El espejo de Teresa

save-me-now-webSave me now, obra de Ubé.

Teresa hacía años que no se encontraba. Rehusaba mirarse en los espejos porque siempre le devolvía una imagen que no era la suya. Aquella desconocida bebía té los domingos absorbiendo el líquido entre sus dientes que ya estaban amarillentos de tanto filtrar los posos; luego, arrojaba la taza sobre la mesa, con rapidez, como si de pronto la fina porcelana se hubiera transformado en brasas. No había transición en sus acciones; así, a una le seguía otra, y la desconocía reía sin motivo aparente, con carcajadas sonoras mientras se palmeaba el muslo y eructaba después por lo bajo, como pidiendo disculpas por su escandaloso comportamiento. Apenas se movía de su silla, de vez en cuando miraba por la ventana a la gente pasar y los saludaba con un silbido, igual que los pastores llaman al orden a sus ovejas. Nadie contestaba, miraban hacia arriba y no reconocían a la mujer que hacía aspavientos y se reía estrepitosamente. Esa no era Teresa, pensaban, aunque tenga su mismo aspecto. Al caer la noche, la desconocida abandonaba el cuerpo de Teresa, se desprendía de su carne sin hacer ruido y se fundía con el trajín de la calle, con el clamor del gentío, con los llantos de los niños y los gemidos de los amantes. Entonces Teresa se despertaba con la respiración agitada, buscando en la oscuridad a la desconocida que bebía té los domingos y eructaba por lo bajini. Se tranquilizó al darse cuenta de que de nuevo había sido víctima de una pesadilla. Se debió quedar dormida de madrugada justo en el momento en que anunciaban en la televisión un juego de té de porcelana china.

Una tarde de invierno salió a pasear por la avenida y se topó de frente con un inmenso espejo que portaban dos jóvenes. Alzó los ojos y se encontró con ella misma. La desconocida la saludó con la mano, después emitió dos sonoras carcajadas al tiempo que se palmeaba el muslo. Era casi una anciana, tenía los dientes amarillentos y le daba sorbitos a una taza de fina porcelana china.

Teresa movió la cabeza, la desconocida también. Teresa dio dos pasos, la desconocida tres. Se quedaron una frente a la otra largo rato, esperando a que el semáforo cambiara de color. Cuando estuvo en verde los jóvenes aceleraron el paso. La desconocida se cayó del espejo y el juego de porcelana china se hizo añicos en el asfalto.

Teresa la miró con compasión.

—Ya no saben qué inventar para obligarte a comprar juegos de té de porcelana china.

Y con el fragor de su risa se alejó por la avenida. Durante todo el trayecto no dejó de palmearse el muslo.

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6 pensamientos en “El espejo de Teresa

  1. Las ilustraciones que tienes de cada texto, ¿son tuyas? Me parecen muy originales y creativas.¿Qué hace una chica de Teruel en Huesca?. Ya veo que las mujeres barbudas te tienen secuestrada. Espero el jueves volver a atracar en tu estómago… y que te palmees el muslo

  2. Debería haberte llamado el domingo, pero se puso a llover y me emborraché de recuerdos y melancolía. Estupenda compañía la tuya para ir de estreno, la gente me miraba sólo porque iba de tu brazo, preguntaban: ¿quién es ese que va con Angélica? Encantado de haber compartido contigo palco nuevo de domingo en el Diario de Huesca. Tu fantasma coja me contó historias maravillosas, pero ya sabes que lo que a mí me gustaría sería beber champán en uno de tus zapatos de tacón.

  3. Uff … tras las palabras de Luis …
    ¡Pero qué ambientazo por aquí!
    Lo cierto es que me encuentro a punto de reblar, es tarde, vuelvo del trabajo, de los dos digo, cansado, sabiendo que mañana tengo al despertar no a una señora barbuda esperandome, o tal vez una enana asesina bajo la mesa de mi despacho, sino que me espera lo mismo, no tendré champán de Ainzón en un zapato de tacón, me espera la azada y el arado, para seguir labrando los campos de mi amada Tellerda, con el frío que baja por las laderas de Cotiella y sin dudarlo, decide helar mis manos desnudas que siguen a la mula en su tirar de los aperos … pero antes, decirle a la piel amelocotonada de Angélica que visité con seis manos a su amigo Ubé, gran tipo, excelente y personal trabajo, lo espié como me dijo desde una ventana, y no lo toqué, soy respetuoso y hombre de palabra. Que gran suerte tener a tal esclavo. Mi enhorabuena. A él, digo.
    La lumbre se apaga, Tellerda se oscurece.

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