El discurso del polvo

(Imagen: Ubé)

EL DISCURSO DEL POLVO

He aquí un hombre intentando dejar atrás la estatura de su ira.
Dos pasos más allá le sigue un hospital
donde las ardillas reparten la enfermedad de su memoria.
Después el cielo
cayendo sobre el vientre de un plato que se ordeña de noche
(caen apenas dos gotas de sudor de un ángel
y una voz infinitamente animal dice:
“Con el peso muerto del nombre de Dios habremos de alimentar el mundo /
aunque el hogar se encorve /
aunque la guerra se eche la siesta en el biberón de un pájaro “).
He aquí que todo lo que el hombre sueña,
se derrumba,
cae por una suerte de precipicio carnal
en el que instantes antes había hecho el amor con la virginidad de una rosa.
Pero la rosa muere por falta de barbitúricos,
como el campo,
igual que las aceras
o el calendario aquel donde
fotografías y espaldas y vestidos rugen
con la primera luz esquizofrénica del polvo.

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