¿Quién dijo miedo?

(Colaboración de Angélica Morales en el Diario del Alto Aragón, 15 de julio de 2008)

De “El hombre-lobo de Huesca” me ha gustado todo, de la primera a la última línea; también el cepo de la portada que parece querer atrapar miedos, fantasmas y risotadas. El relato que da título al libro, “El hombre-lobo de Huesca”, oscila entre la comedia de situación y una de esas películas que tanto se prodigaban en Hollywood y que venían a parodiar la gran cantidad de cintas dedicadas a los monstruos clásicos, unas veces inmersos en el pánico y otras en el buen humor (viene a mi cabeza la película de Polanski “El baile de los vampiros”, como un despropósito encantador). En el caso de Joaquín Sánchez Vallés, el hecho de situar la historia en la capital oscense invita irremediablemente a la diversión. Es estupendo el momento en el que el protagonista, Lorenzo Benedé, después de una noche en la que ha creído sucumbir a la famosa maldición, despierta desnudo en pleno centro de la ciudad y debe regresar a casa con la vergüenza a cuestas. Aquellos que vivimos en Huesca sabemos lo que podría significar deambular desnudo y desorientado por los porches de Galicia, o enfilar el Coso tal y como tu madre te trajo al mundo. Y si a ese empecinamiento por querer convertirse en un hombre-lobo oscense, le añadimos la tensa relación con su esposa (una mujer insoportable y mandona, pero divertidísima), el relato cobra un aire de tragicomedia a la aragonesa con altas dosis de humor y de ironía. También es significativo el relato de “Nunca aprendimos danés”, escrito con un lenguaje directo y tajante, plagado de expresiones malsonantes y salpicado de tacos, muy acordes con el tema y los personajes elegidos, siendo éstos absolutamente veraces y reconocibles. Sin duda ésta es una de las mejores cualidades del autor, la capacidad de acercar al lector a las historias mediante unos personajes tan próximos que uno mismo podría verse retratado.

Sutileza y arrojo, poesía y naturalidad. Joaquín Sánchez Vallés combina el blanco y el negro y entre ambos despliega un arco iris de posibilidades. De su lectura uno nunca sale indemne, porque a pesar de la risa, Joaquín planta en nuestra cabeza la semilla de la conciencia. Es acertadísimo el relato de “El rinoceronte”, uno de mis favoritos, y con el que me siento plenamente identificada, tanto es así que ya he sufrido por parte de los susodichos un par de topetazos. ¡Ay de aquellos que no ven más allá de sus narices!

Relaciones imposibles, miedos que producen úlcera, deseos que acaban cumpliéndose a medias, frustraciones en su punto de sal, delirios urbanos y poesía popular, a veces descabellada (delicioso el último relato, “Caballos de Daroca”). En definitiva, cal y arena para los sentidos, motivo por el cual, “El hombre-lobo de Huesca” se convierte en lectura obligada para aquellos que todavía arrastren las cadenas del aburrimiento.

“El Hombre-Lobo de Huesca”, de Joaquín Sánchez Vallés. Editorial Certeza Colección Cantela, Zaragoza 2008 ISBN 978-84-92524-01-3.

Por Angélica MORALES

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