Cuando llega el invierno hablo con la porcelana

32033082552_9f67d5b94d_c(Imagen: https://www.flickr.com/photos/jmube/32033082552/Ubé)

 

CUANDO LLEGA EL INVIERNO HABLO CON LA PORCELANA

Eres solo un trozo de porcelana que se ensucia de labios.
No eres nada,
mi amiga,
mi resistencia febril.
El pasar de los días y las noches y las manos
(eres)
y las lenguas de todas las que te hemos contemplado
en esta familia de dementes,
de mujeres rotas en el centro de la sal,
de mujeres con la voz dormida en la costumbre.
¡Oh este silencio de femenina inutilidad,
este batir de piernas y tumbarse a esperar lo sórdido!
Eres solo un testigo mudo que de vez en cuando,
se asoma a mis pensamientos y me toca con su quietud.
Eres hermosa, taza,
pequeño barco repleto de flores y proyectos.
Allí en tu vientre naufragaron mis sueños cuando era una niña,
cuando no soñaba con poseer la barba ilustrada de mi padre,
los pechos en torre de mi madre.
Pero ni mi madre ni mi padre fueron verdad.
(Porcelana mía /
ausencia de la niñez que va quebrándose
con el paso de los años)
Ahora mi cocina es moderna
y huérfana
y ha crecido lo mismo que yo.
Ahora mi madre no existe y las fotografías nos mienten.
En su lugar he colocado el póster de Michael Jackson
y me miran sus ojos oscuros repletos de barbitúricos.
Amó a los niños, Michael,
pero más se amó a si mismo,
a la soledad de su blanca piel,
a la soledad de su cabello escaso,
a la soledad de sus calcetines puros,
a la soledad de su sexo,
sin bocas,
sin manos,
sin primaveras.
Yo,
que ahora hablo contigo en la tristeza de una cocina,
que te rescato, tacita,
del naufragio de toda una vida,
que cuento tus grietas como quien cuenta canas o piojos al sol,
que acerco mis labios cansados y te susurro secretos.
Te digo .
“Hay enanos en mi ciudad que se comen los eructos de las fábricas
y después escupen esposas fértiles”.
Siempre has sabido de mis mentiras.
(Tacita / Transatlántico de Príncipes con galletas y moscas /
Pequeña fortuna infantil)
Pero hacerse mujer es eso,
noches de insomnio,
cartas de amantes que no regresan,
niños pidiendo limosna de leche en el ascensor,
la decisión de engendrar escobas,
apartamentos,
una vida suave dentro de las facturas.
Pero nadie podrá decir que te he abandonado,
a pesar de que mi madre está sola en otra ciudad,
secando sus heridas al barro,
junto a tres cerdos que ayer dieron muerte,
frente a un grupo de turistas rumanos que la fotografían sin cesar
porque saben que está muerta aunque respire
y habite una casa y alimente el fuego de la estufa
y recuerde mi nombre alguna vez,
entre un ronquido y otro,
en el momento en que los tres cerdos dicen basta
y salen corriendo de su NO VIDA.
Crecer es eso,
coserse a la realidad enfermiza del mundo,
caminar por un pasillo surcado de clavos y de cabezas decapitadas,
hacer la compra,
acostarse con las arañas,
dar a luz la ingenuidad de una casa,
criar un perro con jardín,
ser madre de lo oscuro.

Anuncios

2 pensamientos en “Cuando llega el invierno hablo con la porcelana

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s