Júpiter amontona las nubes sobre una mesa de Blackjack

blackjack (imagen Ubé)(Imagen: Ubé)

JÚPITER AMONTONA LAS NUBES SOBRE UNA MESA DE BLACKJACK

¿Dónde están las nubes que con tanto ahínco
amontonaba Júpiter?
Una y otra vez cargando con el dolor humano,
poniendo al fuego el llanto de las mujeres,
escupiendo flores tardías sobre una guerra que no acaba.
¿Dónde están las diosas limpias,
sus bragas musicales cayendo sobre la ciudad una tarde de agosto?
Hay carne humana en los platos de Dios.
Hay fruta podrida entre los dientes de una virgen
que acaba de sacrificar su pubis a la lengua del viento.
¿Dónde están las nubes que caían como plomo
sobre la historia?
¿En qué paisaje lunático las hace Júpiter crecer?
¿En qué lugar se tumban las cabezas de los viejos
que sueñan con la muerte de Dios?
¿Por qué las nubes no gritan?
¿Por qué no se rebelan contra la orden déspota de un dios
que dormita a la sombra del mundo
y no conoce la compasión?
Una y otra vez esa lluvia de nubes eléctricas,
el trueno sacando pecho en la tormenta,
la tormenta haciendo el amor con el silencio travestido de una araña.
¿Dónde se pueden comprar esas nubes que todo lo vieron,
que todo lo tocaron,
que todo lo llevaron a esta hermosa destrucción?

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