La lluvia que no se ve

 

(Imagen : Miles Johnston )

LA LLUVIA QUE NO SE VE

Una calle,
el frío de diciembre dentro,
como una casa que ya no está,
como un esqueleto de patata que tiembla en las fotografías.
Una calle.
Acaso mi alma circulando en lento
por esta hoja que cae y se santigua.
Una calle.
Los pechos del cielo y sus animales ebrios.
La lluvia que no se ve pero nos quema.

El tiempo no está

 

(Imagen : Virgilio Tzaj )

EL TIEMPO NO ESTÁ

Nadie puede llorar sobre el rostro de los muertos
que se han quedado solos.
Nadie, al otro lado del silencio,
puede pronunciar la palabra amor o barbitúricos.
Nuestra orfandad abre sus venas
y nos da a beber
una tarde prisionera en el tedio y el ataúd de la lluvia.
Aquí están los años que nos quedan, hermano mío,
bajo el peso de las horas y la lentitud de un fruto piadoso.
Toma, hermano mío, tu mascarilla y sigue el rastro de la urgencia.
Porque el tiempo se ha detenido en un balcón
donde los niños cantan
para después enterrar sus cabezas
sobre la tierra húmeda y la desmemoria.

Lo seco

 

(Imagen: Etienne Buyse )

LO SECO

Todo lo seco se acerca a mi garganta
y me aprieta.
La sed,
el camino,
ese tobogán
que acaba de tragarse a un niño común.

Mañana no habrá cielo


(Imagen: Ubé)

El poema, en mi voz:

MAÑANA NO HABRÁ CIELO

¿A qué manos irá a parar el dolor de mis versos?
Mañana, cuando la lluvia no esté
y yo solo sea la sombra de un relámpago,

¿Quién olerá mi ausencia
hundirá su hocico en mitad de mis palabras?

Mañana no habrá cielo.
Está cerrado por insuficiencia renal
y los pájaros se habrán cansado de aplaudir la belleza del mundo.

¿Quién inventará en mi nombre
la cicatriz que un día me hice en la sien,
los paisajes desiertos que surcan mi memoria?

Mañana lo alto
y lo bajo
el susurro y la mujer golpeada
harán sus maletas para marcharse lejos de aquí,
abandonarán el verso que los vio nacer.

Y cerrarán la puerta de mi sangre.
Se quedá vacía esta casa,
el animal doméstico que da vueltas alrededor de mi infancia
y me deja atada a los dientes podridos de un columpio.

¿Quién barrerá mi ceniza,
le dará de beber a mi tumba,
se acordará de cepillar esa luz tan triste que se cuela
entre los huecos de mi calavera?

Pensamiento en llamas

 

(Imagen : Chema Madoz )

PENSAMIENTO EN LLAMAS

Pienso en matar a quella araña tan infantil
que posee a ratos mi corazón.
Sin embargo la dejo ir de noche a su escondite de almas.
Pienso que también pasará el exilio de las bicicletas,
ese parque otoñal que esconde heridas en el pecho.
Pienso que el silencio no existe
y que dios menstrua entre sus bragas de plomo
madres inválidas y una vasta melancolía.

Sin título

(Imagen: Griffin Lambert)

Si la tierra viene.
Si yo me subo a las lámparas,
lloro,
acuno los huesos de mi vestido.
Si el aire llega
y me muestra su desnudez.
Si mi cabeza choca contra el cristal de los días
y me nace un pájaro de fría tempestad.

Un poema de “Desmemoria”, de Angélica Morales

 

22-10- 2037

 

Había un perro que ladraba dentro de un cuarto oscuro,

gordo y gris.

Y montones de leña desordenada en el suelo y arañas que perdían el rumbo entre agujeros y mantos metalizados.

También había una muñeca rota, con su único ojo apuntando al cielo.

Y un tren sin pilas, y zapatos solos y una hamaca dormida con mi abuelo dentro.

Había veranos largos y una vecina sorda, mi fiesta de cumpleaños y un cuchillo impregnado de azúcar.

Había una madre que no estaba y un señor, a lo lejos, que gritaba.

También gordo y gris.

Había música en el patio y una mujer de cojera feliz.

Un albaricoquero, había, acariciando los pensamientos de la abuela.

Y flores, y una muralla sin Roma y sin triunfo.

Y había una niña escondida entre las sombras, al lado del perro gordo y gris, hablando con las arañas, lamiendo la cicatriz de la muñeca rota, viajando en el tren sin pilas, probándose los zapatos solos, escuchando los ronquidos del abuelo en el hamaca, olvidando la sordera de la vecina, bailando con la música del patio, robando las desdichas del albaricoquero, escalando por la muralla, esperando a la madre, desoyendo los gritos del señor.

Había, a lo lejos, un cuchillo que le ladraba a la niña dentro de un cuarto oscuro.

Un poema de Angélica Morales en la Revista Cultural Turia

Estoy muy contenta de participar de nuevo en la revista  “Turia”, una de las mejores revistas del mundo cultural en la actualidad, todo un referente.

Y esta vez estoy muy bien acompañada, escritores amigos, como Mario Hinojosa o mi admirada poeta y narradora Isabel Bono. La lista de este nº 136 de Turia está plagada de grandes de las letras en sus casi 500 páginas. Podéis verlo en esta imagen de la portada.

 No puedo estar más emocionada. ¡Gracias!

Días sin cabeza

(Imagen: rala choi )

DÍAS SIN CABEZA

Estos son mis días sin cabeza.
Colores de mármol
que agitan su temblor.
Bajo las hojas del otoño
hay una selección de niños disléxicos
que llegan a la ciudad
atados a sus perros.
Buscan los inhóspitos arrabales,
el vacío de una hora inocente
que bebe y goza.

Sin título

 

(Imagen: Herbert Dombrowski )

Manía,
verbo,
tarde que anuncia
pájaros dormidos.
Luego el otoño,
su animal
asomado al hocico
de una ventana.
Manía,
santuario,
el dedo índice
señalando un agujero en el cielo,
el peso del agua
en la garganta de las horas,
la luz limpísima,
el hombre edificado en el mantel.