Pintar muertos

(Imagen: Ubé)

PINTAR MUERTOS

Las pinturas de estas paredes hablan de los muertos.
Sus costumbres tienen muchas ganas de perderse dentro del aire
o del aliento de una vieja casa que todavía respira las espinas de su niñez.
Las pinturas hablan del padre que nunca fue,
del alcohol donde hundía los ojos cada mañana
o del cinto que servía para sujetar el miedo al cielo de sus heces.
Las pinturas más frescas siempre se conservan en el vientre de la muerte
(podemos repetir la palabra muerte las veces que haga falta
sin sentir dolor, sin empezar a ponernos amarillos).
Las pinturas antiguas se prenden al paisaje del viento
(que es el encargado de traerles de comer el corazón de algún cocuyo).
Las pinturas de esta pared o de este rostro de mujer enfermando en la ventana,
hablan de árboles inyectados en sangre,
de exilio de poetas,
de quemaduras en la sien con los labios de una pluma.
Las pinturas de esta pared o de otra pared idéntica,
enmudecen cuando la lluvia desata su canto,
cuando no queda ni una criatura caliente sobre las ramas de los dedos,
cuando Dios se come nuestro pecho
y después lo entierra en la boca de un pájaro.

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2 pensamientos en “Pintar muertos

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