Pecios : Nuevo poemario de Angélica Morales publicado por GEEPP Ediciones

Angélica Morales : PeciosDespués de tanto tiempo de espera, al fin tengo en mis manos PECIOS, mi nueva critatura poética, obra que resultó ganadora en la II Convocatoria de Per{versus}, junto con OQUEDADES, de la autora Mª Luisa Fernández Asensio. El libro es doble y eso lo hace más maravilloso. Estoy encantada de compartir libro con una poeta tan joven y tan extraordinaria.

Mª Luisa Fernández Asensio : OquedadesOs dejo un vídeo de presentación que grabé para GEEPP Editores hace un tiempo, cuando se hizo la presentación del libro de la I Convocatoria de Per{versus} cuyos autores galardonados fueron Fernando Soriano Bensusan, y Juan Peregrina. El primero de ellos, Fernando Soriano, ha hecho el prólogo de PECIOS, un trabajo excepcional así que desde aquí quiero darle mis más sinceras gracias.

También va mi agradecimiento, cómo no, a GEEPP Editores, esperando que pese a todas las dificultades que rodean al mundo editorial, pueda seguir ofreciendo a los lectores muchas más entregas de Per{versus}, para de este modo sacar a la luz nuevas y arriesgadas voces poéticas.

Que lo disfrutéis.


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Datos de publicación:

Pecios / Angélica Morales ; prólogo de Fernando Soriano Bensunan
Melilla : GEEPP Editores, 2016
Colección Per{versus}
ISBN 978-84-15813-62-0

Oquedades / Mª Luisa Fernández Asensio ; prólogo de Juan Peregrina
Melilla : GEEPP Editores, 2016
Colección Per{versus}
ISBN 978-84-15813-63-7

 

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Divagaciones en Berlín

32011238624_37787e8eb6_z(Imagen: Ubé)

DIVAGACIONES EN BERLÍN

(A mi amado Ubé)

Un abandono,
es decir,
tu mano en silencio junto a la mía.
Hay gotas de lluvia que empiezan a enfermar en la ventana,
¿las ves?
Puede que sean peregrinos de otro país,
almas sin patria que pierden el agua de su sangre
mientras intentan atravesar las alambradas.
Un gesto de tu nariz,
como si el mundo hubiese cambiado de perfume
y ahora todos los animales tiernos se pusieran a temblar
bajo la hoja de un poema.
El mundo gira,
da vueltas en los ojos tristes de un ciervo
que no sabe lo que significa morir
y está herido en el bajo vientre.
Un episodio dramático,
piensa en un féretro,
piensa en el cristal que envuelve la muerte,
en el aire acondicionado
que acaricia los pétalos de las flores frescas
que van a morir.
Hay mujeres con las piernas hinchadas
dentro de una habitación
que lleva el nombre del difunto,
pero allí no hay azafatas
que repartan pastelitos de crema y café,
allí no hay un informático
intentando restarle arrugas
al contorno de un cactus con el photoshop,
allí solo hay una temperatura estable,
una vida estable,
una conversación bajo cero.
Un ruego.
Es la oración del hombre que compra fruta y la malvende,
es el semáforo cambiando de color
dentro de un cuaderno infantil,
son gotas para agrandar los ojos
o la pantalla miserable de un móvil.
Hay demasiado ruido dentro de esta ciudad sin pájaros.
Hay pocas mujeres griegas
que sepan lo que es tener los pechos
repletos de puñales
o un cordero sacrificado sobre la piedra.
Un eclipse.
Este poema, por ejemplo,
tu mano regresando a mi mano,
sábanas limpias en el interior de la pluma que te escribe,
el amor que se nos come a escasos centímetros.

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Los ojos de un puño

31628700600_a7055134ff_b(Imagen: Ubé)

los ojos de un puño

cómo cae el peso de las rosas sobre la tarde
de qué modo un niño crece sobre el pis de sus pantalones
no hay más que cerrar los ojos de un puño
para ver el mundo temblar
solo y amortajadito
adentro de una caja de fósforos
que arden con la gasolina del primer amor
cómo se asienta el plomo en el recuerdo
de qué modo las fotografías
se hacen sangre azul en el interior del pecho
pero fíjense no más
en la temperatura del hielo
en ese rostro de mujer dormida
que mira a través del cristal de un jamón
cómo de grande se hace la melancolía
de qué manera más triste cae hoy la lluvia
dense cuenta ahora
de aquel animal muerto
de qué modo su respiración nos acaricia

Algunos restos de la batalla

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ALGUNOS RESTOS DE LA BATALLA

Un cabello que busca el sol,
aquella falda que se arruga entre las piedras
y que perteneció a la mujer que ahora yace muerta,
boca-arriba
boca-cielo,
un espray para los mosquitos,
mosquitos acribillados cerca de la ventana,
la ventana tuerta,
el cristal mudo
y a la sombra,
a dos centímetros de una botella de ginebra,
unas bragas sucias,
un horizonte sucio,
una lluvia animal
lamiendo la piel de una naranja que se pudre,
un grito,
dos,
tres,
decenas,
millares,
un perro orinando en el paisaje de un poema,
sandalias,
restos de pan duro,
palomas picoteando la sien de una bombilla,
fuego pálido,
carne ahuyentando a las llamas,
maletas de color de rosa
sobre el color negro de la ceniza,
una escuela destruida,
un vientre que ruge,
dos,
tres,
decenas,
millares de vientres invocando al dios hambre,
una pluma de mujer,
un aliento dormido,
cartas,
abalorios,
un perfume a hiel
enredado a los ojos de las lámparas.

A todo pulmón

31615147724_2d94c845a5_z(Imagen : Ubé)

A TODO PULMÓN

no más el tiempo
tú y yo
(linda la tarde que se acaba)
aquel gato mordiendo sus propios bigotes a la sombra
no más tu pelo rozando el perfil asombrado de mis labios
una comba
o una soga
o aquel jarroncito donde se revuelcan las moscas de los muertos
no más la música de una flor caminando hacia el cielo
la lluvia no más
áspera
cabrona
como de puñal fino que cae sobre la seda y la destroza
no más nuestros alientos
nubes tóxicas
un animal que es otro hombre esperando tu abrazo
no más los celos
el fuego trepando por mi garganta
mi garganta sujetándose a la lástima
un alfiler que corre por mi sangre
y me saluda

Hago clic

32199926121_9a8c18deb1_z(Imagen: Ubé)

HAGO CLIC

una fotografía al desnudo
pinceladas oscuras sobre la piel blanca
inmaculada
de piedra griega o similar
una fotografía del mundo adentro de todos los pubis
muchachas que crecen con polvo en las aceras
medias de rejilla por donde asoma el diente de los hombres
un desnudo fotográfico
hago clic
y la cámara lanza un destello
o un gemido
es la luz del fuego sexual
el arte repitiéndose en el arte
pétalos de perro cayendo hacia la lluvia
una fotografía que puede ser otra fotografía del siglo uno antes de Alejandro Magno
todos los desnudos son idénticos
envejecen en la pupila antes de llegar
aún antes de que el decorado despierte a la pasión por el futuro
el futuro no existe
las muchachas se desnudan siempre de idéntico modo
van cayendo sus huesos hacia un mantel de bocas babeantes
que prometen fama y coches difíciles
que tienen una apartamentico en la punta más chic de un iceberg
toda la sensualidad se pudre al filo del agua
cuando el cristal se pone a parir embustes
y la juventud huye con los tacones rotos.

Cuando llega el invierno hablo con la porcelana

32033082552_9f67d5b94d_c(Imagen: https://www.flickr.com/photos/jmube/32033082552/Ubé)

 

CUANDO LLEGA EL INVIERNO HABLO CON LA PORCELANA

Eres solo un trozo de porcelana que se ensucia de labios.
No eres nada,
mi amiga,
mi resistencia febril.
El pasar de los días y las noches y las manos
(eres)
y las lenguas de todas las que te hemos contemplado
en esta familia de dementes,
de mujeres rotas en el centro de la sal,
de mujeres con la voz dormida en la costumbre.
¡Oh este silencio de femenina inutilidad,
este batir de piernas y tumbarse a esperar lo sórdido!
Eres solo un testigo mudo que de vez en cuando,
se asoma a mis pensamientos y me toca con su quietud.
Eres hermosa, taza,
pequeño barco repleto de flores y proyectos.
Allí en tu vientre naufragaron mis sueños cuando era una niña,
cuando no soñaba con poseer la barba ilustrada de mi padre,
los pechos en torre de mi madre.
Pero ni mi madre ni mi padre fueron verdad.
(Porcelana mía /
ausencia de la niñez que va quebrándose
con el paso de los años)
Ahora mi cocina es moderna
y huérfana
y ha crecido lo mismo que yo.
Ahora mi madre no existe y las fotografías nos mienten.
En su lugar he colocado el póster de Michael Jackson
y me miran sus ojos oscuros repletos de barbitúricos.
Amó a los niños, Michael,
pero más se amó a si mismo,
a la soledad de su blanca piel,
a la soledad de su cabello escaso,
a la soledad de sus calcetines puros,
a la soledad de su sexo,
sin bocas,
sin manos,
sin primaveras.
Yo,
que ahora hablo contigo en la tristeza de una cocina,
que te rescato, tacita,
del naufragio de toda una vida,
que cuento tus grietas como quien cuenta canas o piojos al sol,
que acerco mis labios cansados y te susurro secretos.
Te digo .
“Hay enanos en mi ciudad que se comen los eructos de las fábricas
y después escupen esposas fértiles”.
Siempre has sabido de mis mentiras.
(Tacita / Transatlántico de Príncipes con galletas y moscas /
Pequeña fortuna infantil)
Pero hacerse mujer es eso,
noches de insomnio,
cartas de amantes que no regresan,
niños pidiendo limosna de leche en el ascensor,
la decisión de engendrar escobas,
apartamentos,
una vida suave dentro de las facturas.
Pero nadie podrá decir que te he abandonado,
a pesar de que mi madre está sola en otra ciudad,
secando sus heridas al barro,
junto a tres cerdos que ayer dieron muerte,
frente a un grupo de turistas rumanos que la fotografían sin cesar
porque saben que está muerta aunque respire
y habite una casa y alimente el fuego de la estufa
y recuerde mi nombre alguna vez,
entre un ronquido y otro,
en el momento en que los tres cerdos dicen basta
y salen corriendo de su NO VIDA.
Crecer es eso,
coserse a la realidad enfermiza del mundo,
caminar por un pasillo surcado de clavos y de cabezas decapitadas,
hacer la compra,
acostarse con las arañas,
dar a luz la ingenuidad de una casa,
criar un perro con jardín,
ser madre de lo oscuro.