Balada del perro

(Imagen: Ubé)

BALADA DEL PERRO

Bajaba el perro por mi piel,

descendía a paso lento,

a ladrido lento,

como si en vez de caminar

nadase sobre el líquido de una madre.

Bajaba el perro

o su espíritu,

más abajo aún de mi sexo humedecido por la lluvia,

más abajo aún que mis pies echando raíz en la espesura de un poema.

Bajaba el perro hasta el abismo de la palabra perro,

hasta que ya no hubo más piel alrededor de mi nombre,

hasta que se quedó en el hueco azul de sus huesos de niño.

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El animal del silencio

(Imagen: Ubé)

Estaba sentado un animal al borde del delirio.

Luego llegó la madre

y sacó su pecho

y de sus pezones azul petróleo

manó un líquido viscoso

y una moneda.

La tarde es desierto en estado puro.

La madre lo sabe

y busca una solución a su falta de cariño,

intenta aclarar el color de pelo de un teléfono,

descifrar la voz de la hija en el silencio

mientras las moscas pasan en manada

y ríen palmeándose el muslo.

La madre reza,

cose un botón a su garganta,

rasca las cortinas de su carne

y se sienta a esperar el suicidio.

No le importan los anuncios de la televisión

ni que la casa esté sucia

y salga corriendo hacia el pulso sanguíneo de una lavadora.

La madre come placer de fruta podrida,

pela nostalgias,

se peina una hija ausente en la montaña.

 

Estaba sentado un pez en los labios del fregadero.

Luego llegó la madre

para planear todos sus crímenes,

para atentar contra la leche que huye del laberinto abisal de sus fotografías,

para barrer la ceniza del marido

que aúlla en el interior de una lámpara frigorífico.

Ulises burlando a Polifemo (de Joseph Mallord William Turner)

Ulysses Deriding Polyphemus.  Joseph Mallord William Turner. Imagen: Wikipedia

ULISES BURLANDO A POLIFEMO (de Joseph Mallord William Turner)

(Habla el alcohol de un payaso)

La cosa fue así,
un tipo llegó de la nada y se adentró en una cueva
y se puso a revolver lo oscuro
y entonces se topó con una especie de gigante
que dormía plácidamente con sus tres estómagos,
con sus tres ojos,
con sus cien sirvientes muertos
dentro de la luz que entraba
por la boca de la niebla.
La cosa fue que Ulises se las quiso dar de listo
y empezó a fastidiar al gigante
sin saber que el gigante traía el hambre pegado
al reloj de su garganta.
Nadie había escapado a la casualidad de sus dientes,
a las noches amarillas,
al fuego frío de su caricia.
La cosa no tiene color
y,
a veces,
cuando la tragedia se viste de tul,
hay pequeñas criaturas que nos gritan dentro de un pincel.
Se llama literatura en gramos dramáticos.
Se llama vaso de ron temblando en la hojarasca.
Es posible que alguien lo conozca como sueño de Homero
o delirio industrial,
cualquier cosa es válida para contar murciélagos en el aire,
para pasear el miedo de la lengua por los palacios del agua.
Después las cosas cambian
y llega otro tipo parecido a Ulises
para domar la moral del hombre.
Pero en el cuadro,
Ulises no está.
Puede que se encuentre bajo el agua,
edificando música con la piel de un pez
que se convierte en muchacha.
Quizá haya huido con el resto de hombres
hacia otro lugar dentro del lienzo.
¿Y si se hubiese escondido en el color azul de un poeta?
¿O en el vómito de la crítica?
En cualquier caso Ulises sabe lo que se hace.
Mañana será presidente de las piedras del Parnaso
y después del tiempo,
(cuando toda su arena haya hecho el amor con la soledad de los dioses)
se le erigirá una estatua sangrante
y recordaremos el lugar exacto en el que Ulises hundió su lanza
en el ojo de Polifemo.
Pero Polifemo ahora es una ciudad de Manila,
con muchas putas dando vueltas en el polvo de un neón,
con hombres tristes bebiéndose el silencio de su sangre cerca del mar.

Cisnes que se reflejan como elefantes

Cisnes que se reflejan como elefantes, de Salvador Dalí (1937)

CISNES QUE SE REFLEJAN COMO ELEFANTES (de Salvador Dalí)

 

(Habla una bailarina dentro de su vacío musical)

 

Es como intentar subir la pierna
y encontrar en el aire
todo el peso de un tambor,
su música grave atravesando los tejados,
las antenas,
el corazón de un cristal.
El hombre que está de espaldas podría ser mi padre
o
mi verdugo
o simplemente el tipo
que me obligó a soñar dentro de esta caja,
a dibujar árboles desnudos que en su presencia
abren las piernas de su vacío para masturbarse.
No es un juego.
El baile tiene cuchillos escondidos
en el interior de mis zapatillas.
Mi alma está atada al agua
de este estanque azul que no corre
donde los cisnes se beben el infierno de su belleza y la mía.
Hay quien dice
que más abajo de sus plumas
los elefantes esperan la muerte del hombre
por falta de imaginación.
Ahora mismo,
uno de esos elefantes que no existe,
sale del espejo del agua
para darme un beso.
Su boca sabe a plata rancia
y trae a mis ojos pétalos de fiebre.
¡Sh!
Es el silencio que llega / que toma el micro /
que desata la lluvia de su voz para decir:

Tres cisnes + tres elefantes
forman una familia de NADA.
Solo son sombras cabalgando la tarde de una canción,
saliendo a fumar su vanidad,
asaltando al hombre que está de espaldas
con cuestiones como estas:
1- ¿Quién crees que seré más tarde de hoy?
5- ¿Hacia dónde camina la muerte de una rosa?
7- ¿Por qué el delirio de este paisaje se ha puesto a llorar dentro de mi pecho?

Crítica literaria de “Mujeres rotas” por Gallego Rey

Crítica literaria de "Mujeres rotas" por Gallego Rey

Os dejo una crítica que Gallego Rey ha realizado en su canal de You Tube sobre mi novela “Mujeres rotas”. Ahí lo dejo para que cada cual saque sus propias conclusiones.

 

Desvestir la palabra

(Imagen: Ubé)

Desvestir la palabra

1

Mis motivos para escribir poesía son secretos.

Tal vez nacieron antes que yo

y se bebieron mis ojos dentro del útero de mamá

y cogieron mis sentimientos

y los pusieron a llover un día de agosto.

Cuando al fin me decidí a llegar a este mundo nací HOMBRA,

esto es,

mujer con genio firme y pechos de flores,

amable con las visitas, (cinco minutos de reloj)

tierna con las palabras,

(acuno dentro de mi pecho los primeros lamentos de Vallejo /

la melancolía de una corbata

donde Celan pasó bailando sus últimas horas).

Mis motivos par escribir poesía son oscuros,

inciertos,

casi inexistentes.

Podría decirse que ELLOS escriben poesía por mi.

(Los motivos acuden cada noche

a peinar el dolor de mi frente sobre un cuaderno,

a lamer las plumas dormidas de mi pubis)

Por lo demás soy un ser como cualquier otro,

camino del revés,

desando avenidas,

caligrafías” Rubio”,

el color musical del agua.

 

2

Hace tiempo que el tiempo transcurre manso sobre mi piel,

que besa los agujeros de mi mente,

que me da a comer la noche de los insectos.

Hace tiempo que nombrar al verso

es vestirse de blanco en la batalla

y salir al trote con tus huesos rotos.

El enemigo eres tu mismo,

los fantasmas del pasado que te arden en la sien,

que besan los ángeles de tu cama.

Hace tiempo que me pienso amarilla,

del color del maíz o el fuego pálido,

del sabor de una lila que muere al sol

sin haber conocido el peso de la lluvia.

Hace tiempo,

SÍ,

que escribir se ha convertido en pan,

en hogaza de miel y abejas que sestean dentro de mi pecho.

Mi pecho como mundo acabado únicamente en el mundo que no existe.

Mi pecho como comunidad musical de 400 pianos ahogados en Australia.

Mi pecho como castigo o flecha inanimada de Dios.

Hace tiempo que soy una mujer HOMBRA

que cae sobre la red tecnológica de un árbol,

de un palillo,

de un triste descosido en el pantalón.

(Imagen: Ubé)

3

A veces subo la cuesta y debo detenerme a respirar.

Entonces escucho el latido de la tierra bajo mis pies.

Si llueve ocurre como en las películas,

llegan príncipes mordidos por un ratón

naufragando en los charcos,

que antes de perderse para siempre,

me mandan un saludo desde el cristal roto de sus gafas.

 

4

De todo se puede hablar en un poema.

Cabe en el lenguaje el relámpago de una historia que no termina

o llega rota de un pie,

con el alma en vilo.

De todo puede morirse dentro de un poema,

de lo cotidiano del cáncer,

de una herida que se ha hecho ventana,

del tic tac de un árbol que no te deja dormir.

Pero adentro siempre quedan cosas que el pensamiento pare,

despacio y con dolor,

restos de mundos cotidianos o cortinas,

el mugido de una vaca feliz a lo lejos,

aquel libro que espera ansioso en el cajón

y que se ha puesto a devorar las polillas de tus bragas.

TODO,

absolutamente todo cabe en el poema,

un ladrido silencioso,

tu mamá friendo muertos en una sartén de aire,

el aire convertido en hilo negro que cose paisajes que ya no están,

una casa aguardando en su ceniza.

TODO,

cualquier miembro amputado cabe en el poema,

mis dedos haciendo magia con el hambre de un niño,

alambradas donde dan caza a los mosquitos,

países con el pecho repleto de bombas.

TODO se hace un hueco en el idioma de una mariposa que dice arre / que dice muu,

que le manda un maullido suave al lado más oscuro de la luna.

Entrevista de Antón Castro en El Heraldo de Aragón

Hoy miércoles, 13 de junio, ha salido publicada en El Heraldo de Aragón una entrevista que me he hecho Antón Castro con motivo de la publicación de mis dos últimas criaturas, mi poemario “España toda” (Hiperión, 2018), y la novela “Mujeres rotas” (TerueliGRáfica, 2018).

Mi agradecimiento tanto a Antón Castro como al periódico por dejar que mi voz asome entre sus páginas.

Pinchad en la imagen para verla más grande o bien consulta el enlace directo del periódico en versión digital, o en este enlace el pdf de la versión impresa.

Angélica Morales. Entrevista de Antón Castro en El Heraldo de Aragón, 13-06-2018