El anillo de Angélica

El anillo de Angélica (poemario) - Angélica Morales

EL ANILLO

DE

ANGÉLICA

1

Sería así:

Un cuarto oscuro donde se revuelve el sueño
y el alcohol estira su boca
para abrir el vientre de una rosa drogadicta.
Ella se llama Angélica y tiene veinte años de terror.
Alguien le dijo que venía de lejos,
pero ella nunca se ha movido del pueblo.
Ella abre y cierra las pestañas de un bar
que pertenece a un hombre que la tomó prestada.
Porque Angélica vino quebrada en dos de un lugar llamado NADA.
Su talle mirando hacia el sur,
sus tres ojos quietos en la lluvia.
Después de todo la juventud solo es eterna para la ceniza
y Angélica no entiende de eso.
Angélica es un botón nuevo que se cae,
algo con tendencia a ensuciarse en las aceras,
que va y viene del abismo,
que corta flores con su lengua zurda y después se tumba
sobre el pulmón de sus amantes.
!Ay niña loca!
!Ay trocito de cielo que se nubla!
!Ay rencor de la costumbre!
!Ay animal en su ternura!
Le pides pan  y Angélica te sirve  piedras en un plato caliente.
Intentas que entre en razón y ella te regala el puñal de una palabra que no existe.
Y así se sucedieron los hechos
(llamamos  hechos a una historia en porciones donde la tarde engulle niños
y una guerra musical  cae sobre Yakarta).

El anillo de Angélica (poemario) - Angélica Morales

2

O tal vez no…

Angélica sin verbo, completamente muda en la hojarasca.
Dicen que es linda, pero mienten.
Dicen que vive solo en compañía de una escoba,
pero la escoba es una mujer de pecho altivo
que silba con sus dientes,
algo así como una madrastra
revolcándose en el espejo carnoso de los años.
Angélica simple
o una niña que no encuentra el brillo de su belleza
Es un cuento
(dicen).
Pensar que alguien haya nacido para torturar el alma hambrienta de los hombres,
para desordenar el sonido sordo de sus falos.
Angélica es sólo un nombre que se pronuncia las noches de verano,
mientras la luna juega a peinar los hilos de su baba
y un vientre comienza a hincharse en el interior del cristal.
Pudiera ser un objeto preciado, pero no.
Angélica no vale dos reales.
Lo dice la balanza donde la madrastra pesa sus huesos.
Nadie puja por ella.
Nadie muerde la sombra de su destino,
si acaso un sapo, que cerca del esqueleto de su voz,
se detiene para olfatear su mala suerte.

El anillo de Angélica (poemario) - Angélica Morales

3

Pensemos en el tiempo sin el tiempo…

La misma cara de una moneda pero con otro temblor.
Angélica huyendo desnuda de su fatal destino
o aquella muchacha que jugaba a decapitar flores cerca de una fábrica de cerveza.
¿Qué diferencia hay entre los ropajes de su piel?
Las dos están presentes en la retina de los hombres,
ambas saben hacer el amor con sus grietas,
la misma forma de morder el pan pero con puñales distintos,
con un hueco de millones de nubes entre una incisión y otra.
Angélica galopando el vientre de Asia mientras que la otra,
ha de conformarse con darle vueltas  a la sopa de un mar llamado Mediterráneo.

El anillo de Angélica (poemario) - Angélica Morales

4

Sin embargo es otra cosa…

Algo parecido a la llamarada del mar cuando Dios se tumba sobre el palacio de sus huecos.
Así es Angélica, un pezón diminuto buscando la boca del polvo
y un dinosaurio lamiendo el fósforo de un paisaje.
Algo similar a la ronquera de un pájaro que no acierta a afinar
sus alas sobre el patíbulo del aire.
También pudiera ser un perro mordiendo el pantalón del amo
(el amo puede ser cualquier  hombre que se piensa  dueño de una mujer imposible
o un billete de diez euros tomando altura de las horas).

El anillo de Angélica (poemario) - Angélica Morales

5

Y he aquí que todo cambia…

La belleza brota de una cáscara de miel donde todo es posible.
Algunos lo llaman sueño,
otros simplemente viajar dentro del camarote de la muerte.
Pero morirse no entra ahora en los planes de Angélica,
porque ella hace sus dos maletas de flores y abraza la luz.
Un día es algo que se escupe,
que tiene la temperatura de los parques cuando los niños corren
y se asoman a las costras de sus heridas.
Un día es nada más que aquel desfile de ventanas que retrata tu soledad,
una mujer enferma de amor por sus insectos
o el alma abotonando su tristeza.
Ese podría ser el final de todo principio,
cuando la lengua de Dios le da la vuelta a tus costuras
y se abre un camino sin árboles más allá de la memoria.

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