Entrevista de Carolina Molina para “El Heraldo del Henares”

El cangrejo simboliza a los que no están conformes con sus vidas

Angélica Morales

Entrevista de Carolina Molina

Angélica Morales

La escritora Angélica Morales, cuentista y actriz, vuelve a su faceta de novelista con La huida del cangrejo, una novela con regusto agridulce. Nos cuenta la historia de Alejandra, una mujer fuerte que debe enfrentarse a la muerte y a la dura relación con su madre. Angélica Morales nos adentra en esta novela, con final inesperado, con su propio estilo, tal y como nos tiene acostumbrados en sus cuentos.

EL HERALDO DEL HENARES: Explícanos el título.

ANGÉLICA MORALES: El título es puramente anecdótico. Tiene que ver con la casualidad y la observación, con un cangrejo que intenta huir en una tienda de ultramarinos. Su inconsciente valentía me dio que pensar y trasladé la idea al campo de las emociones. El cangrejo simboliza a todas aquellas personas que no están conformes con sus vidas y que, en contra de su voluntad, permanecen en un núcleo familiar que les resulta ajeno, hasta que llega un momento en que deciden tomar las riendas de su vida y huir. Sin embargo, contra las emociones, la huida siempre se realiza hacia detrás porque existe demasiada carga de conciencia, redes de hipocresía sentimental que acaban convirtiendo la convivencia sanguínea en una prisión.

EHH: ¿De qué huyen los personajes de tu novela?

ANGÉLICA MORALES: Los personajes de mi novela, en concreto Alejandra, huyen de una vida anodina y estéril, de una madre castrante y una hermana insufrible. En realidad intenta escapar de sí misma, de esa parte que, aún siendo nuestra, ha sido moldeada por los otros, de ese lastre que todos llevamos y que la mayoría de las veces ni siquiera nos pertenece. Su huida forma parte de una estrategia de la vida. De repente se encuentra en el camino con una enfermedad grave e inesperada. Es su lucha por la supervivencia la que finalmente la ayudará a romper con todas las cadenas.

EHH: Las dos protagonistas destacadas son Alejandra y su madre. Una relación atípica entre madre e hija. ¿De dónde viene el odio que se tienen?
ANGÉLICA MORALES: Cuando empecé a escribir la historia era consciente de que el tema iba a suscitar polémica. Las relaciones familiares suelen ser espinosas, sobre todo aquellas que se centran en la figura materna. Las madres son intocables por el simple hecho de ser madres. Se presupone que la maternidad lleva intrínseco el amor incondicional y no es cierto. Hay madres que son incapaces de amar a sus hijos, que destilan un amor venenoso, y eso es precisamente lo que yo he querido reflejar en la novela a través del personaje de Casiana.

EHH: ¿Te han criticado este punto tus lectoras madres?

ANGÉLICA MORALES: Ha habido muchas lectoras que me han criticado su crueldad y que en su papel de madres han rechazado categóricamente la novela. Se han sentido dolidas con ese reflejo de maternidad dañina; sin embargo, han continuado con la lectura y al final se han enganchado a la historia. No obstante, otras lectoras han disfrutado con ella e incluso se han divertido, han sabido encontrar la ironía y el esperpento e incluso me han llegado a decir que sus propias madres eran idénticas a Casiana. Muchas de ellas se han identificado con Alejandra y me han susurrado al oído mientras les firmaba el ejemplar: “Ojalá yo fuera tan valiente como ella y consiguiera salir del cesto de los cangrejos”.

Las dos posturas me hacen feliz porque he conseguido la meta del escritor, al menos en lo que a mí respecta, pellizcar el interés y los sentimientos. Como decía Kafka: “La literatura es el hacha que rompe el mar de hielo que llevamos dentro”. Mi cangrejo está en ello, abriéndose paso en el Ártico emocional.
En cuanto a tu pregunta de si madre e hija se odian, la respuesta es no, lo que ocurre es que no se entienden, habitan universos distintos. El odio genera rabia y venganza y Alejandra sólo quiere dejar atrás lo que no es bueno para ella y comenzar de nuevo, así de sencillo.

EHH: Observando a Alejandra, tu personaje ¿Crees que la mujer tiene que superar aún muchas metas?
ANGÉLICA MORALES: Todos tenemos que seguir superando metas e ir dejando atrás traumas y prejuicios, en eso consiste madurar. Por lo que respecta a Alejandra creo que es una mujer de una sensibilidad que espanta, por eso a menudo puede resultar incluso fría o antipática. Le gusta la soledad, detesta la hipocresía y es huraña. Es cierto que no tiene amigos y que prefiere merodear por la ciudad en busca de respuestas. Alejandra es observadora, frágil y vulnerable; se encuentra en un proceso de desengaño emocional, hace poco que se ha divorciado, su madre la ignora, su padre ha desaparecido en Noruega y para colmo de males le acaban de diagnosticar un cáncer de mama.
Con semejante panorama no se puede ser una mujer demasiado dinámica y encantadora. Sin embargo Alejandra lucha contra todas las vicisitudes con humor, un tanto amargo, es cierto, pero en ningún momento lo pierde. Yo creo que Alejandra es una mujer de verdad, sin estereotipos. Alguien que trabaja, se levanta por las mañanas lee el periódico, fuma o mira por la ventana, pasea, duerme, piensa, se ilusiona, se equivoca y apuesta. Alejandra es alguien tan cercano que a veces puedes ser incluso tú.

EHH: Vemos muchas mujeres con ese perfil en tus obras…

ANGÉLICA MORALES: En general me apasiona el universo femenino porque es tan laberíntico que embriaga. Dibujo sobre el papel mujeres aparentemente fuertes y suelo rodearlas de esperpentos que giran a su alrededor como bailarinas arrítmicas; lo que intento en realidad es enredar las emociones, me gusta jugar al despiste, asomarme a las historias desde un dramatismo circense, como si yo fuera una funambulista alocada.

EHH: En esta novela encontramos puntos comunes con otros de tus trabajos. La mujer solitaria, la mujer que busca un amor imposible de conseguir, un hogar roto, la muerte o los desmayos involuntarios. Ésta última circunstancia me ha sorprendido mucho.

ANGÉLICA MORALES: Sí, en esta novela puede encontrarse la huella de mis anteriores trabajos. El poeta cubano Dolan Mor opina que Alejandra es en realidad Claudia, la protagonista de “Rosas robadas”, de mi libro de relatos “Amar en martes”. Cada autor proyecta sus fantasmas reiteradamente en cada uno de sus libros. Supongo que tampoco yo puedo librarme de esta maldición vampírica. Me ronda la soledad, la muerte, los amores imposibles y el desencanto.
No me avergüenza reconocerlo, al contrario, son para mí un tesoro del que no pienso desprenderme. La literatura es eso, fracasos que se encadenan página a página. La felicidad no inspira más que ganas de irse a pasar una temporada al Caribe. Cuando eres feliz sólo quieres disfrutar el momento, uno escribe para lamerse las heridas, para encontrar respuestas o para hacerse siempre la misma pregunta y escupir en el suelo. Aunque voy a intentar en la próxima novela ser más optimista.

Estoy por la labor de hacer posible los amores. Debo de tener el romanticismo en alza, no sé. Creo que ha llegado el momento de probar otras cosas sin perder las que ya tengo…Y en cuanto a los desmayos involuntarios, la narcolepsia que sufre Casiana es el punto humorístico de la novela, no porque sea de recibo sufrir semejante enfermedad, si no la forma tan de sainete que tiene Casiana de vivirla. Casiana es ese personaje malvado con el que no puedes dejar de sonreír. Posee una ternura desnaturalizada que atrapa. Se la quiere mientras se la odia. Es un personaje muy jugoso, me ha hecho disfrutar mucho, desde el punto de vista creativo.

EHH: Al leer esta historia de soledad e incomunicación, viendo cómo vaga la protagonista por las calles de Zaragoza con un cigarro en los labios nos acordamos de personajes masculinos muy comunes en películas del cine negro. Parece que Humphrey Bogard se ha transmutado en el personaje de Alejandra.

ANGÉLICA MORALES: Tienes razón. Alejandra es un personaje muy cinematográfico. En realidad la novela lo es. Sin querer se asemeja a un guión de cine, al menos eso es lo que me dicen. Pero que no ha sido intencionado. Supongo que se debe a mi forma peculiar de contar las cosas, a mi mirada literaria. Sería un sueño verla en la gran pantalla. Voy a empezar a rezarle a mis santos imaginarios.
Alejandra vaga y fuma, bebe pacharán en bares sucios, junto a parroquianos que han olvidado el rumbo de sus vidas. Una mujer en mitad de un océano masculino que huele a sudor, y varón dandy, fritanga y lejía. Me fascinan los ambientes decadentes, no lo puedo remediar. Soy adicta a las barras de bar y a los taburetes cojos.
EHH: Pero también hay mucho detallismo, sobre todo un detallismo teatral, se nota que eres actriz. ¿Ha sido un desliz involuntario?

ANGÉLICA MORALES: El detallismo se debe a mi capacidad de observación. Es otro de mis vicios, observar cada detalle con interés científico. Es algo que está en mí desde niña. Supongo que también influye mi trabajo teatral, aunque no creo que se deba fundamentalmente a ello ni tenga ventaja por ser actriz.

Ser actriz no significa que tengas facilidad para la escritura. Es una pasión que siempre ha ido pareja, una dualidad que me habitaba, pero una cosa no tiene nada que ver con la otra. Hay que saber mirar y después aplicar lo contemplado. Con los años he ido alimentando la memoria sensorial y siempre que me hace falta recurro a ella, ya sea sobre el escenario o sobre el papel. Es una de las pocas cosas que sé hacer, eso y perderme en Babia.

EHH: Cuéntanos cómo se gestó la novela.
ANGÉLICA MORALES: Comencé a escribir la novela pensando en un certamen literario. Como no gané, evidentemente me olvidé de ella. Años después volví a rescatarla y la rescribí con una intención nueva, la corregí y le di un nuevo enfoque, también le otorgué un poco más de ritmo. Supongo que al agilizarla es cuando adquirió esa esencia cinematográfica. Cada capítulo se convirtió en una escena y los personajes empezaron a moverse con soltura, a veces incluso se atreven a lanzar guiños a cámara.

Trabajé mucho sobre el escenario físico, las calles por las que transcurría la historia, el lugar en el que vivían las protagonistas, los bares próximos, tiendas, vecinos, el color de su cielo, las aceras y su suciedad, los balcones y sus antenas, la ropa tendida… cada detalle cobró una importancia vital. Era como si hubiese ido con todo un equipo de rodaje a hacer localización de exteriores. Lo disfruté muchísimo. Me sentía más directora que escritora (otra de mis pasiones que espero ver pronto cumplida).

EHH: ¿Utilizaste personajes reales para inspirarte?

ANGÉLICA MORALES: La inspiración en mi caso siempre es familiar. Tomé como patrón a mi madre, pero exagerándola muchísimo. Mi madre, en un momento de su vida, también comenzó a sufrir desmayos y capturé esa sensación para dar vida a Casiana. Estoy segura de que si lee esta entrevista se quedará asombrada, me llamará por teléfono y me dirá: “Nena, ya que te pones, me podías haber hecho más joven y rica, que para protagonizar vidas desgraciadas me quedo como estoy. En la próxima novela me conviertes en marquesa romana o turca”. Mi madre es una lectora empedernida de literatura romántica, todo lo que no sean romances le parece una pérdida de tiempo. Creo que si se lee el cangrejo será sólo por amor.
EHH: Alejandra tiene un cáncer diagnosticado. ¿Puede decirse que, dado el final de la novela, es lo mejor que le ha pasado en la vida?

ANGÉLICA MORALES: Rotundamente no. Una enfermedad tan destructora y terrible como un cáncer no suscita más que temor. Lo mejor que le ha pasado a Alejandra es haber sabido abrir los ojos a la vida, ser valiente y tomar las riendas de su destino, cerrar puertas y reescribir su historia. Atreverse a volar. El cáncer sólo es una circunstancia casual y desafortunada. El único cáncer que aniquila es la cobardía.
EHH: ¿Qué te ha aportado La huida del cangrejo?

ANGÉLICA MORALES: Muchas alegrías y en cierto modo confianza en mí misma. Pero sobre todo la posibilidad de acercarme a un nuevo género. Venía del cuento y adentrarme en la novela ha supuesto un gran cambio, sin embargo me he sentido muy a gusto, tanto que pienso repetir.
EHH: Cuéntanos tus proyectos en el futuro…
ANGÉLICA MORALES: Dentro de muy poco verá la luz un libro de relatos: “Del Matarraña a New York”. Esta vez comparto pluma y páginas con mi amigo el escritor Javier Aguirre. Se trata de un experimento literario, una relación epistolar entre un anticuado profesor universitario y una actriz de gira por América. El libro pertenece a la editorial Certeza, en su recién estrenada colección “Mandoble”. Además estoy trabajando en una nueva novela que llevará por título “Palillos chinos” y hasta ahí puedo leer….

 



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