Crueldad, te amo. Breve poemario del poeta danés L. Ponwski

Crueldad, te amo. Imagen: Ubé(Imagen: Ubé)

CRUELDAD, TE AMO

1

TODO EMPIEZA DENTRO DE LOS OJOS

Nada es cierto.
Miro mis manos y pienso en la crueldad de la  nieve,
a pesar de que la nieve nunca está entre las manos de mi ciudad.
Escribir sobre el amor
es tan falso
como una de esas postales que envían los marineros
a una muñequita rubia
que han conocido vía internet.
Nada es eterno.
La familia
se precipita y cae,
envejece y se hace llaga entre tus ojos.
Nada es redondo completamente,
ni los besos,
ni aquel  globo tan grande
que hiciste con el chicle antes de que te besara.
Me preguntas por mí,
por lo que siento,
por qué escribo,
qué talla uso de corazón.
Y te digo MIERDA,
con todas sus letras.
La familia MIERDA,
el corazón gastado,
la escritura muerta en aquella estación de tren
que de niño me piensa.
Porque no tengo nada que ofrecerte
y tú en cambio insistes en la palabra amor,
insistes y te levantas la falda,
insistes al tiempo que la lluvia cae,
como la familia
y el café empieza a enfriarse entre los libros.
Nunca bebo café.
Nunca escribo libros de amor.
La familia es un cáncer,
algo dañino a lo que hay que matar.
He ahí mi primer vínculo de amor verdadero,
la muerte familiar.
Ahora te callas.
Parece que te entra el miedo
o que la prisa se ha instalado en tu ropa interior,
porque te levantas precipitadamente,
sin mirar los libros,
sin percatarte de que se ha puesto a nevar en el café
y que la ciudad es ahora distinta,
la ciudad es una mausoleo
donde la familia muerta pasea,
hace sus compras,
se detiene a charlar.

2

BACH ERA UN GENIO Y YO SIGO EL RITMO DE MI PEREZA

No me fio de la  belleza musical.
Dentro de una mujer hermosa
hay culebras y ponzoña,
hay muchas ganas de arrojar los tacones al contenedor
y ponerse a incubar un hogar accesible,
ponerse a incubar niños,
un tarot  gratuito.
Estoy solo y me dejo arrullar por el silencio.
En otra vida he debido de ser un ser difícil nacido en lo oscuro,
he debido de dar a luz a muchos peces muertos
que después han venido de noche a vaciar mi sangre en el sueño.
Has vuelto.
Llamas a la puerta
y preguntas por mis discos antiguos.
No tengo mas que soledad,
te digo,
latas y latas de soledad en conserva,
un llanto que no acaba
abandonado en esa alacena donde se mecen las arañas.
Sonríes y tu cabello se hace más negro,
casi azul,
casi de tormenta que nace.
Insistes en mi escritura
y me preguntas por mi madre.
Yo te digo que nacía solo,
una tarde  del mes de abril,
mientras la naturaleza de un cuadro agonizaba
y una mujer de 100 años se peinaba frente al espejo.
Entonces me contestas que ninguna mujer
que haya cumplido cien años
es capaz de mirarse todavía al espejo.
Desconfío de la edad de las mujeres,
es verdad,
de la hermosura de una espejo centenario.
Siempre me cayó gorda Alicia en el país de las maravillas
y he escrito mil veces su nombre sobre las alas de un pollo
minutos antes de meterlo al horno.
Qué crueldad,
dices,
fumas y repites la palabra crueldad.
No lo sabes aún,
pero cuando abandones mi casa
habrá una paloma muriendo en lo oscuro,
blanca pero muy sucia,
como tú,
y yo estaré esperando la música de su dolor,
el color encendido de su muerte.
No hay consuelo para los que van a morir
si no es una porción de aire más grande para los que se quedan.
Eres cruel,
gritas.
La crueldad es una mujer que baja los escalones enloquecida,
como tu,
que después  escribe un poema de amor
al borde de la cama,
mientras los ángeles del cielo caen borrachos sobre sus tetas.
Aún escucho el eco de esa bendita palabra
… ELDADDDDDD.
Puedes mirar hacia  adentro de los  libros.
Allí encontrarás la música cruel de toda pasión que se vuelve herida.
Sin herida no hay historia.
Solo en los capítulos más sangrientos  del hombre hay belleza,
florece  la música del verdadero amor que se pudre.

3

CRUELDAD, TE AMO

Detrás de un latido llega una sustancia silenciosa
que te habla de la ceniza que espera bajo tu piel.
La muerte es eso,
un salto hacia el vacío
mientras permaneces quieto.
Nunca has asistido al acto de la muerte,
ma petite fille,
deja que te hable en francés,
que toque tu cabello asustado,
que te de a beber la leche fría  de mi polla que escribe,
la crueldad de tu amor
sobre mi cuaderno,
por ejemplo.
¿Acaso no es hermosa y hace llorar?
Detrás de tu mano
hay un pájaro que agoniza
y el cristal me trae cartas de ahogados
que no encuentran el peso de su adiós.
Ahora escuchas mis palabras,
sacas de tu boca el alimento triste de este poeta
y te acurrucas frente a los libros.
Alguien te contó que, en otro país,
los poetas engordan y ganan premios literarios,
que se les pone cara de tortuga que duerme entre el estiércol
y adquieren el color de la pez.
No sabes lo que es la pez,
ma petite fille,
ignoras que el cielo siempre es el mismo
pero cambia su humor
y sus patíbulos,
trae de noche ángeles nuevos
que van a morir,
mezcla el perfume de albahaca
con la mierda de un perro
y nos da a beber la esperanza.
Repite conmigo:
“Crueldad, te amo”.

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