De cómo el alma sufre una ampliación en su hipoteca

(Imagen: Ubé)

DE CÓMO EL ALMA SUFRE UNA AMPLIACIÓN EN SU HIPOTECA

Ni se te ocurra pensar en el suicidio,
acariciar el palacio de una cuchara
donde las jeringuillas duermen.
Olvida la fiebre al lado del labio,
la pus salpicando el balcón de un ojo.
Tienes que estar saludable en esta vida y en la otra,
ser un cuervo atlético
que grazna en una pista
donde aterrizan aviones
con el vientre repleto de sopa.
Nada de imaginar la invalidez de tus miembros
o que un planeta ha caído  junto a tu sombra
y hay pétalos de perro estallando
dentro de tu cabeza.
Arroja a un lado
la voz de Casandra,
su sexo embrutecido
por un dedo
que señala el silencio.
Suave e hipócrita has de ser
y vestir de forma confortable,
lamer la sangre de tu casa,
la herida del pan.
No permitas que te devoren las facturas,
dales de comer pólvora,
el labio frío de una puta muy familiar.
Ni en sueños le insinúes a  Dios que te cambie el nombre,
las coordenadas dementes de tus zapatillas.

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