El llanto de abril (y 3)

ube-soul-web1Ubé Soul, obra de Ubé.

La lluvia arrecia, es ahora bronca y tozuda.

“Todo pesa más con el agua”, me digo.

Agua sucia en las cloacas, en los váteres vecinos, en las pilas bautismales; agua en lengua de sapos, en la superficie de los ataúdes…

Si te rezo me pierdo.

Las manos son paraísos sin retorno donde habitan las dudas existenciales. Yo quisiera quedarme a vivir aquí, en tu habitación, y contemplar cada mañana ese póster de Madonna que tienes en la cabecera. Es fea, la hijaputa.

Tres golpecitos, ni más ni menos. El pomo de la puerta gira. Tengo la sensación de que su paciencia ha llegado al límite. En estos casos lo mejor es mantener la calma. Haremos como que no estamos. Sí, es una buena idea. Fingiremos ser nadie.

—Anda y que te zurzan, Antonio —tu madre tiene voz de cajera de supermercado. Su amabilidad está cautiva en un código de barras. Hoy se ha vestido de blanco riguroso.

—Para que se joda la pepa —ha dicho apretando los puños.

La muerte tiene nombre de furcia y trafica con el dolor en los rincones del hogar donde siempre hay ancianos paseando tristezas de una encía a otra. No hay bocadillos de anchoa con pepinillos, ni vino a granel. Aquí la espera se toma a palo seco, con la mirada perdida en los cuadros que pintaste en la adolescencia, cuando tenías granos en las mejillas y te producía vértigo el mañana. Bailábamos en la madrugada cogidas de la cintura, ¿verdad? como dos novias, de puntillas sobre las baldosas para no despertar a tus padres. Ya entonces te bebiste mi alma, de un sorbo, y me convertí de pronto en un desierto parlanchín que no cejaba de loar tu gloria.

Hace calor y sudo. En cambio tú estás helada, como una de esas pescadillas que sirven en los bares de carretera.

Bajo el albaricoquero se ha quedado Juan José. Luce una sonrisa estúpida e intermitente. No te enfades pero creo que Juan José es maricón. Lo noto en la forma que tiene de extender las palmas hacia arriba, es igualito a San Sebastián antes de recibir la lluvia de flechas. Me acaba de regalar un escorzo burdo, discotequero. Pobre Alicia, tendrá que arrojar su alianza a la fosa que va a darte sepultura. Los amores también se entierran, rica.

—Y si te he visto no me acuerdo.

Vuelves a equivocarte. La que ha pronunciado la sentencia no ha sido otra que la tía Conchita. Probablemente va dirigida al gato que a poco la descalabra. Es negro y gordo y se lame a cada rato, como si sobre su pelambrera se encontrara el mercadillo del jueves. Yo prefiero el viernes, es el padrastro de todas las fiestas que se avecinan. Me leías aquellos libros viejos al caer la tarde, después de regresar del instituto; precisamente aquí, en la misma silla que hoy me resulta tan antipática. Cruzabas las piernas con determinación y traspasabas la frontera de lo racional. Para ti la lectura siempre fue una celebración, una noche de farra en solitario al cobijo de una luz tenue y amiga. Prometo leerme todos los libros de historia que me prestaste y tener un comportamiento formal, de cariátide milenaria. Incluso creo que me está naciendo un corazón de piedra. Siento en el pecho la frialdad de una nevada moscovita. Bah, no padezcas; eso se soluciona con un lingotazo.

¿Pero dónde coño has guardado el coñac?

Da igual, no te preocupes, tendré que conformarme con rememorar su sabor de miércoles. El alcohol adormece la náusea de estar vivo. Intento mantener abiertos los ojos, pero los malditos se rebelan, parecen las persianas de un almacén en hora de cierre. Allá arriba, el sol comienza a hacerse el interesante. Hace unos minutos que está espantando la negrura, con su dedo de fuego. Todo lo abrasa el sol, esa estrella petulante que nos recuerda nuestra eterna insignificancia.

Los charcos se extienden en el patio como una alfombra oceánica. No tienen color, ni huelen a nada. Si acaso a desesperanza. Tu madre se acerca con paso prieto. Trae el rostro maquillado y la melena obscena. Seguro que se ha pasado un año delante del espejo, ensayando la sinvergüenzura. Las madres llegan a este mundo con la cabeza vuelta del revés, te lo digo yo, de otro modo no podrían soportar las desdichas.

Un aroma a café recién hecho se filtra a través de la ventana. La abuela Apolonia utilizaba un calcetín para colar los posos; me acuerdo de eso ahora, fíjate, y de su pañuelo blanco extendido sobre la cabeza al mediodía de un agosto más, y de su semblante sereno, y de su cabellera crespa, y de sus alpargatas rotas, y de sus jadeos al subir las escaleras y de la leche templada entre sus manos, y de su mirada azul e infinita… azul, azul…Todo recuerdo es azul.

¿Te has percatado alguna vez del cielo de Leuret? Es tan hermoso que mata.

Dos golpes suaves, con los nudillos, e inmediatamente un grito seco, de dictador cinematográfico. Mucho me temo que la puerta está dejando de ser un fuerte. No hay nadie que pueda sacarnos de este atolladero.

Si me rindo te pierdo.

Me sueno con un clínex y acaricio tus despojos. Pareces una ninfa disecada, puñetera y tiesa. Deja que registre mi cartera, anda, haber si encuentro alguna moneda con la que poder pagarte el pasaporte divino: Nada, ni un céntimo. Tendrás que cruzar el Styx por la cara. Dile a Caronte que haga la vista gorda, que vas de mi parte, que ya perdonarás, tío, pero no llevo suelto, sólo un billete de cinco que no pienso soltar. Es un cachondo este barquero, sí señor.

Tu madre ha empezado a ponerse nerviosa, la oigo decir tacos y arañar la puerta. Va a estropearse las uñas postizas, esas que compró hace una semana en la droguería de Paquita. Haz memoria, por favor, eran violetas y estaban salpicadas de purpurina. Eran unas uñas magníficas, del todo inapropiadas para una ocasión como ésta.

—Tranquilízate, chata.

No, no es tu padre el que le susurra cerca del cuello, rozando casi con sus labios la cadena de oro de la que pende su nombre. A éste no le conozco. Es un extraño, Tu madre se deja besar, por eso ya no escucho su rabia. Las mujeres de uñas imposibles siempre encuentran consuelo entre los brazos de un don nadie.

Desde el albaricoquero Juan José me hace un corte de mangas. Tiene aspecto de turista holandés. Nunca antes me había fijado en la desesperación que proyectan sus ojos. Me hubiera gustado verlo pasear por las calles de Leuret ciñendo la cintura de un maromo.

—¡Chitón!

Sí, ya va siendo hora de cerrar el pico. Pero antes de marcharme deja que beba un sorbito de agua, de esa que te atraviesa como sable imaginario, agua, martirio dulce, anís de una mona enloquecida.

Y déjate de gaitas, te lo digo yo.

Anuncios

5 pensamientos en “El llanto de abril (y 3)

  1. Me encanta tu modo de escribir, tan armado de sugerentes detalles, tan…Tan. Si yo fuera editor mañana estarías en mil librerías.
    Te confieso, honestamente, que empiezo a leerte y leo talento descriptivo, argumentativo y que sé yo qué más. Como suele decirse, tienes madera. Aunque quizás no sea yo el más indicado para decírtelo.

    Un abrazo
    Edu

    PD Colgué unos cuadros en el Blog (Por si quieres echar una mirada/ No pongo más que no parezca una treta publicitaria.

  2. Acabo de leer su columna del Diario del Altoaragón … pues sepa usted que dicen que soy un poco payaso, y que siempre llevo un circo a cuestas, y nunca en sepia, casi siempre en color y, las menos, en blanco y negro.

    Me alegró verla en papel.

  3. Rompo mi promesa.Aquí estoy, nunca he sido demasiado bueno con los propósitos. Y es que no puedo menos que celebrar este broche a esta excelente trilogía. Mucha prosa poética con algo de dramaturgia.Ahora lo entiendo, después de ver el vídeo. Narración cinco estrellas. Y un cariñico para el ilustrador. Volveré.Lo prometo.

  4. Todo pesa más con la lluvia, si te rezo me pierdo…
    Me ha encantaooo.
    Pues nada, chitón, me callo :))

    Las uñas postizas salpicadas de purpurina, jajajajaja, que mona ella, eh!

    Un beso y encantada de encontrar personas que tienen algo que decir y bueno, además.

    A estas horas me vuelvo un poco pelota,
    (es broma, es broma)

    😛

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s