Sin título

(Imagen: Ubé)

tantito así
y hay luna gorda
como tus pechos
y está cachonda
y se le ve la baba sobrevolando la luz
tantito así
tu pie ahora sobre el barro
tu pie ahora desnudándose de tu pie
mientras el aire se pone interesante
y un poeta fuma dándole la espalda a la ventana
tantito así
la espera
la compasión
los atentados terroristas
la ternura de un animal cayendo sobre sus patas
en el corazón del mármol
tantito así
el sacrificio humano
aquella planta que respira por tu boca
un viaje al fin de los abismos
pequeños pasillos repletos de gente enferma
que intercambia bolsas chiquitas de sangre
o cromos de la tercera guerra mundial
tantito así
ahora dobla la columna
ahora mira a la cámara
ahora moja tus labios
ahora hazte una herida en puro directo
ahora el luto
el gemido
las antenas parabólicas
una pantalla de ordenador
tantito así
y he aquí que internet es una bomba atómica que se expande
o una puta abierta de piernas
en una habitación donde sobran los capítulos tristes
tantito así
un suspiro
un helado
las aceras vomitando búfalos
tantito así
mira ese reloj
tic tac
tic tac
está hecho de tu carne
mira esa fotografía
la tomamos un martes muy santo
tú y yo
después de besarnos
con la lengua seca y las moscas
era una reserva de hombres blancos
inmaculados
con los dientes nuevos y colocados
en perfecto orden sobre un ataúd
tú estabas cansada y dejé grabando el móvil
luego salió una película de terror muy antigua
del 2019 aproximadamente
tantito así
alzar el alma en lento
(su idea / Spinoza dixit)
y contemplar la angustia de la nieve
sobre los tejados

Cosas que empiezan por a

(Imagen: Ubé)

cosas que empiezan por a
abecedario
abracadabra (plas / plas)
amanecer
anestesia
alcanzar (tomar prestado un cinturón que arde / la fiebre de un animal que te persigue)
atleta
anatema
asceta
arácnido (un sueño dentro de lo oscuro / un nido / un banco / un hogar con hipoteca)
atardecer
aleluya (o Leonard Cohen ajustando las piedras de su voz)
alfombra mágica
alambrada (un puñado de niños rezando dentro de su carne muerta)
almirante
alcantarilla
amor (o serpiente crucificada en círculo)
alergia (a los muchachos rubios / a la peste en Venecia cuando se encuentra dormida)
alegría (pensemos en un prado de margaritas masturbando sus hojas al sol)
atropello (un escaño vendido en el parlamento / un sombrero cuadriculado / un tanque partiendo en dos la madrugada)
álgido (un seno / la curva de su dolor / el perfume de violetas apuntando hacia las cárceles)
acatar
asombrar (un circo / una bicicleta acuática / la pecera donde un hombre desnuda sus miserias)
acostarse (con el hombre / con la sombra del hombre / con la mujer / con las botas en punta de la mujer)
aceptar (una flecha de agua que señala hacia las grietas del cielo / una composición de Mahler abriendo las enaguas del mar)
algunas cosas que nunca están cuando las necesitas (una madre / un columpio / una oración en el idioma de las mariposas)

Arder

(Imagen: Ubé)

Arder

Deje que le hable de Teresita,
la de los pechos ebrios,
que le diga que ayer mismo
vino el cura
a cerrarle los ojos.
Teresita que murió hundida en el océano de los sueños
y un sudor manso
que se la comía a ratos,
mientras el sol se escondía tras la persiana
y una vieja mojaba sus labios en vinagre.
Teresita se fue, mijo,
se ausentó de la tierra
llevándose una sábana vieja
y una flor dormida en su regazo.
Ni dijo adiós siquiera.
Ni levantó la mano
para espantar a los murciélagos que la velaban.
Nada,
solo un aire muy sucio que dejó escapar por sus labios de lagartija,
solo sus pechos hirviendo en el interior de las tinieblas,
como si llevase dentro un panal de abejas encendidas
zumbando de amor o resistiendo al miedo.
Se nos fue, mijo.
Teresita la soplona.
Teresita la de los ojos bizcos.
Teresita sin pudor allí, en la infancia,
cuando jugaba a ser madre de tres conejos
y usted le metía la mano por debajo de la falda
y encontraba allí estrellas de mar y mariposas muertas.

Oymyakon o Las madres más frías del mundo

(Imagen: Ubé)

OYMYAKON O LAS MADRES MAS FRÍAS DEL MUNDO

En la calle hielo,
pisadas blancas de mujeres
que regresan al hogar blanco.
Otoño,
invierno,
verano,
primavera.
Cualquier estación
es una herida blanca que se desangra.
Las mujeres aman a setenta y dos grados bajo cero.
Nunca desnudan sus cuerpos,
se deslizan raudas bajo las mantas
y allí se dehacen de su ropa interior,
abren sus piernas
y dejan que sus dientes comiencen a castañear.
(Se llama música del Russki Chai)
Sus dientes parecen cuentas de marfil melancólico,
una deuda de Dios sobre el agua que se olvida
durante los inviernos.
No tienen hijos,
alquilan sus óvulos al mejor postor,
en países cálidos donde otras mujeres blancas
sueñan con la maternidad.
Las mujeres de Oymyakon no quieren ser madres,
son animales cilíndricos con el vientre disecado al sol.
Alguien vendrá mañana
para regar su jardín muerto
con un puñado de billetes.
Alguien extenderá frente a sus ojos azul petróleo
un contrato para tomar prestada su fertilidad.
En la calle hielo,
en su cabeza infancias de hielo,
en su corazón joyas de hielo sentimental
haciendo nido sobre el rostro blanquecino de un niño
que nunca besará el termómetro roto de sus pezones.
Otoño,
invierno,
primavera,
veranos largos que se ahogan en la sal,
flores silenciosas que echan raíz en el vodka.

Nada sucede

 Nada sucede(Imagen: Ubé)

Nada sucede

Nada sucede tras los muros de un hogar,
solo gente que pasa
y grita,
que desnuda un pensamiento
y lo cuelga en la boca azul de los tranvías,
que canta con la voz rota
cuando aún no ha salido el sol
y un meteorólogo
de Carolina del Norte
pronostica lluvia intensa.
Nada sucede que no haya sucedido ya,
un divorcio,
la loza esparcida por el suelo,
el hijo yonky frente al televisor,
una multa de tráfico,
un perfume en la nalga izquierda
de otra mujer que no es la suya.
Nada sucede,
los países continúan abrazados
a la melancolía de sus piedras,
Hay cajitas de música
donde los niños se creen la fuga de una mariposa.
Hay cárceles donde los hombres aspiran
a volar por encima de la cojera de una nube.
Nada sucede tras los muros del hogar,
solo capullos de cigarro lamiendo las cicatrices de un colchón,
solo una media sucia en la cesta de la ropa,
un reloj fúnebre que se sienta a esperar en el centro del amor más oscuro,
cadáveres de hermosísimas arañas en el interior de una billetera.
Pero, ¿y si llaman de pronto a las piernas desgastadas de un sueño?
¿Quién va a levantarse a abrir?

Sin título

(Imagen: Ubé)

Acurrucada en el silencio
pienso en cosas inútiles.
Me detengo en abril
amo el vuelo lento de las libélulas,
el sonido del tambor
hiriendo la tarde.
Acurrucada dentro de mis fotografías,
aquel retal de madre que se echa a perder al sol,
aquella caricia de tía amada que tiembla aún sobre mis trenzas.
Tardes en soledad
acurrucada en el abrazo hostil de mi habitación.
(Ayer)
danzaba,
levantaba sueños con mis manos rotas
acurrucada sobre el lomo de una canción muy triste
que hacía llorar a los relámpagos.
Sempre sola.
(Ayer aún)
unida a mis piedras,
buscando la cicatriz de la madrugada,
buscando la sábana infernal de la muerte,
besando un póster de Miguel Bosé,
huyendo de la maternidad estéril de mis muñecas.

 

Guardar

Tocar o ser tocado

(Imagen: Ubé)

TOCAR O SER TOCADO

 

Ese piano frenético,
Beethoven ardiendo
en el interior de la porcelana,
paisajes dispersos
dentro de un televisor
donde siempre aúllan
idénticos lobos.
Ese piano,
notas de color silvestre
que se meten en los agujeros de mi alma
y me ponen a bailar a solas
con el vacío de esta vida que no existe,
sin piernas,
sin brazos,
con la cabeza ida
hacia los continentes de la locura.
Ese piano
o
ese cuchillo de una mujer
que acaricia las teclas negras,
que hace trenzas
sobre el cristal blanco.
Momentos donde el lenguaje no alcanza
porque se rompe
o huye en mitad de sus harapos.
Esa lengua que no duerme,
que se descansa del peso
de todas las gramáticas
en un café que no se escribe
(no pensemos en sus letras
olvidemos la sombra de la C,
la vergüenza de la A,
la angustia de la F,
la antipatía de la E).
Ese piano,
mi alma puesta en pie
en los columpios de dios
dios amándose a si mismo
frente al espejo del tiempo,
el tiempo sacando su lengua de alabastro,
la tierra en llamas
en algún país,
un niño muerto
cerca de las alambradas,
América herida
en el sexo de un travesti,
España echándose la siesta
sobre la ternura de un asno.