Lamentaciones en la habitación secreta de Mishima

(Imagen: Ubé)

Lamentaciones en la habitación secreta de Mishima

ay del centenar de palabras mansas que me miran
de su hambre de cristal y aplauso
de su vivienda cara
a orillas del lago capital
ay de las obras maestras que se apolillan arriba de la vena aorta
arriba de un armario confeccionado con huesos de tiburón
ay de la palabra real
y pobre
de la vivencia más vivida
del gesto antinatural de lo cotidiano

Dos poemas del poeta danés L. Ponwski

(Imagen: Ubé)

LA SEDA EN SOMBRA

(a Yukio Mishima)

El niño ama a la anciana
que escribe versos,
bebe té de tomate
y se limpia el jugo
con sus bragas.
El niño tiene la tez pálida
y un botón
que muerde
bajo su pecho.
El niño ama los insectos.
Se los come despacio,
mientras la anciana
trenza palabras.
El niño no despierta.
Se queda quieto
frente a la tela.
El niño es suave
y breve
como la tarde,
y su sexo
crece
sin él
en mitad
de un plato
de cerezos.

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DESDE CUALQUIER RINCÓN

Al hombre que viaja
le escribo,
al hombre que columpia sus huesos
en un jardín de sal.
Hombre aún bajo su camisa de espuma.
Y he aquí que viajar es huir,
correr desnudo
entre la hojarasca de un verso,
ver nevar en tus pies
(¡a comeeer!)
grita una voz inhumana.
Comer o masticar al hombre que viaja,
que se columpia,
que se asoma al mar desde un botón.
A ti, hombre o silla o pluma
o cola de gato que se agita ante la mirada
indiferente de una dama
le escribo
(¡a comeeer!)
grita una voz inhumana.
Ver mundo,
escribir en el fondo
de una cuchara un nombre
cualquier nombre
(¡a comeeer!)
vuelve la voz inhumana.
Comer es viajar,
hacer migas con las grietas
de una casa,
visitar el agua en una lápida
comeeer
a
grit
a
grit
a
in
hum
ana
vo
z