Instrucciones acerca del arte de tumbar la palabra

(Imagen: Ubé)

INSTRUCCIONES ACERCA DEL ARTE DE TUMBAR LA PALABRA

Tumbemos la palabra,
su peso en la noche de la voz,
sus jóvenes promesas literarias,
la flor que se muerde el rabo,
el llanto que camina sobre el vientre del pan.
Reunamos a los ladrones entorno a una joya lluviosa,
a un pétalo dormido de mujer.
Digamos piurhfjs
y echémonos a reír.
Estiremos el pelo de las sirenas dentro del mármol.
Tumbemos la sombra que nos hace la burla en los espejos.
Amemos los reportajes en sombra de las revistas,
las mujeres flacas que venden sus costillas por un euro
y un bocadillo de soledad.
Amemos los paisajes sentimentales que huyen de las manos,
los tabiques donde los insectos crecen en arrogancia y en asco.
Tumbemos la casa,
la infancia,
el diente último,
el muerto primero.
Acostemos el verbo,
que alguien lo ponga a fornicar con un poeta de luna creciente,
sin música ni lencería en los bolsillos.
Inclinemos la balanza.
Pesemos el alma junto a la pluma de pescar amantes o resfriados.
Hagamos la colada.
Colguemos la verdura de un hilo.
Tengamos hijos y soldados y supositorios y linternas automáticas.
Declamemos versos como si un enano
estuviese lamiendo el sexo de nuestro motor mental.
Hay que desintoxicarse del mundo.
Arranquemos los enchufes que unen a una madre a su hijo.
Hagamos que nuestro perro entre en un supermercado y robe la carne en oferta.
Desatendamos las labores del hogar.
Bordemos horas,
sentimientos,
heridas cuando la tarde cae y agoniza el café sobre el pecho de una magdalena.
Leamos.
Pronunciemos la palabra azul
o cisne dentro de un muro de metacrilato.
Seamos amigos,
extraterrestres,
secretarias de una empresa que mata armiños y regalos de navidad.
Amemos el amor que no existe.
Convirtámonos en heroínas,
en cucharita de plata,
en caricia  suave sobre el rostro tremebundo de un lobo.
Tumbemos el silencio que ensordece.
Acariciemos las pistolas que aún pronuncian el nombre de sus víctimas.
Seamos tiranos y fabriquemos misiles de ceniza y mar.
Hagamos cola en el interior de un puti club.
Pongamos nuestros sueños frente a ese paredón llamado capitalismo.

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Leuret Connection

En el nº 10 de la revista de cultura TUROLENSES, editada por el Instituto de Estudios Turolenses y la Diputación de Teruel, aparece publicado estos cantos poéticos titulados “Leuret Connection”.

Agradezco a Toni Losantos que haya contado conmigo en esta ocasión para la revista. La ilustración es de Rafael Muñoz Bertolín.

Espero que os gusten.

LEURET CONECTION
Angélica Morales

CANTO I

Sobre el lecho del río Turia danza el resplandor de los amantes.
Hace cuarenta grados en punto de amor en sombra.
Alguien jura haber visto a mi abuelo Antonio “El churripín”
masticar tabaco de flores en el interior de su tumba.
En la cara B de facebook
(distrito de New Orleans, misma laxitud bajo la tierra /
idéntico perfume a rosa decapitada en la ciudad)
una negra sin nombre le canta una jota a la letra G.

CANTO II

No son las murallas de Troya desde las que aquella muchacha llamada Helen
saluda a la multitud.
Es un puesto de fruta en el mercado de Leuret.
Es una tarde de agosto con los Arcos fríos,
con la lluvia cayendo lenta hacia la boca de alguien que, a lo lejos,
grita que el enemigo ha vuelto.
Un turista se hace un selfie en el mismo instante en que la ciudad se pone a arder en las postales.
Pero Helen saluda. Pero Helen arroja hacia detrás los potros de su cabello.
Pero Helen se sienta en el corazón insomne de una piedra
y se abanica las moscas muertas caídas en la batalla.
No hay mar en Leuret, y sin embargo, se escucha el rugido de su calavera.

CANTO III

Grave,
este silencio de tambor que hiere la madrugada.
Junto a la ventana que ya no existe, las niñas grandes bordan su sangre al sol.
Hablamos de una calle dormida en su ignorancia
(pongamos Menas de los Arcos número nueve).
Hablamos de la memoria de una anciana que junto al fuego conversa con las espinas del amor.
(La mujer podría llamarse Señora Máxima y medir apenas unos centímetros de ternura)
Grave,
la literatura en el fondo de un cajón,
mis manos convirtiendo en polvo azul el peso de este poema.
Hablamos de la infancia galopando sobre la herida.
Hablamos de la nevada dentro del pecho.
Hablamos de un bombardeo a las puertas de Siria
o de un ramillete de golondrinas aullando a los pies de mi boca.

CANTO IV

¡Oh extranjera de mí!
¡Oh pobre Medea Morales!
Caminas del vientre de un verbo que ya fue,
a los patíbulos del hambre en el interior de una pantalla pornográfica
que ahora no es más que un spam en obras.
Dicen que Leuret te nombra.
Dicen que todavía allí hay alguna rosa enloquecida que guarda los huecos de su crimen para ti.
¡Oh extranjera de mí!
Sin vestidos sentimentales a los que poderme aferrar,
con la carne cruda de mis fotografías entre los dientes,
con el vacío circunstancial del agua o la ginebra del viento o la hojarasca,
de una horda de muertos perfumados de hollín
que golpean en primavera el cristal submarino de mis ojos.

CANTO V

Entre dos mundos me desando.
Entre la cabellera loca de una cuesta infantil y la luz pop de un bar en la zona.
Hay maneras de seguir respirando estando muerta.
Hay gestos dentro del vacío de un espejo que aún pueden devolverme la juventud.
Siguen existiendo callejones oscuros dentro del blue jeans,
cielos con el televisor roto que escupen cuchillos saludables
para mi cutis de mujer enfermiza en el mapa de una oración.

CANTO VI

Digo casa en su ceniza.
Digo abuela AN-GE-LA bajo el silencio de un albaricoque.
Digo Lorca edificando cisnes en la boca de un metro.
Digo Leuret y sus mujeres en guerra.
Digo fragmento de un pájaro puesto a hervir sobre los lienzos,
luna huyendo de su destino musical,
dentellada de amor en el seno helado de una película.

La publicación original podéis consultarla en este enlace tal y como aparece publicado en la revista TUROLENSES.

 

La gente buena

(Imagen: Ubé)

LA GENTE BUENA

La gente buena es pobre y tiembla,
y usa guantes de cartón,
y fuma pedacitos de espuma
o saliva o algún insecto
que sin querer,
ha caído en sus labios.
La gente buena posee la belleza de un animal manso,
lo mira todo con sus dos ojos de fuego,
acoge lo oscuro y lo mece,
le da de comer la historia en fascículos de su sangre.
La gente buena no existe,
es un cuento que alguien vino a decir
a cambio de un poco de whisky,
a cambio de pellizcar el sexo de alguna niña
(o el pan, ya no se recuerda).
La gente buena no dispone de cuenta corriente,
ni de agua limpia quemando la piel.
No bebe leche,
la sueña o la dibuja,
y tiene una casa que se cae,
una lluvia persistente en la memoria,
algún retrato sin color
o una cicatriz que lo abre de parte a parte.

H2O (Nota fría)

(Imagen: Ubé)

(En un banquito al sol, en el mes de noviembre, en Huesca, al lado de un contenedor,
junto a un bote tirado en el suelo, junto al agua de la fuente que se ha quedado muda por el frío,
en una calle, en un rincón con sol chiquito, encima de mi cuaderno, en el ojo de un tiempo que no existe)

 – Te digo poesía en mi cuaderno.
– Te anoto el rayo de la lengua que siempre es incierto y siempre esquivo.
– Te pido fuego para prender un cigarro, fuego para incendiar el mundo o una casa, sabes que me conformo.
– Te digo: “Pasa una mujer hermosa”, pero miento.
– Te digo que no recuerdo las canciones y sin embargo sé silbar con el perfil de mis huecos.
– Te digo que moriremos todos mañana, que mañana es una invención, que mañana no sé si será invierno o si seguirá existiendo este banquito al sol.
Después agarraremos la palabra y la arrojaremos al suelo para que vuele (te digo).
– Te digo: ¿Has sacado hoy a pasear a la ceniza?
– He comprado helado de agosto para este invierno tan grave.
– No, no soy madre, ni padre, ni político. Seré anciano mañana, pero mañana es hoy o ahora o antes incluso de tumbar la palabra “nañama” sobre el manto púrpura de los verbos.
– Te dices poeta.
– Te dices mendigo.
– Te dices flor desplegando el cuchillo de cualquier melodía.
– He rascado mi bolsillo y no hay nada. Monedas no. Billetes no. Sólo una destrucción líquida del mundo en su infancia más podrida.
– Te digo “ Ese anciano cree que me prostituyo en este banquito al sol”.
– Yo le dije al anciano: “Vaya a mamar el pico de los cisnes”.
– Te digo: “ Los cisnes no saben que son cisnes, se creen ancianos en busca de poetas a las que poder lamer el agua del seso.

 

L’ Horreur

(Imagen: Ubé)

 

L’ Horreur

Mar mío,
amor mío,
temperatura mía sobre el cristal efímero del amor.
Abro la boca y nace una tristeza,
las espinas de una rosa que toma el bus número 45.
Lluvia mía,
climatología adversa mía.
Abro mi pecho y asoma su cabeza un otoño
de Tarantos y epilepsias,
raíces con dientes que mastican las piedras que conducen hacia mi corazón.
Tormenta mía,
verso mío,
habitación en penumbra repleta de arañas mansas
que miran la vida pasar,
sin fiebre ni motor.
Cambio climático mío,
mapas de plasma mío,
huracanes,
tsunamis,
niños ahogados en los telediarios,
venid con mamá.
Soy Lulú la esquizofrénica.
Soy Matilde la científica.
Soy Eleonora,
la que sabe coser cicatrices en los capítulos más viejos de la historia
y después se orina sobre el horror de los hombres.

Abre ahí

(Imagen: Ubé)

ABRE AHÍ

Es ahora,
lo bello del instante.
Es la carne y su ausencia sobre las aceras.
Es la criatura que llora y busca en el aire
el pezón de los árboles.
Es la rapidez,
la falta de calma o de dinero.
Es la ciudad contaminada,
manadas de hombres volando alrededor de las alcantarillas,
abriendo su boca de fusil
para escupir mariposas con las alas cubiertas de esmeraldas y alcohol de quemar.
Es ahora,
(mami tú si que sabes)
una negra que muerde la virginidad de un vinilo,
(mami abre ahí)
una negra que apuñala las violetas de su pecho
para que caiga la lluvia
o la leche
o los burros que han de arar con el filo de sus orejas
una tierra bárbara y que se enluta a las cinco.
Es ahora,
apartar los ojos de las buenas costumbres,
de aquel pisito en el Coso donde las estudiantes sacan a pasear
su ignorancia,
donde su esqueleto bebe zumo de ginebra
y baila sobre la tumba de una cama de bien.
Es ahora,
la música del amor lejos,
la comprensión lejos,
niños alborotando el misterio de una película,
ancianas refregando su sexo
contra el hielo y la desesperación.
Podríamos gritar ahora,
(everybody)
podríamos rociar de semen amarillo los mostradores de una boutique
para que los maniquis regresen al plástico de su vida,
a la muerte de todos sus latidos.
Es ahora,
hombres,
mujeres,
la herida de una bicicleta que desde el balcón levanta su silencio
y clama al cielo pidiendo pan y una inyección de gatos diseminados.
Es ahora,
la nunca pervertida en una habitación en Roma
donde dos hormigas yonkis
juegan a desnudar su amor
sobre una magdalena.

Enrique Gracia Trinidad y Soledad Serrano leen poemas de Angélica Morales

El pasado 18 de octubre, en la Biblioteca Municipal de Coslada (Madrid), un amigo y gran poeta, Enrique Gracia Trinidad y su compañera de vida y aventuras literarias Soledad Serrano, leyeron algunos de mis poemas. Ambos llevan años mimando y dando la voz a grandes y noveles poetas en teatros y otros centros culturales de toda España.

Para mí es un honor que eligieran fragmentos de mi obra para compartir con los lectores y oyentes. La lectura es esquisita y sobre todo está hecha con mucho amor.
Me ha resultado extraño escuchar mis versos en otras voces, tal acostumbrada como estoy a declamarlos yo misma. Lo cierto es que me ha hecho sentirlos de otra manera completamente nueva.

Desde aquí mi agradecimiento a ambos y espero que puedan seguir haciendo por mucho tiempo esta gran labor.

Os dejo una foto de Enrique y mía cuando tuve la suerte de conocerlo en el XVIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos de Salamanca.