Nada sucede

 Nada sucede(Imagen: Ubé)

Nada sucede

Nada sucede tras los muros de un hogar,
solo gente que pasa
y grita,
que desnuda un pensamiento
y lo cuelga en la boca azul de los tranvías,
que canta con la voz rota
cuando aún no ha salido el sol
y un meteorólogo
de Carolina del Norte
pronostica lluvia intensa.
Nada sucede que no haya sucedido ya,
un divorcio,
la loza esparcida por el suelo,
el hijo yonky frente al televisor,
una multa de tráfico,
un perfume en la nalga izquierda
de otra mujer que no es la suya.
Nada sucede,
los países continúan abrazados
a la melancolía de sus piedras,
Hay cajitas de música
donde los niños se creen la fuga de una mariposa.
Hay cárceles donde los hombres aspiran
a volar por encima de la cojera de una nube.
Nada sucede tras los muros del hogar,
solo capullos de cigarro lamiendo las cicatrices de un colchón,
solo una media sucia en la cesta de la ropa,
un reloj fúnebre que se sienta a esperar en el centro del amor más oscuro,
cadáveres de hermosísimas arañas en el interior de una billetera.
Pero, ¿y si llaman de pronto a las piernas desgastadas de un sueño?
¿Quién va a levantarse a abrir?

Sin título

(Imagen: Ubé)

Acurrucada en el silencio
pienso en cosas inútiles.
Me detengo en abril
amo el vuelo lento de las libélulas,
el sonido del tambor
hiriendo la tarde.
Acurrucada dentro de mis fotografías,
aquel retal de madre que se echa a perder al sol,
aquella caricia de tía amada que tiembla aún sobre mis trenzas.
Tardes en soledad
acurrucada en el abrazo hostil de mi habitación.
(Ayer)
danzaba,
levantaba sueños con mis manos rotas
acurrucada sobre el lomo de una canción muy triste
que hacía llorar a los relámpagos.
Sempre sola.
(Ayer aún)
unida a mis piedras,
buscando la cicatriz de la madrugada,
buscando la sábana infernal de la muerte,
besando un póster de Miguel Bosé,
huyendo de la maternidad estéril de mis muñecas.

 

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Tocar o ser tocado

(Imagen: Ubé)

TOCAR O SER TOCADO

 

Ese piano frenético,
Beethoven ardiendo
en el interior de la porcelana,
paisajes dispersos
dentro de un televisor
donde siempre aúllan
idénticos lobos.
Ese piano,
notas de color silvestre
que se meten en los agujeros de mi alma
y me ponen a bailar a solas
con el vacío de esta vida que no existe,
sin piernas,
sin brazos,
con la cabeza ida
hacia los continentes de la locura.
Ese piano
o
ese cuchillo de una mujer
que acaricia las teclas negras,
que hace trenzas
sobre el cristal blanco.
Momentos donde el lenguaje no alcanza
porque se rompe
o huye en mitad de sus harapos.
Esa lengua que no duerme,
que se descansa del peso
de todas las gramáticas
en un café que no se escribe
(no pensemos en sus letras
olvidemos la sombra de la C,
la vergüenza de la A,
la angustia de la F,
la antipatía de la E).
Ese piano,
mi alma puesta en pie
en los columpios de dios
dios amándose a si mismo
frente al espejo del tiempo,
el tiempo sacando su lengua de alabastro,
la tierra en llamas
en algún país,
un niño muerto
cerca de las alambradas,
América herida
en el sexo de un travesti,
España echándose la siesta
sobre la ternura de un asno.

Lenguas negras

(Imagen: Ubé)

LENGUAS NEGRAS

hablábamos de construir de nuevo la oscuridad
de resucitar la luz de un muerto
a la hora de la merienda
mientras las mujeres duermen
o intercambian trocitos de encaje y carne
hablábamos después de tanto silencio
y la lluvia
y más tarde el trueno
vino a darnos su abrazo animal
y algo rugió en la cocina
un plato melancólico
que acababa de encontrar telarañas en su corazón
hablábamos de la tierra
o la última sepultura de un traje
y ellas dormían
o se hacían las lagartas al sol mediano
cuando las moscas afilan su astucia
y le dan lametazos al cristal
hablábamos usted sentado en la avaricia del humo
yo apoyado en el seno de una lámpara
disertábamos sobre cosas inútiles
el paso del tiempo
la virginidad mordida de una muchacha
el campo agonizando lejos
o la ginebra cerca del labio
mientras el mundo giraba
en la estrechez acuática de su cintura
nosotros hablábamos
arreglábamos los asuntos políticos
arreglábamos los vientres estériles
el otoño tardío
o el tacataca de un anciano
no había nada más que hacer
que envolver de seda nuestras lenguas
y se hizo tarde
alguien llamó a la puerta
la cena estaba lista
y las mujeres entraron desnudas en tropel
todo era carne
y ruido dentro de la carne
y un perfume dulzón en el ambiente
y el ambiente denso
obeso
inhumano
y vertical
como cuchillo
o pedrada
hablábamos eso es todo
hasta que dejamos de hacerlo
y empezó la muerte a silbar

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De caminos que no existen

(Imagen: Ubé)

DE CAMINOS QUE NO EXISTEN

Desando.
Mis pasos sobre el agua triste de la ventana.
Ayer todo estaba en su orden,
la casa dentro de su piel,
la arruga en el ojo,
la abuela espesando las horas en el puchero.
Desando.
Hay lluvia dentro de mi camisa
que apaga las ganas de mi pecho en lento.
Me desando.
Me anudo al maullido de mi gata
que exclama en mayúscula su erotismo.
Ahora / Hoy / En este instante /
Dentro de este invierno
de familia que se arroja a los puentes del olvido.
Aire fresco pido,
calle en ruinas
o el corazón de una rosa
que se queda dormida en su ceniza.
Pero hoy me desando.
¿Hay alguna voz que acaricie mis huecos demenciales?
¿Algún lamento cerca que decida quedarse a la vera de mi sombra?
Sin luz ando /
desandada / apasionadamente sola /
con la sangre justa /
con el frío de dos.

Come on!

(Imagen: Ubé)

Come on!

y yo te dije hermano ven
dame un abrazo en esta tarde tan gris
dame un trozo de tu pan animal
dame una moneda de mujer
o alguien que sea capaz de limpiarme los zapatos
y yo te dije hermano
vamos
come on!
caminemos sobre el polvo de la vida
mira ahí adentro
donde mi boca es túnel
contempla los agujeros de mi alma
los trenes por los que siguen pasando
los capítulos enfermos de mi juventud
saluda hermano
di bye bye
y saca un pañuelito azul
y tósele al cielo
y pídele cuentas al diablo
y reza conmigo a todas las putas
que siguen pasando hambre
en una carretera
que siguen abriendo su carne a los patíbulos
y yo te dije
una moneda
o una birra
o una tapita de tortilla con papas
o una flor muerta en el jarrón
o la depresión del río Mississippi
o los negros jodidos en los telediarios
o el perfume a rosa podrida en el cuello de los pájaros
y yo te dije has de elegir hermano
y ahí se paró la noche

Luz de agosto

(Imagen: Ubé)

LUZ DE AGOSTO

Luz de agosto.
Mi mano sobre el alféizar.
Una manzana pudriéndose al sol.
La convención de la familia
bullendo lejos.
Un motel a oscuras
donde dos mujeres
intercambian de una lengua a otra
sus hormigas más terribles.
La plenitud de los cuarenta.
Las cuevas donde se abandona
el tesoro infantil de una niña.
(Su muñeca hecha trizas dentro de un armario)
Luz de agosto.
La procesión de las moscas
sobre el azúcar.
Casandra alborotada
al otro lado de su jaula.
Troya puesta en pie sobre
el grito del mar.
La muerte paseando su cabellera rubia.
La luna aullando de espaldas a su rubor.
Luz de agosto.
Casas que necesitan
una transfusión urgente de sangre.
Fotografías donde la guerra
siempre está sentada a la sombra.
Niños corriendo
tras las alambradas de agosto,
sin luz en el alma.
con el sebo de una Vela
que fue ayer París
o Cuzco.
Un poeta liando un cigarrillo
con el ala absorbente de una mariposa.
Risas.
Una cocina.
Pájaros que caen directamente en la sopa.
La abuela sorbiendo la música de un vals
sin salir de su habitación.
Su habitación tapiada a los peligros.
Luz de agosto
o Faulkner
dejándose caer a un charco
donde las putas
nadan con la ropa mordida.
Hollín dentro de un poema.
Un peluquero gay dentro de un poema.
Polvo de mujer en el interior de un poema.
Silencio en gramos de ciudad.