Fuera del lenguaje. Discurso cuarto

(Imagen: Ubé)

FUERA DEL LENGUAJE

DISCURSO CUARTO

(Por el pasillo del patio de butacas pasea la mosca el orgullo de su progenie. Camina alta, ojos inciertos, el peso de toda su sangre repartido entre las joyas de sus patas. Todavía es hermosa a pesar de haber dado a la luz tantos huevos podridos, aún hace girar las cabezas, dar manotazos en el aire, soltar alguna exclamación de fastidio. El mundo de una mosca es tan teatral como el mundo de cualquier hombre. Se sienta (la mosca ) se da aire con sus dos alas de plomo. Vuelve a carraspear y le hace un gesto técnico al hijo que se dispone a cambiar de lugar los focos para el segundo acto. Regresa el gentío (gentío =  almas solas montando un grupo de lobos en whatsapp) Un anciano toma la palabra. Tomar la palabra = sujetar en el hueco de la lengua todo lo que no existe pero se anuncia).

No me quejo y sí.
Es lo único que tengo,
poder repetir ni más ni menos que eso:
“No me quejo”,
mientras me compongo de dolor
y muerdo un ¡Ay!  Y otro ¡Ay!
Pero no me quejo,
porque se lo  escuché decir a mi padre,
y a mi abuelo,
y a mi  madre cuando se puso a morir
cerca del río.
No quejarse es algo viejo,
como yo,
algo muy limpio
que si se mira de cerca
tiene rastros de mierda de paloma.
No me quejo
pero odio a las palomas,
el mensaje de Dios dentro del color blanco.
No me quejo,
aunque sería mejor no envejecer,
dejar de escuchar el pitido de mis pulmones,
poder seguir fumando el humo de las fábricas
y respirar,
beberme todo el genio del mar y no sentir el vómito.
No me quejo
pero me cansa subir la cuesta /
tomar la azada /
abotonar el invierno sobre mi pecho.
No me quejo,
así es el infierno de los años,
así es la meta a la que debemos de llegar,
una boca de tierra que abre sus túneles para comernos.
No me quejo
pero prefiero la coz de una rosa
al gemido de un gusano.
Sí, ahora sé que me enseñaron a caminar
dentro de una hierba que se acaba.
No me quejo,
pero el sol se escapa entre mis huesos,
pero llega lo feo a darme su abrazo más hermoso.
No me quejo
y sin embargo la muerte
ha empezado a llamar
a la puerta de mis ojos.

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