Oymyakon o Las madres más frías del mundo

(Imagen: Ubé)

OYMYAKON O LAS MADRES MAS FRÍAS DEL MUNDO

En la calle hielo,
pisadas blancas de mujeres
que regresan al hogar blanco.
Otoño,
invierno,
verano,
primavera.
Cualquier estación
es una herida blanca que se desangra.
Las mujeres aman a setenta y dos grados bajo cero.
Nunca desnudan sus cuerpos,
se deslizan raudas bajo las mantas
y allí se dehacen de su ropa interior,
abren sus piernas
y dejan que sus dientes comiencen a castañear.
(Se llama música del Russki Chai)
Sus dientes parecen cuentas de marfil melancólico,
una deuda de Dios sobre el agua que se olvida
durante los inviernos.
No tienen hijos,
alquilan sus óvulos al mejor postor,
en países cálidos donde otras mujeres blancas
sueñan con la maternidad.
Las mujeres de Oymyakon no quieren ser madres,
son animales cilíndricos con el vientre disecado al sol.
Alguien vendrá mañana
para regar su jardín muerto
con un puñado de billetes.
Alguien extenderá frente a sus ojos azul petróleo
un contrato para tomar prestada su fertilidad.
En la calle hielo,
en su cabeza infancias de hielo,
en su corazón joyas de hielo sentimental
haciendo nido sobre el rostro blanquecino de un niño
que nunca besará el termómetro roto de sus pezones.
Otoño,
invierno,
primavera,
veranos largos que se ahogan en la sal,
flores silenciosas que echan raíz en el vodka.

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