Sin título

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Allá donde el tiempo descansa,
puede ser bajo una piedra formada por  pétalos celestes
o sobre un colchón de plumas de hombre.
En el nombre de todo lo que sangra,
del estallido de una risa fatal en los labios de aquella ventana.
Allá donde saltan los cojos,
hombres y mujeres con múltiples heridas que se alimentan con los rayos salados del barro.
En su nombre, en el nombre de lo enfermo, lo que pesa y cae, del párpado hundido en el agua.
Allá  donde la tierra se esconde en la tierra.
En el nombre de las aceras, del grito  de un loro sobre sus patas.
Allá donde los créditos  beben ojos y hay bancos con corbata y sin corazón y fulanas
de piernas de plomo y enanos gigantes con falos como garbanzos en flor.
En el nombre de la espuma, del mar  bravo, de la violencia .
Allá donde los nabos tienen dientes y echan a correr.
En el nombre de una cama con músculos de mujer, con huevos de elefante.
Allá donde los ángeles se endulzan las alas y sucumben y viene una boca y se los come
y viene un pico y los regurgita y todo vuelve a empezar
allá arriba , en el cielo inválido,
en la historia salvaje de una nube que cuentan los labios de la abuela, muy cerca de los labios de un grillo, más cerca aún del paso terrorífico de un niño sobre el vientre liso de tus pupilas.

 

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