Correspondencia íntima

(Imagen: Ubé)

CORRESPONDENCIA ÍNTIMA

Querida mente:
Esta noche hacía demasiado sol para pensar en escribir.
así que he abierto la ventana y he dejado que un pájaro desconocido picoteara mis ojos.
Lo ha hecho con tanto amor, mente mía.
Me han dado ganas de abrazarlo contra mi pecho,
de hundir su hambre en mi corazón para siempre,
hasta que su aliento o su calor se apagara en mí y así poder volver a empezar.
Deja que te cuente que estoy abandonando la costumbre de tomar café,
que me molesta el ruido impar de las motocicletas,
que mañana voy a alistarme en cualquier guerra
para poder hacer de vientre en las fronteras
o plantar una galaxia de flores a los pies de una tumba hermana.
Querida mente, mis palabras giran como esa grúa que ahora le da la vuelta a todas sus piedras,
gira como los satélites o las mentiras,
gira como la fiebre de un niño en mitad de los columpios.
Y no me preguntes a qué viene esta mala caligrafía,
este escribir a manos llenas.
Es posible que en algún momento me haya nacido
una pluma infernal dentro de la garganta
y por eso me veo obligada a escupir acciones que no pasan.
Querida mente,
ser poeta con trenzas largas es agotador,
querer llevarse a la boca las migas de un poema es tan complicado
como cambiar de sexo por unos minutos.
Me gustaría tener más vidas que un gato azul,
poder contar con los dedos que me faltan todas mis muertes,
desdoblar los pétalos de mi cuerpo para verme llegar a lo lejos,
descender de un tren o de una jaula,
darme de comer a mi misma difuntos,
seguir respirando sueños en esta tumba que llamo hogar.

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