con prisa.

Desde allí veo pasar el cortejo.

El señor Roberto es introducido en un coche fúnebre.

A churros de domingo con un ligero toque de azúcar,

me digo, a eso huele el fin.

Julio 18, 2008

Por si acaso

Archivado en: relatos — angelicamorales @ 10:20 am

“Rita”, obra de Ubé

Por si acaso.

Antonio estaba convencido de que cada día sería el último. Por si acaso se tomó una tacita de chocolate y unos bollos de crema. Por si acaso redactó una carta de despido. Por si acaso cogió el paraguas y se puso la gabardina blanca. Un hombre de su misma estatura pasó a su lado corriendo, lo empujó y pudo ver que aquel hombre llevaba una gabardina y un paraguas idéntico al suyo. Dos encapuchados dispararon desde un coche. Antonio cayó fulminado. Por si acaso, llegando a su altura, Pedro Soriano, alias “El Telefunken”, le dió el tiro de gracia.

Julio 16, 2008

Con la música a otra parte

Archivado en: General — angelicamorales @ 1:21 pm

Señores clientes:

No vayan a pensar ustedes que se libran de mí. Niet!

Seguiré amenizándoles con esas historias de antesdeayer, de hoy y de mañana noche; porque ya lo dijo aquel gran pensador, no sé cuándo ni en qué momento: “Si les gusta bien, y si no… pues ya veremos”. Retomaré en breve la pluma y me pondré perdida de ilusión y fantasía.

Pongo a Dios por testigo… Dios, dios…

Julio 15, 2008

Vacaciones asesinas

Archivado en: Asesina enana, relatos — angelicamorales @ 7:53 pm

La asesina enana está de vacaciones. No sabemos cuándo será su regreso, pero de momento Angélica Morales tiene otros proyectos y fechas pendientes (de un hilo) y hay que cumplir esos compromisos. En cuanto podamos regresaremos con la asesina más particular del mundo cibernético.

¿Quién dijo miedo?

Archivado en: General — angelicamorales @ 7:35 pm

(Colaboración de Angélica Morales en el Diario del Alto Aragón, 15 de julio de 2008)

De “El hombre-lobo de Huesca” me ha gustado todo, de la primera a la última línea; también el cepo de la portada que parece querer atrapar miedos, fantasmas y risotadas. El relato que da título al libro, “El hombre-lobo de Huesca”, oscila entre la comedia de situación y una de esas películas que tanto se prodigaban en Hollywood y que venían a parodiar la gran cantidad de cintas dedicadas a los monstruos clásicos, unas veces inmersos en el pánico y otras en el buen humor (viene a mi cabeza la película de Polanski “El baile de los vampiros”, como un despropósito encantador). En el caso de Joaquín Sánchez Vallés, el hecho de situar la historia en la capital oscense invita irremediablemente a la diversión. Es estupendo el momento en el que el protagonista, Lorenzo Benedé, después de una noche en la que ha creído sucumbir a la famosa maldición, despierta desnudo en pleno centro de la ciudad y debe regresar a casa con la vergüenza a cuestas. Aquellos que vivimos en Huesca sabemos lo que podría significar deambular desnudo y desorientado por los porches de Galicia, o enfilar el Coso tal y como tu madre te trajo al mundo. Y si a ese empecinamiento por querer convertirse en un hombre-lobo oscense, le añadimos la tensa relación con su esposa (una mujer insoportable y mandona, pero divertidísima), el relato cobra un aire de tragicomedia a la aragonesa con altas dosis de humor y de ironía. También es significativo el relato de “Nunca aprendimos danés”, escrito con un lenguaje directo y tajante, plagado de expresiones malsonantes y salpicado de tacos, muy acordes con el tema y los personajes elegidos, siendo éstos absolutamente veraces y reconocibles. Sin duda ésta es una de las mejores cualidades del autor, la capacidad de acercar al lector a las historias mediante unos personajes tan próximos que uno mismo podría verse retratado.

Sutileza y arrojo, poesía y naturalidad. Joaquín Sánchez Vallés combina el blanco y el negro y entre ambos despliega un arco iris de posibilidades. De su lectura uno nunca sale indemne, porque a pesar de la risa, Joaquín planta en nuestra cabeza la semilla de la conciencia. Es acertadísimo el relato de “El rinoceronte”, uno de mis favoritos, y con el que me siento plenamente identificada, tanto es así que ya he sufrido por parte de los susodichos un par de topetazos. ¡Ay de aquellos que no ven más allá de sus narices!

Relaciones imposibles, miedos que producen úlcera, deseos que acaban cumpliéndose a medias, frustraciones en su punto de sal, delirios urbanos y poesía popular, a veces descabellada (delicioso el último relato, “Caballos de Daroca”). En definitiva, cal y arena para los sentidos, motivo por el cual, “El hombre-lobo de Huesca” se convierte en lectura obligada para aquellos que todavía arrastren las cadenas del aburrimiento.

“El Hombre-Lobo de Huesca”, de Joaquín Sánchez Vallés. Editorial Certeza Colección Cantela, Zaragoza 2008 ISBN 978-84-92524-01-3.

Por Angélica MORALES

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