New York es Huesca

(Imagen: Ubé)

NEW YORK ES HUESCA

Se fue un gato con sus vendas de hilo.
Se fue la tarde a detener su sangre en otro hogar.
Llegaron después los pájaros con la locura suspendida en mitad de algo que no tiene nombre.
Se fue un soldado muerto en el pie por tres disparos de clavel.
Se fue el hambre
(mejor se mudó de casa,
hizo las maletas y puso rumbo desconocido).
Se fue el amor cuando la lluvia empezaba a venir
y había música en las cucharas
y los niños danzaban con las tripas desnudas alrededor del fuego.
Se fue la abuela,
su cabellera recta sobre la alfombra de los domingos.
Más tarde se fue la luz por falta de pago,
también el pan cerró de golpe la puerta
y ya no hubo más muchachas en el barrio
haciendo el amor sobre el sexo enhiesto de la harina.
Se fue el olor a mostaza,
a polvorón,
a diente que se retuerce y cae.
Nos abandonó para siempre la palabra siempre,
los verbos que se desmayaban cerca de la boca,
la sinfonía de nubes que estallaban en agosto sobre los labios del vino.
Se fue la fe
(dicen que acompañada por una codicia muy virginal,
por todos los mantos bordados de vicio de la noche).
Se fue un animal muerto que pasaba por allí con sus tres oraciones.
Se fue la soledad más honda,
la armonía de las arañas sobre los tejados.
Se fue una gana
y otra gana
y estos dedos que ya no saben más que escribir la calvicie de una palabra
que espera impaciente sobre el andén.

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