Decir nieve o vacío

Decir nieve, obra de Ubé(Imagen: Ubé)

 

DECIR NIEVE O VACÍO

de todos modos la nieve no existe
es solo el vacío de una palabra que cae hacia ninguna parte
es sólo la cáscara dura de la lluvia cuando se tiende a soñar
es solo la promesa del llanto que no arriba
la sangre helada de un atardecer sin amantes
de todos modos la nieve no habla
no sabe defenderse de su propio dolor
ni sabe arrojar piedras sobre su pecho
no conoce los animales que aúllan arriba del cielo negro
ni el motor del hombre que pone en marcha la guerra de su especie
de todos modos la nieve huye de su propia blancura
se rasga los vestidos de su perfume
se construye una guarida en lo hondo de la luz que acaba cegándola
de todos modos la nieve anuda su voz a los patíbulos
es solo silencio
es solo martirio para las hormigas que no supieron despertar al ruido de su belleza
es solo canto en el poema
noventa grados de ebullición insólita dentro de las postales
de todos modos decir nieve es decir gloria bendita
o muerte
es decir risa maligna en los labios de un cuervo
es decir autopista repleta de cadáveres
o barcos panza arriba
después de todo la nieve solo es cuento
Frankestein desnudo con el sexo en flor
dentro de una bola de cristal que pide auxilio

Júpiter amontona las nubes sobre una mesa de Blackjack

blackjack (imagen Ubé)(Imagen: Ubé)

JÚPITER AMONTONA LAS NUBES SOBRE UNA MESA DE BLACKJACK

¿Dónde están las nubes que con tanto ahínco
amontonaba Júpiter?
Una y otra vez cargando con el dolor humano,
poniendo al fuego el llanto de las mujeres,
escupiendo flores tardías sobre una guerra que no acaba.
¿Dónde están las diosas limpias,
sus bragas musicales cayendo sobre la ciudad una tarde de agosto?
Hay carne humana en los platos de Dios.
Hay fruta podrida entre los dientes de una virgen
que acaba de sacrificar su pubis a la lengua del viento.
¿Dónde están las nubes que caían como plomo
sobre la historia?
¿En qué paisaje lunático las hace Júpiter crecer?
¿En qué lugar se tumban las cabezas de los viejos
que sueñan con la muerte de Dios?
¿Por qué las nubes no gritan?
¿Por qué no se rebelan contra la orden déspota de un dios
que dormita a la sombra del mundo
y no conoce la compasión?
Una y otra vez esa lluvia de nubes eléctricas,
el trueno sacando pecho en la tormenta,
la tormenta haciendo el amor con el silencio travestido de una araña.
¿Dónde se pueden comprar esas nubes que todo lo vieron,
que todo lo tocaron,
que todo lo llevaron a esta hermosa destrucción?

Pecios : Nuevo poemario de Angélica Morales publicado por GEEPP Ediciones

Angélica Morales : PeciosDespués de tanto tiempo de espera, al fin tengo en mis manos PECIOS, mi nueva critatura poética, obra que resultó ganadora en la II Convocatoria de Per{versus}, junto con OQUEDADES, de la autora Mª Luisa Fernández Asensio. El libro es doble y eso lo hace más maravilloso. Estoy encantada de compartir libro con una poeta tan joven y tan extraordinaria.

Mª Luisa Fernández Asensio : OquedadesOs dejo un vídeo de presentación que grabé para GEEPP Editores hace un tiempo, cuando se hizo la presentación del libro de la I Convocatoria de Per{versus} cuyos autores galardonados fueron Fernando Soriano Bensusan, y Juan Peregrina. El primero de ellos, Fernando Soriano, ha hecho el prólogo de PECIOS, un trabajo excepcional así que desde aquí quiero darle mis más sinceras gracias.

También va mi agradecimiento, cómo no, a GEEPP Editores, esperando que pese a todas las dificultades que rodean al mundo editorial, pueda seguir ofreciendo a los lectores muchas más entregas de Per{versus}, para de este modo sacar a la luz nuevas y arriesgadas voces poéticas.

Que lo disfrutéis.


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Datos de publicación:

Pecios / Angélica Morales ; prólogo de Fernando Soriano Bensunan
Melilla : GEEPP Editores, 2016
Colección Per{versus}
ISBN 978-84-15813-62-0

Oquedades / Mª Luisa Fernández Asensio ; prólogo de Juan Peregrina
Melilla : GEEPP Editores, 2016
Colección Per{versus}
ISBN 978-84-15813-63-7

 

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Divagaciones en Berlín

32011238624_37787e8eb6_z(Imagen: Ubé)

DIVAGACIONES EN BERLÍN

(A mi amado Ubé)

Un abandono,
es decir,
tu mano en silencio junto a la mía.
Hay gotas de lluvia que empiezan a enfermar en la ventana,
¿las ves?
Puede que sean peregrinos de otro país,
almas sin patria que pierden el agua de su sangre
mientras intentan atravesar las alambradas.
Un gesto de tu nariz,
como si el mundo hubiese cambiado de perfume
y ahora todos los animales tiernos se pusieran a temblar
bajo la hoja de un poema.
El mundo gira,
da vueltas en los ojos tristes de un ciervo
que no sabe lo que significa morir
y está herido en el bajo vientre.
Un episodio dramático,
piensa en un féretro,
piensa en el cristal que envuelve la muerte,
en el aire acondicionado
que acaricia los pétalos de las flores frescas
que van a morir.
Hay mujeres con las piernas hinchadas
dentro de una habitación
que lleva el nombre del difunto,
pero allí no hay azafatas
que repartan pastelitos de crema y café,
allí no hay un informático
intentando restarle arrugas
al contorno de un cactus con el photoshop,
allí solo hay una temperatura estable,
una vida estable,
una conversación bajo cero.
Un ruego.
Es la oración del hombre que compra fruta y la malvende,
es el semáforo cambiando de color
dentro de un cuaderno infantil,
son gotas para agrandar los ojos
o la pantalla miserable de un móvil.
Hay demasiado ruido dentro de esta ciudad sin pájaros.
Hay pocas mujeres griegas
que sepan lo que es tener los pechos
repletos de puñales
o un cordero sacrificado sobre la piedra.
Un eclipse.
Este poema, por ejemplo,
tu mano regresando a mi mano,
sábanas limpias en el interior de la pluma que te escribe,
el amor que se nos come a escasos centímetros.

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Los ojos de un puño

31628700600_a7055134ff_b(Imagen: Ubé)

los ojos de un puño

cómo cae el peso de las rosas sobre la tarde
de qué modo un niño crece sobre el pis de sus pantalones
no hay más que cerrar los ojos de un puño
para ver el mundo temblar
solo y amortajadito
adentro de una caja de fósforos
que arden con la gasolina del primer amor
cómo se asienta el plomo en el recuerdo
de qué modo las fotografías
se hacen sangre azul en el interior del pecho
pero fíjense no más
en la temperatura del hielo
en ese rostro de mujer dormida
que mira a través del cristal de un jamón
cómo de grande se hace la melancolía
de qué manera más triste cae hoy la lluvia
dense cuenta ahora
de aquel animal muerto
de qué modo su respiración nos acaricia

Algunos restos de la batalla

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ALGUNOS RESTOS DE LA BATALLA

Un cabello que busca el sol,
aquella falda que se arruga entre las piedras
y que perteneció a la mujer que ahora yace muerta,
boca-arriba
boca-cielo,
un espray para los mosquitos,
mosquitos acribillados cerca de la ventana,
la ventana tuerta,
el cristal mudo
y a la sombra,
a dos centímetros de una botella de ginebra,
unas bragas sucias,
un horizonte sucio,
una lluvia animal
lamiendo la piel de una naranja que se pudre,
un grito,
dos,
tres,
decenas,
millares,
un perro orinando en el paisaje de un poema,
sandalias,
restos de pan duro,
palomas picoteando la sien de una bombilla,
fuego pálido,
carne ahuyentando a las llamas,
maletas de color de rosa
sobre el color negro de la ceniza,
una escuela destruida,
un vientre que ruge,
dos,
tres,
decenas,
millares de vientres invocando al dios hambre,
una pluma de mujer,
un aliento dormido,
cartas,
abalorios,
un perfume a hiel
enredado a los ojos de las lámparas.

A todo pulmón

31615147724_2d94c845a5_z(Imagen : Ubé)

A TODO PULMÓN

no más el tiempo
tú y yo
(linda la tarde que se acaba)
aquel gato mordiendo sus propios bigotes a la sombra
no más tu pelo rozando el perfil asombrado de mis labios
una comba
o una soga
o aquel jarroncito donde se revuelcan las moscas de los muertos
no más la música de una flor caminando hacia el cielo
la lluvia no más
áspera
cabrona
como de puñal fino que cae sobre la seda y la destroza
no más nuestros alientos
nubes tóxicas
un animal que es otro hombre esperando tu abrazo
no más los celos
el fuego trepando por mi garganta
mi garganta sujetándose a la lástima
un alfiler que corre por mi sangre
y me saluda