El rapto

Imagen: Ubé
EL RAPTO

Angélica no acepta el desorden de las horas,
la persecución de sus amantes.
Prefiere tumbarse sobre las cosas que han de venir,
sobre el fondo de una cáscara purísima
que ha de devolverla al hielo de su nombre.

Angélica vuela estando en pie.
Tiene alas de humo 
y medianoche 
y la mirada muy azul,
como si se hubiera comido la tristeza serena de un océano.
No admite treguas ni domingos,
ni aquella trenza infantil que la sujetaba al rezo.

Angélica es libre 
y desata potros 
y ataúdes en el interior de su sangre.
Da un paso y otro paso hacia la destrucción del amor,
hacia aquella silla de metacrilato 
donde descansa una rosa inmortal 
y el número nueve.

Mañana será otro día,
otra circunstancia dentro de la piel de sus vestidos.
Habrá nuevas tragedias,
otro mar distinto que querrá comérsela.
Llegará Orlando masticando chicle,
con los bolsillos rotos y en el corazón un pulpo. 
Le dirá :
	¿Te rescato o ké, Angi?
Pero Angélica ya no estará en la lengua de sus versos.
Nadie al otro lado del miedo,
bajo el felpudo carnal de La Habana.

Esta bestia travestida que soy

(Imagen: Ubé)
ESTA BESTIA TRAVESTIDA QUE SOY



He de estar lista
para cuando surja
el animal
en el poema.
Eso puede suceder
antes de que me ponga
a escribirle a ustedes,
minutos antes
de que haya tomado la decisión
de sentarme,
darle un sorbito al té
y ponerme a esperar a las musas.
Cuando hablo
del animal en el poema
me refiero a ellas,
pequeños zopilotes hembras
que aguardan,
que emergen de ninguna parte
y se ponen a picotear mi sien
con ideas nuevas.
Algunas son absolutamente hermosas
y en cambio otras son deplorables,
he de desecharlas entonces,
como se desecha
un pedazo de carne putrefacta.

He de estar lista,
mis cinco sentidos en alerta.
Conozco el mundo que me rodea.
Sé que afuera Europa
cierra las puertas a la inmigración,
que la guerra continúa
dentro de un escaño
donde los políticos se emborrachan
con alcohol de quemar palabras honorables.
Conozco el rencor de la familia.
Sé de qué color es el cielo
cuando empiezan a caer los ángeles malos,
cuando nace la ceniza
bajo el párpado de las muchachas
que no saben amar
y que se quedan solas,
con la música del silencio
abanicando la tarde.

He de estar lista
antes de que mi mente
se ponga en marcha,
instantes antes
de que aquel niño
de la camiseta azul
empiece a golpear la pelota
en el partido de tenis,
mucho antes de que una anciana
se arroje por el balcón
porque va a ser desahuciada.
Conozco la sombra del hombre
cuando el hombre
se convierte en bestia travestida.
Escribir es estar inmersa
en una batalla que no termina jamás.
Ni siquiera me ha dado tiempo
a terminar mi taza de té.
Ni siquiera me han presentado
a la mujer,
que en mi nombre,
escribe.

Una orquesta de madres grises

(Imagen: Ubé)

UNA ORQUESTA DE MADRES GRISES


Pero insiste el desaliento, 
hermano mayor.
Insiste el frío en el interior de una espina 
llamada manicomio,
llamada orquesta de madres con los pechos dormidos 
en el estupor del agua
y tías solteras bordando ramas y cicatrices.

Pero insiste esta ciudad de hombres viejos
y legañas,
de rastros de estiércol sobre el horizonte azul
donde de vez en cuando 
nadan muchachas desnudas con el ombligo roto
y los ojos abandonados en el vientre de un columpio.

Pero insiste esta tristeza,
esta peladura de naranja,
todos los admiradores de mis versos
que claman odas y facturas,
que sacan sus sexos para masturbarse dentro de esta hoja 
que tiembla y no tiene fervor.

Pero insiste el desánimo,
los helados velludos,
la ruta de los ascensores,
el pis de un ángel travestido que se pone mis zapatos y ríe.

Pero insiste el tiempo, hermano mayor,
maldito primogénito de nada,
muda infantil,
parque maniatado a los silencios.

Pero insiste la sangre,
la tuya y la mía haciendo una hoguera en lo hondo,
haciendo una cuadrícula de dulce penar dentro de un amor que no existe,
buscando pezones oscuros,
buscando una salida de emergencia,
saltando la alambrada de la piel 
para morder el invierno 
y tres perros de cristal.

El perfume del crimen

(Imagen: Ubé)

EL PERFUME DEL CRIMEN


En esta habitación 
el mar le ha hecho un nudo a mis fotografías más íntimas.
Hay rastros de sangre por todas partes.
También el aire está contaminado por el perfume del crimen.
Huelen las paredes a sexo de mujer cubierto con pétalos de melocotones,
a día de lluvia fina cayendo en lento sobre las cucharas.

En esta habitación 
escribo el esqueleto de la tarde.
Mis dos muñecas han reñido y quieren batirse a duelo,
pero siempre hay una escapatoria para las cosas insólitas como estas,
siempre puedo llamar al verbo,
a la oscuridad de los pájaros que me nombran en otro lugar.

En esta habitación 
han empezado a rugir los dolores de Dios
y hay una mano enguantada que comienza a masturbar la infancia
al otro lado del cristal.
Yo sufro,
créanme,
me crecen siamesas dentro de los ojos
y he de salir afuera a respirar.
Pero esta habitación es como un bunker y no me permite acceder al exterior,
se ha convertido en madre furiosa
que flagela sin piedad mis nalgas de mariposa,
mi homosexualidad enterrada entre los dientes de este poema.

En esta habitación 
hay una ninfa que llora huesos de príncipe
y aspira la piedra demencial de un asteroide.
Si la llamas se le sale el corazón por la boca.
Si la piensas se transforma en gallo adolescente 
que bebe del vientre de nuestros primeros muertos.

Esta desconocida mía

(Imagen: Ubé)

ESTA DESCONOCIDA MÍA

Esta desconocida mía 
	que me habla con su voz de hilo y aguacero,
	que se balancea levemente sobre mi sangre
	y ríe.
Esta desconocida mía 
	que carga con mis huesos,
	con mi último libro de poemas,
	con la sopa azul que me devora desde el mes de abril.
Esta desconocida mía 
	que lame la ropa sucia,
	que sabe en qué lugar perdí el día de mi muerte,
	los clavos de mi virginidad,
	el humo amarillo de mi memoria.
Esta desconocida mía,
	compañera del alma,
	enemiga íntima las tarde de lluvia y sol en las cucharas.
Esta desconocida mía,
	mujer de espina itinerante,
	promesa lejana que no vuelve y me da la espalda,
	que besa el despertar de mis muertos (tiernamente) 
	con sus labios de escarcha y combustión,
	que limpia el jardín de mis objetos inútiles,
	que le saca brillo a la ausencia en llamas de mis amantes.
Esta desconocida mía,
	este animal de fiebre y plumas,
	de caminar lento en la mirada,
	de paisajes acostumbrados a la ruina y los pájaros sin pecado original.

No diré

(Imagen: Ubé)
NO DIRÉ

no diré que la casa es herida en el centro del aire
y que esa mujer que corre 
lleva en el bolsillo una lluvia muy fina y un puñal

no diré que los días son tristes sin ti
como un pájaro disecado en el balcón esperando la caricia del viento
esperando el relámpago 
o esa mano que llega y pone en marcha las cicatrices

todo es oscuro ahora
también el genio 
y la voz que me llama desde el fondo de una garganta eléctrica

no diré me derrumbo
o hace frío en mi cuaderno
he de mantenerme callada
a salvo de la luz que nos besa

no diré me duele mi nombre 
o el pecado de una manzana muerde todas mis fotografías

no he de decir camino
arena
animal que huye de la sombra que proyecta su soledad

no he decir paredes de alcohol
niño tullido
televisión en llamas dentro de una rosa

mañana las cosas serán distintas
(ya verás)
habrá otra música en los volantes del agua
las aceras no conocerán la batalla ni el tiempo
y llegarán otros hombres para rasgar 
el vientre del cielo y construir una prisa nueva 
o el esqueleto cóncavo de la tarde

no diré me apago
o
me consumo en lento

no diré la lengua de este reloj lame el sexo de mis poemas
o que la venda que lleva puesta el cristal de mi ventana
se ha empeñado en desnudarse

Perfiles de monstruo

(Imagen: Ubé)
PERFILES DE MONSTRUO


Todas las formas de salir del hueco de mi vestido,
de buscar una luz itinerante en el interior de mis bragas,
ese camino de piel y rosas fundidas al color azul,
enloquecidas y carnales,
siempre apuntando hacia el vacío de una palabra
que es hombre y piedra y silencio en mitad de un disparo.

Todas las formas que tiene un árbol de mantener altiva su quietud,
de lamer el seso ortopédico de sus hormigas.

Todo el tiempo sin el tiempo,
las horas abandonadas en una vieja estación de paso,
aquella maleta atravesada por el roce de un alfiler 
y el bigotito fino de mi tía Angelines.

Todas las noches que abren sus bocas y escupen perfiles de monstruos
y una cinta adhesiva para las muñequitas más lindas.

Todas las hojas arrancadas al cuaderno donde tus ideas van y vienen 
sin dejar de darle chupadas al semen de una moneda.

Todos los príncipes que son ranas y ataúdes chiquitos dentro del gas de una coca- cola,
esas primaveras de lentitud litúrgica,
los animales cosidos al horizonte de un poema,
los poemas cerrando las puertas de su sexo,
con la música en otro lugar,
tal vez en Dinamarca, 
mientras Hamlet toca un blues
y una corona intacta cae a los pies eléctricos de la nieve.

Basta el agua

(Imagen: Ubé)

BASTA EL AGUA


Basta el agua
mi cuerpo deslizándose
como un pájaro por la sangre de un poema
		el agua
como plomo en la garganta
como muchacha que se arranca los puñales 
de un matrimonio azul
el agua extendida
sobre los volantes de mi pensamiento
falsa
vanidosa
en mitad del sexo de las estatuas
que nos miran ciegas
		el agua
chapoteando sobre el dolor infantil
en un patio sembrado de martillos rosados
basta el agua
para retirarse del mundo
para volver a nacer
en la palabra que huye de su desdicha
y se emborracha bajo las alas más sucias
de la noche
		el agua en mí
cabalgando mi cabezonería
mis ganas de desnudar soles
maniatados en la ventana
		el agua
entre mis piernas de animal sublime
que embiste la tristeza de la lluvia
		el agua de mí
secando mi vagina
para que no entre el hambre
lo fértil
el cadáver más fresco del mar

Si te hablo en el silencio en punto y digo…

(Imagen: Ubé)

SI TE HABLO EN EL SILENCIO EN PUNTO Y DIGO...


El recuerdo es un viento helado
que embiste las fotografías
un ave de exquisito plumaje
que ya no puede volar
es el deseo apagando su luz
la lluvia haciéndose pequeñita en la memoria.

El recuerdo somos tú y yo subidos a la boca de los árboles
el trueno haciendo nido en mi ropa interior
las palabras como insectos que no se atreven.

El recuerdo es una isla de pechos cortados
un mar dando vueltas en el silencio de la tarde
unos ojos asomados a la palidez del cristal
la enfermedad del tiempo

    (eso es el recuerdo)

el latido de una hoja en el otoño
ese territorio extraño que levanta su piel y nos muestra la herida
el camino que no se mueve
la antorcha apagándose en el sexo de una ventana.

Fuego en la lengua

(Imagen: Ubé)

FUEGO EN LA LENGUA



¿En qué lugar la voz de aquellos que asumen el miedo colectivo?
¿En qué lugar la compasión de esos perros que se reparten nuestra suerte
y los pétalos de una cerveza?
¿Hacia dónde la luz, su cicatriz en forma de araña?
¿Por qué mis pasos y no los suyos, mi tumba
y no el lecho de los amantes?
¿Con quién compartir las alas del tabaco, la lengua más áspera del polvo?
¿Hacia dónde dirigir el ritmo de la lluvia, el clamor silencioso
de la última niñez?
¿Por qué los barcos y no un dedal mínimo?
¿Qué podría ofrecerte ahora, una mujer partida en dos, una gaviota malherida,
la repetición del olvido en una esquina de la noche?
¿Por qué abril y no febrero?
¿Por qué tus dientes sobre mi carne
y no una flor abriendo sus piernas al placer?
¿Hasta cuándo las islas de piel hechizada,
los bancos en el parque donde los más viejos ladran
y se ponen a dar cabezazos sobre el temblor de una botella?
¿Y si nos arrojamos a la pila de fregar,
al regazo muerto de la abuela?
¿Y si esperamos bajo el fuego de los melocotones
a que las muchachas tristes bajen la cuesta?

	Ahora estoy en la palabra muda.
	Ahora me lluevo,
	me abotono octubre a la garganta,
	salto de página y vuelvo a nacer.
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