Un poema inédito

Pont Mirabeau Paris

Escuchas a Mahler por casualidad

(aunque la casualidad no existe y lo sabes).

Y lees a Paul (Celan, por supuesto).

Y piensas (estúpidamente) por qué la antología  se habrá editado con las tapas de color rosa

( fucsia, para ser exactos, como el chicle que masticas)

e  imaginas la cara que habría puesto él (Celan de Paul),

su pelo engominado

(imaginas),

el aburrimiento de su corbata en la foto.

Por eso vuelves  atrás en el tiempo y te trasladas al 20 de Abril de 1970,

al puente de Mirabeau, a su belleza de ataúd flotante.

Dicen  que más allá  de los puentes parisinos hay trenzas de sangre con las que adornan las muchachas vírgenes su cabeza de latón.

¿Cómo salta un poeta al vacío?

¿Hay armonía en su última pirueta?

Se estrellarán los zapatos contra el agua (lo sabes).

Primero el izquierdo, después ninguno.

De modo que  regresas  a su fotografía, a su frente amplia,

a su traje negro, a la sombra de su alma haciéndote la burla más allá del papel y sus circunstancias.

También te propones  visualizar a Nelli Sachs, su mano espantando un moscardón del escote antes de dejarse ir.

Es posible que fuese Hölderlin quien te empujara al suicidio (amigo Celan).

La irreflexión  al borde  de las piedras.

Te asalta una duda /

las notas furiosas de Mahler / algunos versos mordidos de sal.

Ignoras en  qué momento aquel pájaro  se ha puesto a defecar en su hermosura color fucsia

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