Discípula de Safo (poema publicado en el nº 103 de la revista TURIA)

DISCÍPULA DE SAFO

Angélica Morales

 

Soy más vieja que los templos,

pero mi edad nada importa, hablo

desde el silencio del roble

a pesar de estar muerta, dormida

en este ataúd que me conduce a la tierra.

Mi nombre es Gúnguila Morales,

acabo de cumplir 2000 años.

Créanme si les digo que los muertos

podemos hablar y escribir más allá

de la oscuridad que nos acompaña.

Lo cierto es que no soy yo

la que debería estar aquí,

es otro cuerpo (tan cansado como el mío)

el que había venido a llevarme.

No recuerdo si se hacía llamar

Dolor James, si tenía un lunar

junto a la boca o su cabello olía

a heno y limón. El tiempo borra

los misterios y convierte en ceniza el amor.

Pero estoy convencida de haber amado

a Dolor James, de que fuimos felices

en Damasco (aunque nunca

hayamos estado en esa ciudad simbólica)

Sé, a ciencia cierta, que di a luz una niña

que el hambre y la guerra me arrancaron

de las manos, que él me olvidó pronto,

también lo sé, que se casó con el Poema

y lloró (de noche) mientras murmuraba

mi nombre sentado sobre la nieve.

              

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