Estudio 0

(Imagen: Ubé)

ESTUDIO 0

Los biorritmos del pecado
(hay que repetirlo dos veces tomando aire por las manos
y luego dejar caer todo tu vacío sobre una llaga muy jugosa,
muy ajena).
La ciencia como estrofa romántica.
Los planetas como alianzas de amor.
El aire y sus partículas como la nueva generación de lenguas
que se bifurcan en islas donde la huella del hombre no existe.
Los biorritmos  del poema,
el tic tac de su balón onomatopéyico,
cientos de imágenes haciéndose monedas al caer,
algunas bocas de mujeres que una vez fueron  hermosas
y que ahora huyen de su reflejo en el mar.
Palabros.
Una viga de plumas que se mete en el ojo
en el momento en que uno se enfrenta al papel para escribirse.
Los biorritmos  de la ropa
(me desnudo  de mis últimos pétalos y tiemblo en lo oscuro porque nadie me ve,
si acaso Dios que permanece en lo sucio,
si acaso Dios que ya no tiene casa y camina hacia el exilio de su propia carne).
Los biorritmos del hambre
(dos atletas tirando con fuerza de las sogas que te amamantan).
Los biorritmos del éxito,
un coche sin cuello,
un abrigo de piel sangrante,
una animal con dos senos firmes que estallan contra un photocall.

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