Anne Sexton llama por teléfono a mis muertos

(Imagen: Ubé)

ANNE SEXTON LLAMA POR TELÉFONO A MIS MUERTOS

 

Y hay una cuerda que sujeta piernas tullidas

en un hospital.

Anne,

renqueas cuando el sol se hace invierno

y la humedad se mete entre tus medias

y allí se hace grande;

garras grandes,

ambición grande,

un perfume grande que sólo tú ves.

Yo sé de la polio.

La polio suena a capital turca tomada por las esencias.

Y las esencias son muchas moras moviéndose dentro

con cadenas de oro

y sierras devorando el calcio.

Es la enfermedad suave,

es la ternura de la cebolla en la piel,

es el dolor ardiendo dentro,

las cuestas a lomos de la madre

(una madre mejor que la nuestra hubo una vez, Anne /

una madre cargando la polio sobre sus costillas /

una madre negra / con las encías negras/ con el hielo negro /

con la casa negra).

La polio usa gafas y bastón

y se llama “Niña enferma , ven,

querida niña mía ven

y ponte a jugar dentro de mis ojos”.

Los arrimados

(Imagen: Ubé)

LOS ARRIMADOS

 

Te recuerdo así:

Grave,

la tos abriéndose paso entre una multitud que orina de cara a las lámparas,

un pañuelo arrugado surcando la cicatriz de tu cuello.

(Aquella cicatriz que compramos en nuestro viaje a Islandia /

llovía y tú atropellaste un perro con la voz)

Abro los ojos y miro hacia adentro de tus retratos.

Lo que busco son acciones cotidianas

que ahora descansan junto al polvo de tu calavera y tus zapatos.

Usabas un número impar

y te gustaba sacarle brillo a la punta de una manzana.

Te recuerdo ausente,

(Nocturno y solo recorriendo con tu lengua el cuerpo muerto de un niño japonés

que descansa sobre un lienzo /

el lienzo cuesta un millón de dólares /

el niño japonés muerto no existió jamás)

Te recuerdo detenido en el peso del alcohol o la palabra,

con el humo de un cigarrillo brillando en tu camisa,

sin ganas de comer o salir al patio,

enfermo de una enfermedad sin nombre

incurable / transitada por putas y pájaros adictos a los juegos de rol.

Tal vez un día,

sin que tú te dieras cuenta,

te picó la rabia de un perro de color canela

y te quedaste mudo para siempre

sin ganas de vivir o caminando con la cabeza hacia otro lugar,

lo mismo que caminan los muertos o los zombis dentro de un televisor.

No sé si alguna vez nos presentaron formalmente,

si alguien dijo: “Este hombre puede llegar a amarte aunque parezca ido,

aunque no esté en los registros del cariño,

en el cuaderno de la nieve,

en la huella digital de Dios”.

El caso es que ha pasado mucho tiempo de todo aquello

y tú ya no estás aquí ni perteneces al misterio.

Has desaparecido sin más,

ni una firma, ni una llamada telefónica, ni un mensaje cifrado en el hielo…

Tu cuerpo roto en otro lugar.

Tu recuerdo echo pedazos en la sombra más oscura de la lluvia.

Hay mujeres que preguntan por ti,

llaman a mi puerta con los nudillos rotos de su corazón

y me hablan de ti,

me piden que les cuente mentiras a cerca de tu paradero.

Yo cierro los ojos y pienso en algo hermoso.

Pronuncio :

“Está bajo la tierra de un rosal”

o

“Ha echado raíz en una estrella inhumana”.

Después apago la luz y me quedo sola,

con las mujeres llorando al otro lado de la puerta.

Pasa el tiempo y llegan madres,

me dicen que te tuvieron hace siglos,

que, todas,

de alguna manera,

te dieron a mamar su leche amarilla,

cambiaron de sitio la bondad de tu sangre,

dos veces al día,

porque eras un ser travieso,

porque llorabas hacia adentro del barro

y solías morder sus pechos hasta verlos sangrar,

como un demonio,

idéntico a cualquiera que renuncia a los lazos y no se reconoce en las fotografías familiares.

Esas madres son madres y padres al mismo tiempo y damas de compañía

y gatos con bigotes paralíticos

que lloran

y maúllan

y se dan golpes en el pecho

y me piden agua de moscas etruscas para curar sus pecados

y me piden excrementos de muchacha dormida para continuar hacia adelante con el dolor,

como si yo entendiera de eso.

Yo solo te recuerdo así,

lejos,

muy cerca de la palidez de mi costumbre,

de esas ganas que siempre he tenido de renegar del padre que me dio la vida

y ponerme a hurgar entre los botones de un lobo.

Hacer de la nada una necesidad

(Imagen: Ubé)

HACER DE LA NADA UNA NECESIDAD

 

Una cadena de muertos alrededor del cuello.


Es octubre y llueve sobre los tejados de un árbol.

Lo mejor sería seguir caminando sin volver la vista atrás,

pensar en aquel vestido amarillo que costaba 30 euros

y que me hacía soñar con una vida distinta.


Una cadena de muertos con la boca repleta de flores adúlteras.


Sigue siendo octubre,

lo dice la voz de un hombre en el cementerio.

Tiene las manos oscuras y cava la tierra.

Su cabeza está tocada por una gorra vieja

y sus ojos se esconden más adentro del pecho.

Parece mirar hacia el vacío eterno de las cosas,

hacia los túneles que recorren nuestra alma

hasta llegar a una puerta

donde alguien ha colgado el cartel de prohibido pasar.

Pero yo me aferro al vestido amarillo que cuesta 30 euros

y dejo atrás al hombre,

dejo atrás la lluvia que comienza a caer en lento

sobre el capó de un coche.

Camino sola y ciega entre una masa de gente

que tiene prisa y usa paraguas coloridos.

Pero la gente carece de boca.

La gente solo tiene colores sin memoria entre las manos,

una casa donde siempre se pone a nevar

y las grietas duermen abrazadas a su herida.


Una cadena de hijos sin piel alrededor de mis tobillos.


Ahora soy la única mujer viva del universo

y tengo la obligación de procrear con el diablo

hasta sembrar la tierra de nuevas voces,

de sangre fresca,

de gritos permanentemente sucios

que no me dejan dormir.

Siempre y en el infinito

SIEMPRE Y EN EL INFINITO

A mi tía Chon, todos los 25 de octubre que ya no estás

Después de todo,
aún cabalgas en mi memoria;
otoño de lluvia soltera y en lo hondo,
mujer atada al silencio de los barbitúricos
y al mordisco del cristal.
Aún todavía
estás saliendo al encuentro de mis trenzas,
alborotando el genio de mis caballos,
dándome a comer las dulzuras de tu corazón.
Y sigues
en la palabra amor.
Y te ovillas bajo mi cama.
Y me toses la fiebre de estar viva sin ti.
Después de todo tu mano y la mía
en el centro de la ceniza,
llamándonos por teléfono a pesar de que el teléfono no está
y es de color gris.
A pesar de que los cuervos siguen rondando mis palabras
y yo corro hacia ninguna parte
en este poema que tiene tus mismos ojos.
Te rezo.
Te nombro.
Parto en dos tus fotografías.
Huelo tu muerte en el interior de un zapato.
Me hago vieja.
Renazco.
Me fatigo.
Renqueo.
Siembro en mi garganta la sal y una casa que ya no existe.
Te continúo.
Escucho la ronquera de tu sangre y bailo.

Tertulia Literaria en la Biblioteca Municipal Antonio Durán Gudiol de Huesca. Festival Periferias 19.0

El lunes, 22 de octubre de 2018, participé en la Tertulia Literaria sobre mi novela, Mujeres rotas, en la Biblioteca Municipal Antonio Durán Gudiol de Huesca, dentro de los actos del Festival Periferias 19.0 de Huesca.

Fue una tarde muy emocionante, un encuentro entre escritora y lectores que tuvo como consecuencia un paseo largo, entretenido y emocionantepor la historia de estas tres mujeres que tantas alegrías me están dando. La novela está funcionando muy bien. Sus lectores son felices al enfrentarse a sus páginas y eso me hace feliz a mí.

Gracias a la Biblioteca Municipal Antonio Durán Gudiol de Huesca, a su personal, a los asistentes y a la gran conductora del acto; y también al Festival Periferias 19.0 por haberme hecho un hueco en su estupenda programación de este año.

Os dejo un enlace con más fotos del acto.

También podéis ver aquí  en pdf la presentación de la Tertulia publicada en el Diario del Alto Aragón, y la noticia completa publicada el 23 de octubre en el mismo periódico en este otro enlace en pdf.

Pessoa se coloca el sombrero en el filo de mi lengua

(Imagen: Ubé)

PESSOA SE COLOCA EL SOMBRERO EN EL FILO DE MI LENGUA

 

Estos versos míos que ahora arden en la ventana de los días,

que me dicen adiós con su manita de plomo

y después huyen hacia el ruido de la ciudad,

hacia los ojos de un lector que espera sentado en el metro,

que espera atado a una máquina electrónica en el hospital,

que espera agazapado en un rincón de su alcoba

mientras la fiebre lame su rostro y alguien abre la puerta.

Versos míos,

pedacitos de vientre y de lucha y de pan agusanado en sus costuras,

echad a volar hacia la luz,

deteneos en mitad de la música suave de un violín

y sacadle la lengua al pezón de esa muchacha que ríe en las novelas.

Versos míos,

amantes, esposos, mendigos,

herida imaginaria que atraviesa mi alma de parte a parte,

mordisco animal que hunde su hocico en los charcos de mi sangre

y me subyuga hasta que no queda de mí

más que un color silencioso,

una silla vacía puesta en pie sobre la memoria.

Versos míos,

asesinos, ladrones, malcarados.

Salid a la calle y romped con vuestro rugido el vientre de todos los escaparates.

Saltad a los hombros de un anciano.

Ponedle la zancadilla a la sombra de los perros.

Haced el amor con la soledad de todos los parques que aguardan vuestra llegada en el otoño.

Versos manirrotos,

escupidos,

mimados,

perezosos,

insoportables versos que me habéis habitado durante tanto tiempo.

Abro la cárcel de mi pecho y os dejo salir.

Abro el laberinto de mi carne y os dejo vivir otra muerte más azul,

otra madrugada más viva.

Decimoquinto y decimosexto día de abril (Algunas ciudades europeas grises)

(Imagen Ubé)

DECIMOQUINTO DÍA DE ABRIL

He recibido una nota de mi jefe.
Dice así:

Estimado X

Te he tenido mucho aprecio. Te he dado trabajo cuando trabajo había poco. Te he abierto las puertas de mi casa. Te presenté a mi mujer antes de que se fuese de casa. He estado muy solo últimamente. Me da por pensar en lo feo. Ya me conoces porque te tengo aprecio. Te he dado trabajo cuando trabajo había poco. Te he abierto las puertas de mi casa y mi mujer no vuelve. La muy zorra me ha abandonado por otro. Otro que no sabe lo que es tener aprecio, ni lo que es el cine, ni lo que es una zorra de verdad.
En fin, porque te aprecio te lo digo. Nada de cheques ni ostias. O vuelves o tú verás, pero yo no suelto un duro. Te he tenido mucho aprecio.
El porno bien, gracias a Dios, y que te he dado trabajo cuando trabajo había poco.
Mándame saber lo que piensas.
No me gusta escribir con la mano en el papel. Me gusta darle porrazos a las teclas del ordenador, y ¿sabes quién me enseñó a darle porrazos a esa mierda que llaman ordenador? Pues quién va a ser, la zorra de mi mujer. Porque te aprecio te lo digo.
Ahora ya lo sabes. Ahora a ver si vuelves porque el cine se me hace grande y me pesa. Porque la casa está como mi mujer la dejó, con la olla al fuego y las lentejas quemadas. Porque te aprecio te digo que me las como. Me sigo comiendo lentejas quemadas. Sigo esperando a la zorra de verdad.
Mándame saber lo que piensas porque a mí no me gusta escribir en el papel.

Un abrazo
Y

 

DECIMOSEXTO DÍA DE ABRIL

Al levantarme he tosido tres veces. Después he acercado mi rostro al espejo y he visto a otro .
Me parezco a mí cuando me imaginaba. La misma barba espesa, la necedad de Hemingway, su forma de bucear en las palabras, frases gordas como la carne que mamá arroja silenciosamente bajo mi puerta.
Si he de escribir tengo la obligación de alimentarme. Mucha proteína, mucho jugo de ginebra, muchos cigarrillos brincando entre las manos.
No es fácil poner la sesera al fuego y dejar que hierva el pensamiento.
Hoy mis recuerdos tienen el color de la tormenta. Hay bocas soplando granizo, nubes tóxicas haciendo el amor sobre el cielo momificado de París.
No entiendo una mierda de francés, pero las francesas me gustan, sus rostros pálidos me gustan, su ropa suelta, el modo de comer tortilla o alfileres, de meterse desnudas en una bañera y esperar.
Mucho cine tiene París, actrices con el coño negro, labios de puerta que dicen ven, pasa y cierra, pasa y entorna mi carne para tal o cual fotograma, que si ponte mejor con el pandero hacia el lado izquierdo para no hacer sombra, porque la cámara no recoge tu inquina, porque la cámara no conoce el sabor del tocino ni cómo suena un tango en los tirantes de una maestra de la pampa argentina.
Me he puesto un pijama limpio y ha llegado a mi primera reflexión.

Mamá versus madre:
Mamá, traéme unas galletas con café
o
Madre, traígame algo para hincar el diente.
Madre versus mamá:

(Muerdo la punta del boli. Escribir con pluma me parece una mariconada)

Mamá versus madre:
Madre la quiero a usted.
Te quiero, mamá.
Mi madre
Mi mamá.

Decir mamá es adentrarse en lo íntimo, es como beber a morro de una lágrima, sin embargo decir madre expresa lejanía, algo así como dar un portazo en las narices.

Conclusión: Acariciar el terciopelo de un melocotón (mamá).
Ponerse un vestido negro y apagar la luz en el jardín (madre).

Me considero un artista intermitente, como Henry Miller, voy y vengo de las orgías al fregadero. Lo mismo me llevo una teta negra a la boca, que enjabono suavemente la porcelana china.

“Eres un bruto natural, con su flecha, con su bisonte, con muchos penes aullando dentro del frío”
Firmado:
Ava Nin.

Esas son las únicas palabras que recibo desde París.
La postal es una fotografía tomada por el ojo de un camello del Museo del Louvre.
Me ha llegado mientras estaba en el extranjero, es decir, mientras depositaba el culo en el retrete.