Viajeros al tren

(Imagen: Ubé)

VIAJEROS AL TREN

viajeros al tren
el tren de porcelana
el tren de pajarito que se achicharra
en las aceras de la soledad
viajeros al tren
hombres y mujeres con su espalda de mula
torciendo el gesto los domingos
toneladas de pizza haciendo nido en la garganta
flores de metal que crecen entre sus dedos
para agarrar las letras en una pantalla de ordenador
pero el ordenador se resiste y ríe
ríe y abre sus piernas de muñequita sutil
viajeros al tren
el tren que penetra en las trenzas de Austria
Austria como una nación de insectos
que se peinan el mar frente a una idea
la idea como rosa apasionada
como reducto donde los amantes
fornican con los dientes cerrados al amor
viajeros al tren
días que son en realidad bolsas de basura
niños descalzos
haciéndose pasar por perros
cerca de un contenedor
aquella anciana
que acaricia la cintura de una bicicleta estática en el balcón
que espera la llegada en llamas de los hijos
pero los hijos son solo un retrato en la pared
polvo de araña tomando altura más arriba de las lámparas
viajeros al tren
ahora hay que hacer los deberes
hay que hacer un hijo
hay que edificar un hotel en la lengua de la playa
viajeros al tren
pero hay cárceles de hielo para todo aquel
que no deposita su alma en las balanzas
para los políticos que toman el sol
en las costas de un planeta
dormido en la otra cara de la luna
viajeros al tren
un póster donde Bob Dylan alarga la voz
y el perfume de su estómago
una cajita de música donde baila
aquella dependienta del corte inglés
que está rota de un pie
esa aspirina que viaja
hacia la melancolía de sus nudos

Mapa Mudi

(Imagen: Ubé)

MAPA MUDI

ocurre que no estás en ninguna parte
que hay calles marchitas
que apuntan hacia el fuego de tu corazón
y sin embargo nadie
ni en tu sangre
ni adentro de una lágrima
no estás en el bullicio de la calle
ni en la flor natural de una alambrada
ocurre que tu nombre es himno en las tinieblas
que ayer tenías una casa
que hoy habita el centro del olvido
ocurre que pasan siglos
trazos de carmín sobre el cristal del agua
uñas arañando el retrato de una mujer parecida a ti
oh nebulosa
ladina
impar diosa
tu venganza es implacable
y te desnudas adentro del sexo de una oración
mientras las damas
depositan monedas sobre el filo de un cuchillo
y el tambor ruge
para herir la calma de la tarde
ocurre que estás en otra tierra distinta
que tu animal ha huido con tus maletas de hembra
que no hay arroz ni árboles
ni pájaros que llevarse a la boca
solo hambre de lo oscuro
y una muchachita rubia
haciendo rap con la suciedad de sus bragas
ocurre que ni tú ni yo
volveremos a encontrarnos dentro del poema
porque yo no existo
y tú eres solo un invención

Decir nieve o vacío

Decir nieve, obra de Ubé(Imagen: Ubé)

 

DECIR NIEVE O VACÍO

de todos modos la nieve no existe
es solo el vacío de una palabra que cae hacia ninguna parte
es sólo la cáscara dura de la lluvia cuando se tiende a soñar
es solo la promesa del llanto que no arriba
la sangre helada de un atardecer sin amantes
de todos modos la nieve no habla
no sabe defenderse de su propio dolor
ni sabe arrojar piedras sobre su pecho
no conoce los animales que aúllan arriba del cielo negro
ni el motor del hombre que pone en marcha la guerra de su especie
de todos modos la nieve huye de su propia blancura
se rasga los vestidos de su perfume
se construye una guarida en lo hondo de la luz que acaba cegándola
de todos modos la nieve anuda su voz a los patíbulos
es solo silencio
es solo martirio para las hormigas que no supieron despertar al ruido de su belleza
es solo canto en el poema
noventa grados de ebullición insólita dentro de las postales
de todos modos decir nieve es decir gloria bendita
o muerte
es decir risa maligna en los labios de un cuervo
es decir autopista repleta de cadáveres
o barcos panza arriba
después de todo la nieve solo es cuento
Frankestein desnudo con el sexo en flor
dentro de una bola de cristal que pide auxilio

Júpiter amontona las nubes sobre una mesa de Blackjack

blackjack (imagen Ubé)(Imagen: Ubé)

JÚPITER AMONTONA LAS NUBES SOBRE UNA MESA DE BLACKJACK

¿Dónde están las nubes que con tanto ahínco
amontonaba Júpiter?
Una y otra vez cargando con el dolor humano,
poniendo al fuego el llanto de las mujeres,
escupiendo flores tardías sobre una guerra que no acaba.
¿Dónde están las diosas limpias,
sus bragas musicales cayendo sobre la ciudad una tarde de agosto?
Hay carne humana en los platos de Dios.
Hay fruta podrida entre los dientes de una virgen
que acaba de sacrificar su pubis a la lengua del viento.
¿Dónde están las nubes que caían como plomo
sobre la historia?
¿En qué paisaje lunático las hace Júpiter crecer?
¿En qué lugar se tumban las cabezas de los viejos
que sueñan con la muerte de Dios?
¿Por qué las nubes no gritan?
¿Por qué no se rebelan contra la orden déspota de un dios
que dormita a la sombra del mundo
y no conoce la compasión?
Una y otra vez esa lluvia de nubes eléctricas,
el trueno sacando pecho en la tormenta,
la tormenta haciendo el amor con el silencio travestido de una araña.
¿Dónde se pueden comprar esas nubes que todo lo vieron,
que todo lo tocaron,
que todo lo llevaron a esta hermosa destrucción?

Divagaciones en Berlín

32011238624_37787e8eb6_z(Imagen: Ubé)

DIVAGACIONES EN BERLÍN

(A mi amado Ubé)

Un abandono,
es decir,
tu mano en silencio junto a la mía.
Hay gotas de lluvia que empiezan a enfermar en la ventana,
¿las ves?
Puede que sean peregrinos de otro país,
almas sin patria que pierden el agua de su sangre
mientras intentan atravesar las alambradas.
Un gesto de tu nariz,
como si el mundo hubiese cambiado de perfume
y ahora todos los animales tiernos se pusieran a temblar
bajo la hoja de un poema.
El mundo gira,
da vueltas en los ojos tristes de un ciervo
que no sabe lo que significa morir
y está herido en el bajo vientre.
Un episodio dramático,
piensa en un féretro,
piensa en el cristal que envuelve la muerte,
en el aire acondicionado
que acaricia los pétalos de las flores frescas
que van a morir.
Hay mujeres con las piernas hinchadas
dentro de una habitación
que lleva el nombre del difunto,
pero allí no hay azafatas
que repartan pastelitos de crema y café,
allí no hay un informático
intentando restarle arrugas
al contorno de un cactus con el photoshop,
allí solo hay una temperatura estable,
una vida estable,
una conversación bajo cero.
Un ruego.
Es la oración del hombre que compra fruta y la malvende,
es el semáforo cambiando de color
dentro de un cuaderno infantil,
son gotas para agrandar los ojos
o la pantalla miserable de un móvil.
Hay demasiado ruido dentro de esta ciudad sin pájaros.
Hay pocas mujeres griegas
que sepan lo que es tener los pechos
repletos de puñales
o un cordero sacrificado sobre la piedra.
Un eclipse.
Este poema, por ejemplo,
tu mano regresando a mi mano,
sábanas limpias en el interior de la pluma que te escribe,
el amor que se nos come a escasos centímetros.

Guardar

Hécuba habla frente a un café en la ciudad de Chicago

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HÉCUBA HABLA FRENTE A UN CAFÉ EN LA CIUDAD DE CHICAGO

Fui reina.
Fui niña asomada a la ventana de un enigma,
sufriendo en soledad por los asuntos trágicos que habrían de venir.
Porque siempre hay mares que traen barcos que llevan un puñal entre los mástiles.
Y yo era reina puesta en pie contra mi propia sangre,
y ahora solo soy pájaro
caído,
abatido por la sombra y la ruina
y el mordisco de la noche.
Hay playas dentro de mi corazón que están repletas de gritos,
olas que patalean mi vientre
cuando el sol escupe flechas y fuego
y mi tierra arde bajo las lámparas de la guerra.
Yo,
que fui niña amada por los dioses,
que llenaba de perfume de rosas
todas las atmósferas de mi palacio animal,
mi palacio como ceniza
o destrucción ahora,
como un lugar extranjero que escupe mi nombre
y echa el cierre a la cobardía.
Nunca más veré la tierra que me vio nacer.
Nunca más habré de sostener el pulso de una corona sobre mi pubis,
ni sentir el peso del misterio sobre mis trenzas.
Porque hoy solo me queda
la mentira,
el exilio,
los harapos de esta piel de niña avejentada
que naufraga entre los puertos de la vida.
Hace la historia historia dentro del barro, ahora lo sé.
Por eso remo hacia los jardines de otra patria
y busco la vida donde la muerte me busca.
Yo,
la reina en otro tiempo de Troya,
la mujer que caminaba erguida
y besaba la lengua de todos los fuegos.
Y tú,
mi tierra,
mi sangre,
mi mal,
la música del miedo que no calla,
muerta ya y enloquecida.

 

Los puentes de niebla

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Los puentes de niebla

podemos intentarlo
abaratar los parques y los ancianos
hacer un crucero rápido de las madrugadas
llegar
verte
oler el perfume a orina de tu pantalón
podemos intentar borrar los años frente al espejo
romper las fuentes
gritar la ausencia de una madre
es posible que reuniendo fuerzas y espinas y alcohol de rosa
podamos seguir hacia adelante
con los muertos atrás mandándonos un saludo con su pañuelito de mar
con la ceniza a un lado del camino
la ceniza de una casa
o de un cigarrillo
o de una mariposa que escupe nuestros nombres
y después señala hacia la oscuridad