Dos poemas del poeta danés L. Ponwski

Europa - Ubé(Imagen: Ubé)

EUROPA SE PONE A TEMBLAR

Europa,
bañera azul,
canción triste de un delfín.
Escucha, Europa,
hay espinas dentro del ojo,
pequeñas espinas que se han multiplicado
y forman un continente nuevo.
Eh, Europa,
si me bajo los calzoncillos estoy en otro mundo.
Mi culo es una moneda al revés.
Europa, acuérdate del color gris,
del cielo con ventanas rotas,
de las cruces sin aire,
de Ana Frank, acuérdate,
de su carita de sopa,
de sus manitas de viento,
de su hambre en un rincón.
Del miedo, Europa,
de los zapatos que se hacían con el jabón judío,
con el diente judío,
con el horror de un judío puesto a hervir.
Recuerda la cerveza y la miel,
las falditas cortas,
Roma que cae, borracha,
y un Papa que sale al balcón y ríe
y pela un cuervo y ríe
y se come el cuervo y eructa.
Europa,
viene el frío,
las patatas sin patria,
los enfermos en sus camas, sin análisis
sin ginebra,
sin calor.
Europa, si todavía fumas,
dame un cigarrillo.


EL VÉRTIGO DEL MAÑANA

Cada mañana la corriente del sueño,
las facturas en el buzón,
el humo del cigarrillo.
Cada mañana el sudor leve
de tus axilas,
la falda revuelta,
tus ojos puestos al fuego,
el olor a café pudriéndose en el puchero.
Cada mañana una guerra nueva,
niños recién llegados a las moscas,
niños bebiendo leche de mosca,
niños solos bajo las piedras.
Cada mañana el ruido,
las obras,
albañiles tomando cerveza,
el salchichón indio entre los dientes,
una hogaza de pan abandonada en el cuaderno.
Cada mañana la demolición del mundo,
un mesías
anunciándose por horas,
una puta que nace
a la noche.
Cada día una mancha de aceite en la camisa
sobre otra mancha de acetite en la camisa.
Y el calor,
frentes de agua,
frentes de sal,
frentes turbias por donde pasan muchachas con sombrero,
muchachas de muslos lisos
que ríen.
Cada mañana un pecho con cáncer,
una polla con sangre,
más sangre en las reuniones políticas,
entre el papel de aluminio,
en el patio del colegio brincando de rodilla
en rodilla.
Y el horror,
ya sea mañana o tarde.
Las escuelas del horror,
de los bigotes en la boca de una mujer
soltera
con llagas,
con restos de detergente en la mirada.
Cada mañana un ordenador,
un uniforme en otro país,
insignias,
ejércitos de tiburones tomando el poder.
Cada mañana
tu amante registrando los bolsillos,
los búhos muertos en el hielo.
Cada mañana la compra,
el estraperlo,
las fotocopias de un corazón
en color blanco,
las fotocopias de una arteria en color negro.
Cada mañana
la hoja mudando de piel,
un poeta caliente
en sus bordes.

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