Sin título

(Ilustración: Ubé)

***

Eugene,

hacíamos  el amor ( yo contigo

tú contigo).

Y eras mitad viento mitad carne,

aunque apenas hablaras porque tu brazo

estaba sujeto en sueños a  las jeringuillas,

a los telones polvorientos

de algún teatro del sur.

Llegan  mujeres viejas para bailar  sobre el papel.

Son rubias ( a veces) y se visten con trajes de muñecas

rotas.

Hace  tanto tiempo que te persigo,

pero tú te empeñas en cambiar  de lugar

las cosas,

los escenarios donde se rompe la vida

para luego volver a recomponerla en las butacas.

También yo tuve un padre

pelícano que me  daba a comer coñac

y partía  naranjas con los dientes.

Todo dramaturgo que se precie  es zurdo,

se acuesta

con tipos con sombrero que alzan el vuelo

de madrugada,

que tienen el sexo cubierto por las cenizas.

Y las actrices díscolas (bien lo sabes),

con   su belleza de baúl lanzándose  en pos

de tu conquista,

dejando crecer en su vientre

tus hijos.

Tantas habitaciones de hotel ,

restos de semen entre las sábanas

que ahora alguien lame en otro agujero

(idéntico),

aquel libro adquirido por descuido

(The Unique Bookshop)

que se ha puesto a gritar dentro de tus pantalones.

¡Oh doctor de la tuberculosis!

¡Plantación de tos ardiente!

Llámame muralla de silencio

o sofisticada Bohème,

huérfana de pies,

sin raíz  a la que poder aferrarse y volar.

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