El color de la sospecha (acto 1º)

El color de la sospecha (1), obra de Ubé.

EL COLOR DE LA SOSPECHA

PRIMER ACTO.

Adolfo y Natividad regresan de celebrar el cumpleaños de Peregrina. Han discutido por el camino. Natividad viene de muy mal humor. Cuando se abre el telón vemos un salón funcional , moderno. Todo está muy pulcro. El único elemento distorsionante de aquel orden es una bata de caballero tirada en el sofá y un cenicero con un par de colillas. Entra primero Natividad, que se desprende en escena del abrigo y la bufanda.

NATIVIDAD: ¡Seiscientos euros, Adolfo! ¡Nos acaban de robar seiscientos euros! (arroja el bolso y el abrigo al sofá; después se sienta, derrumbada). Y tú te quedas como si nada, mirando con cara de tonto como yo les daba la visa, diciéndoles el número secreto tranquilamente, con esa calma que tanto me consume, como si fueras un banquero concediendo un préstamo hipotecario. No, mucho peor, los banqueros se aseguran antes de que podrás devolverlo, en cambio con estos cabrones no vas a volver a ver los seiscientos euros en la vida. Seiscientos euros que se dice pronto. Seiscientas hostias te hubiera dado yo de no ser por que estaba a punto de que me bajara la tensión.

(Adolfo desprendiéndose también del abrigo)

ADOLFO: No dramatices mujer. Piensa que es como si nos hubieran puesto una multa de tráfico.

NATIVIDAD: Una multa por idiotas, eso es lo que nos tenían que haber puesto. Si ya te lo he dicho yo, coge el coche Adolfo, que luego venimos a las tantas, mira que nuestro barrio a partir de las doce se transforma en el Bronx, que no hay más que dos farolas y apedreadas, que si nos pasa cualquier cosa no nos ayuda ni dios… Y tú no, cabezón; que si hay que hacer ejercicio, que el restaurante está aquí al lado. Excusas, todo por llevarme la contraria, que te conozco.

ADOLFO: Hemos ido andando otras veces y nunca ha pasado nada.

NATIVIDAD: Pero las cosas pasan Adolfo, de repente, sin anunciarse.

ADOLFO: Bueno pues te haces a la idea de que nos hemos ido de viaje al extranjero.

NATIVIDAD: Mucho viajas tú con seiscientos euros. Con eso no nos llega ni para ir a Benidorm un fin de semana.

(Adolfo se sirve una copa. Mientras, Natividad ha reparado en el cenicero con las colillas)

NATIVIDAD: ¿Y estas colillas? Si tú no fumas.

ADOLFO: (tranquilamente) Han venido Paco y Adela esta tarde. Se han invitado a tomar café.

NATIVIDAD: ¡Qué cara más dura tienen la gente! Si hubiera estado yo no se habrían atrevido. Saben perfectamente que no los aguanto. (Coge una colilla y la examina) Son las dos de mujer.

ADOLFO: ¿Cómo dices?

NATIVIDAD: Que los dos cigarros se los ha fumado una mujer. (Reflexiona) Es extraño, Adela nunca se pinta los labios de rojo.

ADOLFO: (Acercándose) No es rojo, es rosa fuerte. Más bien fucsia (dice sin mirarlos)

NATIVIDAD: Rojo o fucsia, Adela nunca se pinta los labios. ¿Estás seguro de que era Adela?

ADOLFO: ¿Y quién va a ser si no?

NATIVIDAD: No sé, yo no estaba aquí. (Deja el cenicero. Se percata del batín en el sofá) ¿Y este batín? ¿Por qué lo has dejado aquí tirado? Te tengo dicho que recojas tus cosas. Sabes que no me gusta ir detrás de ti, como una criada. ¿Ves algo mío por el medio?

ADOLFO: Ahora está tu abrigo tirado en el sofá.

NATIVIDAD: Eso es porque acabo de llegar, pero cuando me he ido esta tarde, lo he dejado todo ordenado. Odio las colillas en el cenicero, Y los batines fuera del armario.

ADOLFO: La próxima vez lo guardaré.

NATIVIDAD: ¿Guardarás las colillas en el cenicero y tirarás el batín a la basura?

ADOLFO: Sabes perfectamente lo que he querido decir.

NATIVIDAD: En este momento no entiendo nada, nada excepto que me han robado seiscientos euros.

ADOLFO: Querrás decir nos han robado… Y hablando de robos, lo del restaurante también ha sido un robo.

NATIVIDAD: No me lo recuerdes Sólo de pensarlo me dan ganas de vomitar el cuscús y el cordero con cilandro

ADOLFO: Tu madre siempre hace lo mismo.

NATIVIDAD: Mi madre es una pobre enferma. Hay que comprenderla.

ADOLFO: Enferma o no todos los meses nos da un sablazo.

NATIVIDAD: Hubiera querido que se me tragara la tierra.

ADOLFO: Pues has disimulado muy bien.

NATIVIDAD: ¿Y qué otra opción tenía? No íbamos a quedarnos allí eternamente. Mi madre no tiene conocimiento Adolfo, todavía no se maneja bien con los euros.

ADOLFO: Ya. Lo que le pasa a tu madre es que es muy lista.

NATIVIDAD: ¿Pero cómo te atreves a insultar a mi madre? Estás desviando el tema Adolfo, y lo estás haciendo a propósito.

ADOLFO: No, Nati, estoy hablando de un hecho.

NATIVIDAD: (Irguiéndose en el sofá) ¿Ah sí? Entérate de una vez, ciento veinte euros no son nada comparados con seiscientos. Y del robo de los seiscientos has sido tú el único culpable.

ADOLFO: (Se echa a reír) Claro y del hambre en el tercer mundo, y de la subida de la gasolina y de…

NATIVIDAD: (Lo interrumpe) ¡Basta Adolfo! No me pongas más nerviosa de lo que estoy. Necesito tranquilizarme. (se acerca a su marido y le coge la copa) ¿Qué estás bebiendo?

ADOLFO: Orujo

NATIVIDAD: ¿seco?

ADOLFO: sequísimo.

NATIVIDAD: (Mimosa) Ponme uno anda.

(Adolfo se levanta y sirve otra copa)

NATIVIDAD: No me negarás que el restaurante era muy exótico.

ADOLFO: (Regresando y entregándole la copa) Mucho. Tanto como las camareras.

NATIVIDAD: (Poniéndose en tensión) Así que te has fijado en las camareras.

ADOLFO: Ninguna era exótica ni de lejos.

NATIVIDAD: ¿Y a ti te gustan las mujeres exóticas?

ADOLFO: No me he fijado en ellas de esa manera.

NATIVIDAD: ¿No? Pues ya me dirás el interés que tiene ver cómo sirven una mesa. Yo sí me he fijado en una, en la morena, la que llevaba el pelo suelto.

ADOLFO: Había muchas morenas con el pelo suelto. En realidad todas llevaban el pelo suelto.

NATIVIDAD: ¿Ves como te has fijado? Si no te hubieras fijado en ningún detalle no habrías reparado en que todas tenían el pelo suelto.

ADOLFO: No empieces, Nati.

NATIVIDAD: A la que yo me refiero es a la de la flor roja.

ADOLFO: ¿La de la flor roja?

NATIVIDAD: Sí. Llevaba una flor roja prendida en el pelo, en el lado izquierdo.

ADOLFO: Ah. La señorita Paula.

NATIVIDAD: ¿La señorita Paula? Sí, justamente ahora lo recuerdo. Te gustaba la señorita Paula.

ADOLFO: Nati, por Dios, es una camarera.

NATIVIDAD: Una camarera cuyo nombre yo ignoraba. ¿Y por qué ignoraba el nombre? Sencillamente porque no le he prestado ninguna atención.

ADOLFO: Creo que se te ha subido el vino a la cabeza.

NATIVIDAD: Yo me he tomado dos copas. La botella os la habéis acabado entre mi madre y tú.

ADOLFO: Lo mejor del menú, el vino.

NATIVIDAD: Ciento veinte euros menos no nos arruinarán.

ADOLFO: Si a eso le sumas seiscientos.

NATIVIDAD. Los seiscientos no estaban previstos, Adolfo.

ADOLFO: ¿y los ciento veinte sí?

NATIVIDAD: Ya sabes lo espléndida que es mi madre. Invitarnos a buenos restaurantes significa que nos tiene aprecio.

ADOLFO: Debería comprobar el saldo de su tarjeta antes de ser tan amable.

NATIVIDAD. Dejemos el tema, Adolfo. No tenía saldo y punto. Un error lo puede cometer cualquiera. He preferido pagar la cuenta a tener que estar esperando como dos pasmarotes a que ella regresara de hacer una tourné por los bancos de la barriada. Además tú sabías tan bien como yo que no le iban a dar un duro en ninguno.

ADOLFO: Tema zanjado (se inclina para coger el cenicero)

NATIVIDAD: Espera, no te lo lleves (Vuelve a revisar las colillas). Es muy raro que Adela se haya pintado precisamente esta tarde los labios de rojo.

ADOLFO: Fucsia.

NATIVIDAD: Fucsia. Fucsia–rojo. O rojo fucsia (las examina con detenimiento)

ADOLFO: Deja las colillas de una vez.

NATIVIDAD: Es que no me imagino a Adela con los labios de color… fucsia.

ADOLFO: (queriendo llevarse el cenicero) Irían al teatro.

NATIVIDAD: ¿Al teatro? Pero si a Adela le aburre el teatro.

ADOLFO: O a cenar, o a visitar a otros amigos… O yo qué sé, Nati. Deja de darle vueltas a la cabeza.

NATIVIDAD: (Le entrega con reticencia el cenicero, después coge el batín) ¿Y los has recibido con bata? Tú sólo llevas bata por las mañanas, cuando te levantas de la cama.

ADOLFO: Esta tarde me he puesto la bata porque tenía frío.

NATIVIDAD: ¿Frío? Si siempre te estás quejando de que tenemos la calefacción al máximo.

ADOLFO: (Enfadado) Dame la bata, anda. Hay que ver lo sensible que estás esta noche.

NATIVIDAD: (regresando a su drama). Es que nos han robado, Adolfo. ¡Seiscientos euros!

ADOLFO: ¿Y qué quieres que haga? ¿Me pego un tiro?

NATIVIDAD: No, eso no. Perdóname Adolfo, me he puesto tonta, lo sé. Me tiene que bajar la regla y ya sabes como me pongo cuando me baja la regla…

(Adolfo se aleja con el batín)

NATIVIDAD: ¿Adónde vas?

ADOLFO: A meter el dichoso batín en el armario.

(Sale de escena. Natividad se queda mirando las colillas. Duda un momento después coge una colilla y se las guarda en el bolso. Cuando regresa Adolfo, éste coge el cenicero y vuelve a desaparecer)

NATIVIDAD: ¿Crees que debería llamar a mi madre?

ADOLFO: (Regresando y sirviéndose otra copa) ¿Para qué?

NATIVIDAD: Para decirle que nos han atracado.

ADOLFO: Haz lo que quieras.

NATIVIDAD: (Se acerca a Adolfo mimosa) Yo quiero lo que tú quieras. (Comienza a besarlo)

ADOLFO: (Apartándose). No estoy de humor, Nati.

NATIVIDAD: ¿Y qué tengo que hacer para que estés de humor, dejarme el pelo suelto, prenderme una flor en el lado izquierdo y servir mesas en un restaurante hindú?

ADOLFO: (La mira asombrado). ¿Y qué tal si te estás quietecita y nos vamos a la cama?

NATIVIDAD: (alegrándose nuevamente). Sí, vamos a la cama. ¿A qué no sabes de qué color es mi ropa interior?

ADOLFO: Negra.

NATIVIDAD: (Se ríe). No, tonto; es de color champán. (Vuelve a besarlo)

ADOLFO: Esta noche no, Nati, estoy cansado.

NATIVIDAD: (Desencantada). Claro, ha sido una noche muy dura. Dos atracos en menos de tres horas.

ADOLFO: ¿Otra vez?

NATIVIDAD; ¿A ti que más te da? No has dicho que estabas cansado, pues vete a dormir. Yo me voy a quedar un rato viendo la tele.

ADOLFO: (Deja la copa). Bien, entonces buenas noches.

NATIVIDAD: Buenas noches.

(Cuando se queda sola revisa nuevamente la colilla, después se sirve otro orujo regresa al sillón. Mira el teléfono, duda un instante, pega un sorbo, otro sorbo. Al final se decide a llamar a su madre)

NATIVIDAD: ¿Mamá? ¿Dónde estás que se oye tanto ruido? ¿En el bingo? ¿Y de dónde has sacado el dinero para ir al bingo? Te recuerdo que no tenías saldo en la tarjeta. Ahhh, bueno si te lo ha prestado Antonia… Pero no te endeudes demasiado mamá, que te conozco. ¿Qué ya has cantado dos bingos? ¡Qué suerte tienes! ¿Y de cuánto? ¡Seiscientos euros! ¡Qué barbaridad! Lo bien que me vendrían ahora a mí esos seiscientos euros. No, no te llamo por lo de la cena. Eso está olvidado, mamá… Que no, que no me importa haberla pagado. A Adolfo tampoco, mamá. Ya lo conoces es muy poco expresivo, siempre tiene la misma cara…Sí ya sé que a veces resulta antipático pero es así con todo el mundo, no te lo tomes a la tremenda. ¿Qué te ha sentado mal la cena? No me extraña, mamá. Es que comes muy deprisa, no masticas. Además has abusado de la salsa picante. Ya sé que la mayoría de salsas eran picantes pero yo me refiero a la de soja esa que picaba como un demonio. Natural, como que te acaban de extirpar la vesícula, mamá. Ahora ya no puedes hacer tantos excesos con las comidas. Mamá ¿me escuchas? Te oigo fatal, quieres hacer el favor de hacerme caso y dejar un momento el cartoncito. Me importa un bledo que estés a punto de cantar línea. Mamá, mamá, escúchame. ¿Qué dice Antonia? No, yo no quiero hablar con Antonia, quiero hablar contigo. ¿Qué por qué te llamo a estas horas? Pues porque estoy muy nerviosa mamá y necesito desahogarme. No, Adolfo está durmiendo. Que no. Estoy bien, sólo un poco histérica. ¿Pero por qué habría de reñir con Adolfo? No mamá, no quieras ser el centro de atención siempre. Yo no riño con nadie por tu culpa. Qué pesadita te pones. Lo que pasa es que nos han atracado viniendo a casa. No, no me han violado, ¡Hay que ver qué manía tienes con las violaciones! Tampoco estoy herida, estoy jodida mamá. Como lo oyes, jodidísima. Como no voy a decir tacos, me salen sapos y culebras por la boca. Y el cuscús me repite. Pues mira ya somos dos. ¿No quieres saber cuánto nos han robado? Seiscientos euros…Y porque la visa no tenía fondo que si no… Ya sé que tú acabas de ganar seiscientos euros, por eso te he dicho antes que a mí me vendrían como anillo al dedo. ¿Qué si te estoy pidiendo dinero? No, te estoy diciendo lo que me ha pasado, mamá. Si me parece muy bien que metas los seiscientos euros del bingo en la cartilla y que le pagues a Antonia. Yo no te estoy diciendo que me los des. Oye, no, eso si que no. No soy una chantajista. ¿Pero cómo piensas que te iba a llamar porque sabía que acababas de ganar seiscientos euros? Mamá, por Dios, que no tengo poderes paranormales. Que yo no tenía ni idea de que te hubieras ido al bingo. ¿Por qué gritas? Mamá… Ah que has cantado línea. Coño, unas tanto y otras tan poco. Me alegro por ti, pero yo me he quedado a cero en la cartilla y mañana nos pasan la hipoteca del piso. Que no quiero tus seiscientos euros. ¿Sabes lo que te digo? Que para ser mi madre eres muy egoísta. Las madres se desviven por sus hijos y a ti lo único que te preocupa es que no te quite los dichosos seiscientos euros. Claro que estoy enfadada. Pues mira el mes que viene no te molestes en invitarnos a cenar, porque no estoy dispuesta a que me vuelvas a dar el sablazo. Sí, eso es lo que piensa Adolfo, para que te enteres, y te metes los seiscientos euros dónde te quepan… (Cuelga furiosa).

(Se queda pensativa un momento. Luego regresa a la colilla, vuelve a observarla con detenimiento)

NATIVIDAD: Y encima la colillita. (Dice dejándola encima de la mesa). Me voy a volver loca. Cada vez me parezco más a mi madre. ¡Adolfo! (llama en voz alta) Adolfo, ¿te has metido ya en la cama? Ven date prisa (mientras espera pasea nerviosamente)

(Adolfo aparece en pijama)

ADOLFO: ¿Qué pasa ahora?

NATIVIDAD: Estabas dormido (le reprocha)

ADOLFO: Empezaba a dormirme, sí.

NATIVIDAD: No sé como puedes pegar ojo después de lo que nos ha pasado.

ADOLFO. Pues porque de las cosas que no tienen remedio uno no debe preocuparse.

NATIVIDAD: Sí que tienen remedio, Adolfo.

ADOLFO: ¿Ah sí? ¿Vas a salir a la calle a atracar a otra pareja? ¿Vas a convertirte en justiciera? Natividad Mollá, la justiciera del Grao.

NATIVIDAD: No te burles, Adolfo. He estado hablando con mi madre.

ADOLFO: ¿A estas horas?

NATIVIDAD. Sí. No todos los días le roban a una seiscientos euros.

ADOLFO: ¡Qué perra has cogido con los seiscientos euros! Ni que fueras la única persona del mundo a quien han robado. Hay gente que les roban incluso los órganos y no se quejan tanto.

NATIVIDAD: (Horrorizada) ¿Los órganos? No me hables de esas cosas, Adolfo; lo que me faltaba es que además de los seiscientos euros me hubieran quitado un órgano vital. Sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta. Aunque podían haberlo hecho. Quién sabe si lo que pretendían era llevarse un órgano. A lo mejor no les ha dado tiempo a sacar la navaja del bolsillo y hurgar en nuestras tripas. Tal vez les habían quitado un órgano a los que venían delante porque no tenían un duro en la visa y a nosotros nos han birlado los seiscientos euros.

ADOLFO: (Desesperado) ¿Para decir semejante tontería me has sacado de la cama? Hace un momento los atracadores, que eran dos niñatos, no llevaban ni navaja ni porras en vinagre y ahora además de ladrones eran, según tu nueva teoría, traficantes de órganos.

NATIVIDAD: Lo de los órganos ha sido idea tuya. A mí ni se me había ocurrido. Esa es mi madre, la culpa de que me comporte así la tiene mi madre, me hace perder la cabeza.

ADOLFO: (Haciendo ademán de irse) Pues cuando la recuperes, me llamas. Me voy a dormir.

NATIVIDAD: No, espera. Todavía no te he contado lo de mi madre.

ADOLFO: (Sentándose con apatía en el sillón). Y ahora qué le pasa a tu madre.

NATIVIDAD: Nada grave, en realidad está estupendamente. En el bingo, con Antonia, la viuda del tercero.

ADOLFO: ¿y de dónde ha sacado el dinero para irse al bingo?

NATIVIDAD: Eso mismo le he preguntado yo, pero con calma, que ya sabes que mi madre se lo toma todo a pecho. “El dinero, Nati, me lo ha prestado Antonia”, me ha dicho y después me ha refregado por las narices que acababa de cantar dos bingos.

ADOLFO: (Recuperándose). Joder con tu madre.

NATIVIDAD. Pero no dos bingos cualquiera. En total se ha llevado la bonita cantidad de seiscientos euros.

ADOLFO: Oye ¿tu madre no estaría compinchada con los atracadores?

NATIVIDAD: No digas eso, Adolfo. Lo que pasa es que mi madre siempre ha sido muy afortunada en el juego. En amores no, pero eso no viene al caso. La cuestión es que le he comentado de refilón lo del atraco, y le he dicho la verdad, Adolfo, que los seiscientos euros del bingo nos vendrían divinamente para pagar la hipoteca. ¿Y sabes lo que me ha contestado? Que la estaba chantajeando. Chantajear yo a mi propia madre, lo que me faltaba para los nervios. Así que le he dicho que se metiera los seiscientos euros en el culo y le he colgado el teléfono.

ADOLFO: Has hecho bien.

NATIVIDAD. ¿Cómo que he hecho bien? He hecho lo peor, Adolfo, porque ahora lo que yo quiero son los seiscientos euros. Que para eso tengo que pagar todos los meses una cena de ciento veinte y atiborrarme a cuscús y a cordero con cilandro, que me sienta fatal.

ADOLFO: Pues mañana, le pides los seiscientos euros y asunto arreglado.

NATIVIDAD: ¿Mañana? Si me espero a mañana se lo gasta en cartones, que la conozco Adolfo, que de la misma manera que gana seiscientos euros los pierde. Y más con Antonia. No te olvides de que Antonia es ludópata. Y después del bingo vienen las máquinas tragaperras.

ADOLFO: No sé qué decirte. Yo con tu madre no tengo mucho trato.

NATIVIDAD: Ahí es donde quiero llegar a parar. Porque si hubieras sido más amable, no lo digo por esta noche, lo digo por todas las noches, si mi madre viera en ti un hombre simpático, cariñoso, un yerno atento y comprensivo…

ADOLFO: ¿Eso es lo que piensa tu madre de mí, que soy un antipático?

NATIVIDAD: Sí, no quería ser brusca, pero sí. Te tiene manía, Adolfo.

ADOLFO: ¿Ah sí? Pues me alegro, yo también le tengo manía. (Se levanta) Buenas noches, Nati.

NATIVIDAD: (Le agarra y lo vuelve a sentar) Que no te vayas. Tenemos que hacer algo. Idear un plan.

ADOLFO: Nati, es la una y media de la mañana. Mañana tengo que levantarme a las siete.

NATIVIDAD: Precisamente por eso. Tenemos que dejarlo todo arreglado para mañana.

ADOLFO: Estás loca, como una regadera.

NATIVIDAD: (Se acerca al teléfono) Anda, llámala. Pídele los seiscientos euros, pero con amabilidad.

ADOLFO: (Coge el teléfono malhumorado y marca el número del móvil de Peregrina) No contesta.

NATIVIDAD: Es que en el bingo siempre hay mucho alboroto y como está un poco sorda. Inténtalo otra vez.

ADOLFO: Ahora comunica.

(De pronto llaman a la puerta)

NATIVIDAD: Están llamando.

ADOLFO: (Volviendo a marcar) Sí, estoy llamando yo.

NATIVIDAD: No, digo que llaman a la puerta. ¿Serán los atracadores?

ADOLFO: ¿Cómo van a ser los atracadores?

NATIVIDAD: Igual se han fijado en la dirección, la han memorizado y vienen a que les demos más dinero o las joyas. ¿Pero qué joyas? No tengo joyas, bueno sí, la gargantilla de oro que me regalaste para mi cumpleaños, y los pendientes con brillantes. (Se toca las orejas) Claro, vienen a por los pendientes. Pensaba que no se habrían dado cuenta, pero estos delincuentes se fijan en todo, disimulan, pero luego hacen memoria y vienen a tu domicilio a la una y media de la madrugada a que les des los pendientes con brillantes.

(Vuelven a llamar a la puerta)

ADOLFO: Si fueran ellos, no llamarían a la puerta ¿no te parece?

NATIVIDAD: Eso sí. (Se levanta temerosa, avanza hacia la puerta) ¿Quién es?

PEREGRINA: (Desde fuera) Soy yo, Peregrina.

NATIVIDAD: (A Adolfo) Es mi madre (abre la puerta) ¿Qué haces aquí, mamá?

PEREGRINA: Como me has colgado el teléfono, me he dicho, a la Nati le pasa algo. Buenas noches, Adolfo.

ADOLFO: Hola, Peregrina.

NATIVIDAD: Precisamente estábamos hablando de ti en este momento.

PEREGRINA: Es que os estaba nombrado, bueno me estaba acordando de la madre que te parió, hija, que no es otra que yo misma. Dios quiera que el día que os vuelva a visitar coja un taxi. Menudo susto me acabo de llevar. Con lo bien que estaba yo en el bingo.

NATIVIDAD: ¿Qué ha pasado?

PEREGRINA: Me acaban de atracar unos niñatos.

NATIVIDAD: (dramática) No me digas más, te han robado los seiscientos euros.

PEREGRINA: No, me han robado los pendientes de brillantitos, y el caso es que casi no se ven. Tienen un ojo.

NATIVIDAD: (a Adolfo) ¿Ves iban a por los pendientes? Pero ¿y los seiscientos euros, los que has ganado en el bingo? ¿Todavía los tienes o te los has gastado? ¿Dónde están? (comienza a registrarle) ¿dónde las has metido, mamá? ¡Enséñamelas!

PEREGRINA: Deja de toquetearme, Nati. Los tengo en el sujetador. Es mi mejor escondite. (Los saca). ¿Quién va a meterle mano a una anciana?

ADOLFO: A mí no se me ocurriría.

NATIVIDAD: Adolfo ¡por favor! Me alegro de que no te las hayan robado. Nosotros no hemos tenido tanta suerte. Eso sí, los pendientes no me los han quitado.

PEREGRINA: Habrá que poner una denuncia.

NATIVIDAD: Pues es verdad. Adolfo, llama a la policía y denúncialos. No hemos llamado antes por la impresión. (Le dice a su madre). Mamá, seiscientos euros… (Coge el dinero de su madre) Y todo esto por un cartoncito.

PEREGRINA: Dos cartones. A tres euros cada uno.

NATIVIDAD: Fíjate. Yo nunca he jugado al bingo. Bueno lo mismo da que jugara o no, pierdo siempre. Incluso en el parchís. Y dime mamá. ¿Por qué te has molestado en venir a darme los seiscientos euros, mujer? Podías haber llamado por teléfono y mañana las hubiera ido a recoger yo. Pero en fin, ya que estás aquí…

PEREGRINA: (Quitándole los seiscientos euros). Yo no he venido a darte nada.

NATIVIDAD: (Desilusionada) ¿Ah no? ¿Y entonces a qué has venido?

PEREGRINA: Ya sabes que a mi los misterios me apasionan. Y en cuanto me has contado lo del robo, he dejado a la Antonia con los tres cartones que acababa de comprar y me he venido a investigar el caso.

NATIVIDAD: ¿Qué caso?

PEREGRINA: El tuyo, naturalmente. Lo malo ha sido que mi curiosidad me ha llevado a meterme en la mismísima boca del lobo.

NATIVIDAD: (Fuera de sí) O sea, que investigando mi atraco, te han atracado a ti.

PEREGRINA: Eso mismo. Debe ser una banda organizada.

ADOLFO: Son dos críos de aquí del barrio que ya han atracado a la mitad de la escalera.

NATIVIDAD: Esa información me la has ocultado, Adolfo. ¿Y cómo sabiendo que rondaban el barrio has sido capaz de no coger el coche y decir que viniéramos andando?

ADOLFO: No creía que nos fueran a atracar. Demasiada coincidencia.

PEREGRINA: Las coincidencias no existen, Adolfo.

NATIVIDAD: Espero que la policía los detenga y nos devuelvan los seiscientos euros.

ADOLFO: (Pesimista) No creo que les echen el guante. No son tontos.

PEREGRINA: Eso, no son tontos; después de llevarse mis pendientes han salido corriendo con rumbo desconocido.

ADOLFO: No querrá usted que le manden una carta.

NATIVIDAD: Adolfo, por Dios, no empieces que bastante tengo con lo que tengo. (Poniéndose tensa) Eso te pasa por andar sola a estas horas de la noche, mamá. Te lo he dicho cien veces: para venir a casa coge un taxi, y tú no, cabezona. Y ahora te has quedado sin pendientes y yo sin mis seiscientos euros. (Le coge los seiscientos euros)

PEREGRINA: Nati, devuélveme inmediatamente mi dinero.

NATIVIDAD: No me da la gana, ahora son míos.

ADOLFO: Te comportas como una demente. Dale los seiscientos euros.

NATIVIDAD: ¿Seiscientos euros? Yo no he visto seiscientos euros. Se los habrán robado.

PEREGRINA: Claro, me las acabas de quitar tú. Ladrona.

NATIVIDAD: Adolfo, mi madre me está insultando.

ADOLFO: Venga, déjate de jueguecitos Nati, es la una… (Rectifica mirando el reloj) no, son las dos menos cuarto y mañana… No, mañana no, hoy tengo que levantarme a las siete.

NATIVIDAD: (arrojándole a su madre el dinero). Toma y que te aprovechen.

ADOLFO: Bueno, yo me voy a dormir. Ya os apañaréis vosotras.

(Peregrina coge el dinero)

NATIVIDAD: No eres nada generosa, mamá.

PEREGRINA: Con los tiempos que corren una tiene que tener sus ahorros.

NATIVIDAD: Pero qué ahorros ni qué gaitas… Si te los has encontrado de chiripa.

PEREGRINA: La suerte también cuenta.

NATIVIDAD: Anda mamá, dame los seiscientos euros.

PEREGRINA: Que no, que son mías, y ya casi las tengo apalabradas.

NATIVIDAD: ¿Apalabradas con quién? ¿Tanto le debes a Antonia?

PEREGRINA: No, me voy a hacer un lifting.

NATIVIDAD: ¿un lifting a tu edad?

PEREGRINA: Sí, ¿qué pasa?

NATIVIDAD: Que me da risa, a tu edad la cirugía no arregla nada.

PEREGRINA: Me arregla la conciencia y el saber que estaré mucho mejor que Antonia, que tiene diez años menos.

NATIVIDAD: ¿Prefieres gastarte los seiscientos euros en un lifting a dármelos a mí para pagar la hipoteca?

PEREGRINA: Naturalmente, la hipoteca es una deuda de por vida hija, en cambio esto es una oportunidad pasajera que sólo se presenta una vez en la vida.

NATIVIDAD: Lo que tengo que aguantar. Además con seiscientos euros no tienes ni para una ceja

PEREGRINA: Te pareces a tu tía que en paz descanse. Eres igual de envidiosa. Han abierto un centro dermoestético al lado del bingo y están de promoción. Con seiscientos euros tengo de sobra. Me he informado hace unos días.

NATIVIDAD: No me lo puedo creer. Mamá, estás loca.

PEREGRINA: Loca estaría si te diera los seiscientos euros porque no los volvería a ver en la vida.

NATIVIDAD: Pues para decirme todo esto no te deberías de haber molestado en venir.

PEREGRINA: ¿Ahora vas a decirme cuándo debo venir y cuándo no?

NATIVIDAD: Mira, está conversación no lleva a ninguna parte. Estoy cansada, histérica y deprimida y por si fuera poco sospecho que Adolfo me engaña. (Corre hacia el bolso y saca las colillas) Mira, esto es la prueba del delito

(Peregrina las observa con detenimiento)

PEREGRINA: Este color no te pega nada, hija. Además creía que habías dejado de fumar.

NATIVIDAD: (Se las coge) No son mías, son de otra… de la otra.

PEREGRINA: ¿Y por qué guardas tú unas colillas de otra?

NATIVIDAD: Las he encontrado por casualidad. Adolfo no es muy listo que digamos.

PEREGRINA: Eso te lo dije yo cuando erais novios.

NATIVIDAD: No cambies de tema por favor. ¿Qué te sugieren a ti estas colillas?

PEREGRINA: (vuelve a mirarlas) Mal gusto, me sugiere un gusto pésimo. ¿Es fucsia o rojo?

NATIVIDAD: Fucsia-rojo.

PEREGRINA: No, es fucsia.

NATIVIDAD: (Al borde de la histeria) Da lo mismo, fucsia

PEREGRINA: Claro que eso depende mucho de la pigmentación de los labios. Hay a quien le quedará rojo y a quien le quedará fucsia. A ti te quedaría rojo. A mí, fucsia.

NATIVIDAD: ¿No serán tuyas, verdad?

PEREGRINA: ¿Y para que habría yo de venir a tu casa con los labios pintados de fucsia a fumarme un cigarro en compañía de tu marido? Tengo cosas mucho mejores que hacer.

NATIVIDAD: Olvídalo, no puedo pensar con claridad. ¿Crees que Adolfo sería capaz de engañarme?

PEREGRINA: No sé, es posible; en realidad todos los hombres son infieles por naturaleza, unos más que otros. A tu marido no lo acabo de encajar en ningún grupo. Es un espécimen raro.

NATIVIDAD: ¿Cómo sabe una mujer cuando su marido le engaña?

PEREGRINA: (ríe) Nunca, no se entera nunca de nada, hasta que es inevitable y el marido se larga con otra.

NATIVIDAD: ¿Con papá fue así?

PEREGRINA: ¿A qué te refieres?

NATIVIDAD: Quiero decir que si papá se largó sin más.

PEREGRINA: Tu padre era un vago emocional. Le costaba tomar decisiones. La que se lo llevó, Juanita, tuvo que venir a casa a hacerle las maletas.

NATIVIDAD: ¿Y no encontraste alguna pista que te indicara que te estaba siendo infiel?

PEREGRINA: Por supuesto que sí. Tu padre además de vago era idiota y muy poco cuidadoso. Pero no me importó. Tenía ganas de enviudar.

NATIVIDAD: Papá no ha muerto, está en Mallorca.

PEREGRINA: Para mí es como si estuviera muerto. Aunque se hinche a comer ensaimadas.

NATIVIDAD: No, Adolfo no es como papá. Adolfo me quiere, no me haría una cosa así. Ni se le ocurriría. Nosotros dialogamos mucho ¿sabes? Nos lo contamos todo, nos ponemos a pruebo cada día, en el desayuno, en la comida, en la cena, en la cama. Estoy al tanto de todos sus movimientos.

PEREGRINA: Siempre se escapa algo, por mucho que lo controles.

NATIVIDAD. ¿Estás insinuando que yo vigilo a Adolfo? (ríe) Qué cosas tienes mamá. (Cambia de actitud) Pues sí. He contratado un detective, hace semanas que lo sigue. Incluso ha llegado a enviarme algunas fotos. Nada comprometidas, naturalmente. (Va hacia el bolso) Adolfo saliendo de la oficina, Adolfo haciendo una llamada al móvil desde su coche, Adolfo en el circo… Qué raro que Adolfo vaya al circo… Y solo. En fin, Adolfo comiendo un algodón dulce, Adolfo en la noria, Adolfo en el gusano gigante.

PEREGRINA: ¿y qué hace tu marido todo el santo día en la feria? No me digas que ahora es representante de atracciones.

NATIVIDAD: Han puesto una feria al lado de la oficina. Irá a distraerse.

PEREGRINA: ¿No hay más fotos?

NATIVIDAD: No. Me quedé sin dinero y el detective me dejó plantada.

PEREGRINA: Y querías los seiscientos euros para pagarle al detective.

NATIVIDAD: ¡Que no!. Que pesadita te pones. Los seiscientos euros eran para la hipoteca.

PEREGRINA: Ya. Te conozco hija y sé que una no pierde los nervios y la compostura por una simple hipoteca.

NATIVIDAD: Los seiscientos euros eran para pagarle al detective. Sí, la hipoteca la pagué la semana pasada. Adolfo no se entera de nada. Como soy yo la que lleva las cuentas.

PEREGRINA: En eso te pareces a mí. Tu padre tampoco se enteraba de las cuentas.

NATIVIDAD: Mamá, estoy en un estado de incertidumbre constante. Sospecho de todas: de la vecina, de la cartera, de la secretaria, de la taquillera del gusano gigante.

PEREGRINA: Tienes que relajarte hija. ¿Por qué no vienes a la clínica de estética y te haces algo? un retoque en la nariz o la depilación del mentón…

NATIVIDAD: No necesito retoques mamá, necesito respuestas.

PEREGRINA: ¿Y Adolfo sabe que has encontrado estas colillas?

NATIVIDAD: Sí.

PEREGRINA: ¿Y cómo ha reaccionado? ¿Se ha puesto rojo, ha tosido, se ha tropezado con el sillón o con algún mueble puntiagudo?

NATIVIDAD: Bueno, se ha enfadado.

PEREGRINA: Es un buen comienzo, si se ha enfadado es porque oculta algo.

NATIVIDAD: Me ha dicho que las colillas eran de mi vecina, de Adela, la del quinto, la que tiene dos caniches.

PEREGRINA: ¿Olía a perro?

NATIVIDAD: ¿Quién?

PEREGRINA: Quien va a ser, Adolfo.

NATIVIDAD: Pues no lo sé, no era cuestión de ponerme a olfatearle.

PEREGRINA: ¿Y pelos, había restos de pelo en su chaqueta, en el pantalón?

NATIVIDAD: No… Bueno, no sé. Tampoco me he puesto a analizar los pelos de su chaqueta.

(Peregrina se queda pensativa)

NATIVIDAD: ¿Qué piensas?

PEREGRINA: Que Adela no es la que buscamos. Una mujer con perros es fácil de detectar y más si son caniches, que son los perros más guarros del planeta y tienen tendencia a refregarse en piernas y pantorrillas.

NATIVIDAD: A Adolfo no le gustan los perros.

PEREGRINA: Entonces habrá que descartarla definitivamente.

NATIVIDAD: Pues sin Adela me quedo sin sospechosas.

PEREGRINA: ¿No tienes más vecinas?

NATIVIDAD: Sí, pero las demás son viejas. Más o menos de tu edad.

PEREGRINA: (Se siente molesta). Yo no aparento mi edad, hija, y aunque así fuera dentro de una semana dejaré de aparentarla.

NATIVIDAD: No te tenía que haber contado nada.

PEREGRINA: Claro que sí, soy tu madre.

NATIVIDAD: Y una bocazas, te falta tiempo para contarle a todo el mundo mis secretos.

PEREGRINA: Yo nunca le he contado a nadie tus secretos.

NATIVIDAD: ¿Cómo que no? Cuando me pillaste fumando a los doce años lo primero que hiciste fue llamar a Antonia y decírselo.

PEREGRINA: Antonia es mi mejor amiga.

NATIVIDAD: ¿Y Pepita también? ¿y Aurora y Ascensión? Las llamaste a todas, una por una.

PEREGRINA: Es que estaba muy disgustada hija, fumar con semejante edad y un bisonte sin boquilla, como si fueras un camionero.

NATIVIDAD: Era lo único que había en casa, bisonte.

PEREGRINA: En fin, el pasado, pasado está. Esta es otra historia.

NATIVIDAD: Esta no es ninguna historia, olvida lo que acabo de contarte. Son imaginaciones mías, nada más.

PEREGRINA: (Decepcionada). Lo que quieras, pero luego no me vengas llorando (se saca los billetes del sostén). Toma los seiscientos euros.

NATIVIDAD: No me hacen falta tus seiscientos euros.

PEREGRINA: A mí tampoco

NATIVIDAD: ¿Y el lifting?

PEREGRINA: Lo he pensado mejor, todavía estoy de buen ver.

(Se dirige hacia la puerta y se va. Natividad mira los seiscientos euros; duda, después se los mete en el bolso, apaga las luces y se va a dormir)

Anuncios

Un pensamiento en “El color de la sospecha (acto 1º)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s