El dragón del lago

El dragón del lago, obra de Ubé.

EL DRAGÓN DEL LAGO

Angélica Morales

Aquella mañana la niebla lo cubría todo, el tejado de las casas, los cipreses de la iglesia e incluso el lago. Daba la sensación de que nada existiera excepto esa blancura densa, como si de pronto hubiese llegado al pueblo un dragón y al abrir sus fauces soplara de fastidio. El aliento de los dragones lo echa todo a perder, también las ventanas de la escuela, y el peinado de Paquita, la profe de mates.

—Vamos a ver niños, ¿cinco y diecisiete? —pregunta intentando divisar el horizonte a través de la niebla.

Nadie contesta, sólo Fermín hace un intento flojo por sumar en el aire.

Se escucha el murmullo de los niños al fondo, al lado del perchero, y sus narices pegadas al cristal escupen un aire caliente que de vez en cuando se mezcla con la niebla dándole el color del melocotón helado.

—¡Ha desaparecido el lago! —exclamo Tomás con los ojos como platos.

—¿Cinco y treinta y seis? —vuelve a preguntar la señorita Paquita.

Fermín abandona su pupitre y avanza hacia la ventana.

—Si ha desaparecido el lago no podremos bañarnos los domingos.

—Es verdad —dijo Tomás—. Ni mi madre hará esa tortilla de patata tan rica para comerla en la orilla.

Una niña rubia comenzó a lloriquear, era Susana, la hija del barquero.

—Y mi padre se quedará sin trabajo —se lamentó, la pobre.

Inmediatamente Fermín se propuso rescatar al lago del aliento del dragón.

—Lo primero que haremos será cerrar su boca.

—¿Y cómo se cierra la boca de un dragón imaginario?

—¿Cinco y setenta cuatro? —dice la profe de mates con un aburrimiento de raíz cuadrada.

—Seguidme.

Al pasar junto a ella, Fermín le dice:

—Setenta y nueve y medio.

Fuera el frío los hizo agruparse.

—¿Y cómo encontraremos al dragón?

—Él nos encontrará a nosotros.

Caminaron hasta el lago, en fila india, atentos a cualquier ruido extraño, sorteando ramas, charcos y hasta a una mujer pequeña, la señora Claudia, la lavandera.

—¡Malditos críos! —escupió alejándose con paso ligero.

Fermín miraba en derredor con los puños apretados, de pronto escuchó un bostezo. La niebla se hizo más densa, envolviéndolos a todos. Susana lloró más fuerte.

—Ahí está —dijo Fermín—, encima de aquel árbol.

Miraron los niños y no vieron nada, sólo una espesura antipática.

—No os quedéis ahí como pasmarotes. Trepad conmigo hasta el árbol y cerrémosle la boca al dragón.

Tomás se rascó la oreja.

—Aquí no hay nada.

El resto comenzó a protestar.

—Escuchadme bien, tenéis que abrir el corazón, sólo así podréis verlo.

Entonces, como si fuese magia, ante sus ojos apareció aquella criatura insolente. Treparon hasta su cabeza y aprovechando que dormía, cerraron de golpe su boca, hasta que el dragón mordió la rabia y desapareció llevándose con él aquel manto blanquecino.

En la escuela, Paquita, la profe de mates, les preguntó:

—¿Ciento veinte y tres décimas de cinco?

Los niños vieron asustados que de su nariz comenzaba a salir un aliento blanquecino que inmediatamente cubrió el tejado de las casas, los cipreses de la iglesia e incluso el lago.

Anuncios

2 pensamientos en “El dragón del lago

  1. Cordiales saludos: Mi nombre es Carlos González. He sido profesor de matemáticas y física en la enseñanza secundaria durante 24 cursos. Finalmente, al verme limitado en mi deseo de practicar una enseñanza basada en los nuevos paradigmas, decidí dejar el camino de la enseñanza oficial e iniciar uno nuevo, alternativo al sistema imperante.
    Durante años, he podido comprobar como mis alumnos adolescentes enterraban sus sueños hasta hacerlos invisibles. Su entorno les enseñaba que la “seguridad” era lo primero: estábamos creando víctimas. La rabia que sentía ante tal panorama la he trasmutado en creatividad, escribiendo un libro que narra cómo empoderar a los adolescentes:
    “Un maestro decide crear un ambiente mágico en su clase para empoderar a sus alumnos. Les ayuda a descubrir los enormes potenciales que habitan en su interior. Les revela un mundo más allá de la mente programada y de las creencias. Para llevar a cabo su proyecto el profesor emplea curiosos trucos…
    Los alumnos van resolviendo los enigmas, que el maestro propone de una forma singular. La clase es una creación de todos. El aprender se transforma en una aventura.
    Poco a poco, cada alumno se convierte en su propio maestro, en una fuente de conocimiento para él y sus compañeros. La vida se torna mágica: pueden vivirla desde su corazón, sin que las creencias les limiten “
    Su título es: “Veintitrés maestros, de corazón – un salto cuántico en la enseñanza-“. En él se plantea un modelo educativo que se basa en descubrir la fuerza interior.
    Hoy puede ser ciencia ficción…tal vez una semilla, pero si la nutrimos puede generar una forma totalmente nueva de enseñar, en la que el ser humano deja de sentirse víctima, para sentirse el creador de su propia vida.
    Creo que su sensibilidad va en la misma dirección que la mía. Por eso, me atrevo a enviale* mi libro en versión digital. He decidido regalarlo persona a persona o institución a institución. Necesita volar…hacia lugares en los que pueda ser bien acogido. Si lo lee le agradecería cualquier comentario. Todos los amantes de la lectura sabemos que bastan cinco minutos con un libro para saber si es de nuestro interés, sólo le pido ese tiempo. Siéntase libre de enviarlo a las personas o asociaciones a las que este libro pueda ayudar. Gracias por su presencia. Le deseo felices creaciones…
    Carlos González
    P.D Mi blog es: http://www.ladanzadelavida12.blogspot.com
    * El libro se puede descargar en mi blog

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s