Uva mordida

Uva mordida, obra de Ubé.

UVA MORDIDA

Angélica Morales

(Publicado en el Diario del Alto Aragón, domingo 25 de abril de 2010)

Cada primavera me siento romana, una de esas tipas que se calzan sandalias vertiginosas y llevan cola de caballo, pendientes prestados, túnica al gusto, cinturón de legionario y alguna que otra lágrima prendida en las pestañas. Me emocionan los tiempos pasados, esa sucesión histórica en un calendario que no deja de repetirse. Por eso las tardes de domingo, en vez de salir a la calle, doblar la esquina, adentrarme en el Rugaca y tomar unas cañas, me dejo caer en el sofá con desidia, lo mismo que si de un momento a otro fuera a venir Kirk Douglas a pedirme que me una a su particular rebelión de gladiadores; o quizá sea Anthony Queen quien se persone en mi salita para hacerme alguna barrabasada, como si no lo conociera. Por eso finjo no estar en casa mientras no dejan de encadenarse las conquistas cotidianas, que si ahora invaden el dormitorio tres cónsules hispanos, que si después un puñado de galos claudican frente al frigorífico sin dejar de dar buena cuenta del jamón de Teruel que atesoro en la repisa de la izquierda, que si Víctor Mature me roba tres túnicas del armario con una fe desmedida… Entonces, haciendo caso omiso de las visitas inoportunas, cojo un ramo de uvas y las muerdo, muy despacio, como si le estuviera hincando el diente a Peter Ustinov vestido de Nerón. Y antes de que arda Huesca, de puro aburrimiento, escucho una voz que dice así:

–Eh, pichurri, ¿te vienes a dar una vuelta en mi cuadriga nueva?

Soy incapaz de negarme a las proposiciones decentes y tontorronas de Charlton Heston, que hoy para más inri, ha confundido el papel y en lugar de faldita corta y espada al cinto, se ha personado con un barba espesa repleta de telarañas, igual que si acabara de llegar del monte Sinaí a la pata coja.

–Bajo en un periquete, darling –contesto desde el balcón.

A esas horas las aceras siempre están a rebosar de leones famélicos que pasean coso arriba y coso abajo un hambre milenario.

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4 pensamientos en “Uva mordida

  1. Admirada señora Morales:
    Estoy pensando seriamente en acudir al registro civil y solicitar un cambio de nombre. Ya se lo imagina, ¿verdad?, había pensado en Ángel. Así seríamos tres con nombres similares. Y la razón por la que solicitaría ese cambio, se la imagina ¿verdad?.
    En cualquier caso podríamos formar un dúo con paradeta en el mercado. Yo vocearía maravillas de su talento para la interpretación y su imaginación desbordante y usted podría intentar colocar a alguna viuda supermillonaria la mercancía averiada de mi literatura provinciana. Su glamour contra mis pantalones de pana.
    Saludos admirados.

  2. Aquí la dama plural, alada e invisible, también se une con su címbalo para cantar antiguas y modernas glorias romanas que aún adornan Huesca. Y me uno a Petronio Borrás, arbitrum elegantorum, a fin de alabar la elegancia glamurosa de su prosa. Saludos sertorianos.

  3. – Eh, pichurri, ¿te vienes a dar una vuelta en mi cuadriga nueva? –

    Es que es usted única e irrepetible. Le juro. Siempre encuentro golpes inesperados que me recuerdan de inmediato a quien estoy leyendo.
    De paso sea dicho, le informó que pronto colgaré por segunda vez un relato de serie Negra que antaño dediqué a una actriz con su nombre.

    Si existiera problema alguno dígamelo y cambiaré esa identidad.

    La sigo en respetuoso silencio.

    Ayudante del Verdugo en paro.
    Pichurri López.

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