Hécuba habla frente a un café en la ciudad de Chicago

31078350773_7f1d2524c1_z(Imagen: Ubé)

HÉCUBA HABLA FRENTE A UN CAFÉ EN LA CIUDAD DE CHICAGO

Fui reina.
Fui niña asomada a la ventana de un enigma,
sufriendo en soledad por los asuntos trágicos que habrían de venir.
Porque siempre hay mares que traen barcos que llevan un puñal entre los mástiles.
Y yo era reina puesta en pie contra mi propia sangre,
y ahora solo soy pájaro
caído,
abatido por la sombra y la ruina
y el mordisco de la noche.
Hay playas dentro de mi corazón que están repletas de gritos,
olas que patalean mi vientre
cuando el sol escupe flechas y fuego
y mi tierra arde bajo las lámparas de la guerra.
Yo,
que fui niña amada por los dioses,
que llenaba de perfume de rosas
todas las atmósferas de mi palacio animal,
mi palacio como ceniza
o destrucción ahora,
como un lugar extranjero que escupe mi nombre
y echa el cierre a la cobardía.
Nunca más veré la tierra que me vio nacer.
Nunca más habré de sostener el pulso de una corona sobre mi pubis,
ni sentir el peso del misterio sobre mis trenzas.
Porque hoy solo me queda
la mentira,
el exilio,
los harapos de esta piel de niña avejentada
que naufraga entre los puertos de la vida.
Hace la historia historia dentro del barro, ahora lo sé.
Por eso remo hacia los jardines de otra patria
y busco la vida donde la muerte me busca.
Yo,
la reina en otro tiempo de Troya,
la mujer que caminaba erguida
y besaba la lengua de todos los fuegos.
Y tú,
mi tierra,
mi sangre,
mi mal,
la música del miedo que no calla,
muerta ya y enloquecida.

 

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