En Babia

babia_web

(En Babia, obra de Ubé)

Si me pongo a pensar fenezco,

me muero a gajos, como una mandarina china.

Y se me seca la piel formando pliegues alpinos

y sudo en gris, muy lento, sin siquiera

mojar la camiseta.

Si recuerdo esto o lo de más allá

me hastío,

me entra una diarrea enciclopédica que me

encadena al sofá, junto a mi hermana Rosita que lee novelas

de romance chillón y suspira hasta quedarse sin vida.

Si hago memoria me aflojo

y los huesos se me destornillan de súbito,

dejándome despachurrada en el piso, a

merced de nadie.

Si recapacito me hundo en un mar

profundo y sin nombre en el que sólo

surcan cáscaras de nueces capitaneadas por

mosquitos tropicales.

Si me pronuncio ensordezco.

Si me ordeno, me resisto.

Si me fastidio, acabo por aguantarme,

a escondidas,

cojeando hasta la habitación que comparto con Rosita,

donde ya me aguardan sus suspiros de otro tiempo.

Si me lo propongo,

me envenena el sueño.

Si me duermo, existo a medias.

Si lo pienso… Me hago columna jónica.

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8 pensamientos en “En Babia

  1. Si me pregunta, escribiría maciza columna aragonesa, incluso, por su grandeza con las letras, columna conmemorativa. Aunque si lo pienso(Todavía conservo la costumbre)la imagino mejor de columnista que de columna.
    Y si me permite, aquí acabo de cabo a rabo.

    Un abrazo, si me despido.

    Su lector vertebrado.

    EDU si…..

  2. No es más que un pensamiento cazado al vuelo, un desdoblamiento de personalidad, la confesión dramática de una verdad oculta ¿No cree que a todos nos ha ocurrido en más de una ocasión? Los altibajos de esos locos artistas que detrás del telón son tan ordinarios y vulgares como el que más, como los pobres, los ricos, los listos, los tontos, etc. Sin embargo le confiaré que antes de contactar con ustedes estuve a un trís de abandonar, o de cambiar de traje, o de ir a la peluquería, como es costumbre en mí, no lo recuerdo bien. Disertaciones aparte, el diálogo de cualquier hipocondríaco en un bajón. Yo, tú, aquel, él, ella, etc. Tuve mis dudas antes de colgarlo, ahora sé que hice bien. Hay que mostrase valiente ante la humildad, los héroes sólo viven en nuestros deseos; creo creer.
    Su primo ¡¡¡Generoso Morales!!! de Tellerda, me ha hecho llegar su libro y estoy encantado, ya leí sobre su madre y sus zapatos mientras subía por la escalera. Curiosamente un revuelo de lagartijas apareció de súbito correteando vertiginosamente por las paredes del edificio.
    Un par de abrazos de su lector y amigo.
    EDU

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